Mostrando entradas con la etiqueta poemascortos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta poemascortos. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de junio de 2015

Amar es poseer.

Ella no siempre fue mía, quizá, nunca me perteneció; pero la sentí mía un instante, y por esos segundos de tiempo sin tiempo, el mundo, un paraíso me pareció.






lunes, 1 de junio de 2015

Esta noche eres realmente imaginaria.

Imagínate: a veces me hablas y me limito a responderte diciendo tu nombre.
Realmente,  no quiero decir nada, no te esfuerces en buscarle
Ese misterioso sentido que puede tener el modo en el que tu nombre digo.
No, amor, no, esto no tiene sentido alguno, solamente me gusta decirlo.
Es tan lindo, saber que aunque no estés y no me ames, puedo decir tu nombre.




*Este poema tiene su poesía en los limites del poema, allí donde el lector y el poeta se unen. Si el lector logra descubrirlo, el poeta se sentirá sumamente feliz. Por el contrario, de no ser así, se sentirá sumamente ingenioso; lo cual, de lejos, es mucho mejor.

domingo, 31 de mayo de 2015

Claudia Diez y la soledad de los dioses.

Yo también me siento solo, sabes; y envidio, aunque lo niego,
a ese Yo de mis sueños que puede sentir a quien espero.















viernes, 29 de mayo de 2015

El evangelio según Victor Hugo.

En el comienzo, los primeros seres humanos nacieron de un orgasmo. Desde entonces, todas las personas que se aman, se entregan a la muerte del amor; para poder juntos, juntitos, en un ratito de muerte, experimentar el milagro de todas las vidas. Es decir, no hay muerte capaz de vencer al amor, porque cuando nos amamos, aunque sea un segundo, uno chiquitito, toditos nosotros: somos todos los seres que han muerto. Pero en especial: todos los que han vivido, los que han amado, y los que van a venir al mundo para amarse y morirse de vida.
















































jueves, 14 de mayo de 2015

A veces me pongo a imaginarte.

Tenías botas y caminabas, caminabas como si fueses una loca muy feliz, sabes, tenías más encanto que todas las asesinas princesas de la historia. Me mirabas, yo sentado en una silla y mesa de piedra incomoda, en donde escribía; sin lapiz, escribía al verte, escribía estos versos pero no sabía decirlos en aquel momento; pero me mirabas, me mirabas y sonreías, con una sonrisa profunda, tan profunda que me daba la sensación de que te dolía; pero no era más que una mera ilusión, la brisa movía tu cabello como mueve las cosas que no le importan pero que a mí sí, y muchísimo, y en esos hilitos de cabello que cubrían tu rostro, yo me sentía arrancado de alguna parte que no conozco y que no existe; y todo lo que sentía era esa sonrisa, esos ojos entre cerrados, esa loca de la que estoy enamorado; y el mundo tan atroz y cruel se parecía tan poco a esto; y la aburrida paz del tedio se parecía tan poco a esto; y la cruel filosofía se parecía tan poco a esto; y la repugnante relatividad científica se parecia tan poco a esto. Porque esto no era ese vómito colectivo al que llaman amor, esto era, algo diferente y nuestro.