La literatura no hace sino registrar los encuentros con la belleza. ― Yasunari Kawabata
domingo, 12 de julio de 2015
La despedida.
He estado todo el día pensando en ti, y triste.
He estado todo el día triste por pensar en ti.
Sé que no te gusta que te diga esto,
Pero me haces daño;
Me duele que estés tan dentro
De mi piel, mi sexo y mi corazón.
Me siento terrible, abatido
Por la soledad de un Dios que lo tiene todo,
Menos a ti.
Padezco la terrible certeza
De que me dolerás toda la vida,
Y cada vez más.
Lo peor es que sé,
Que lo peor que se le puede
Decir a una persona
Para que te quiera,
Es esto:
Decirle que la quieres
Como jamás a nadie.
Decirle que:
Sin ella tu mundo es incompleto.
Porque cuando esto pasa, se va;
Porque uno sólo se enamora
De aquellos para quienes somos
Completamente insignificantes.
De aquellos quienes no pueden querernos
Porque no saben o no les da la perra gana;
Así como yo lo estoy de ti, así como lo estarás
Vos, algún día, y no de mí.
Porque yo te amo demasiado
Como para que algún día
Llegues
Verdaderamente a amarme.
Me gustaría tanto que pudieras irte de mi vida, porque yo no puedo sacarte.
viernes, 10 de julio de 2015
¿Dónde?
¿Qué sabes tú de amor,
Si no has tenido que callar
Lo que siento por ti?
Estando tan lejos,
Teníamos que solamente amarnos.
Pero no estabas ahí.
Estuvimos a millones
De kilómetros de distancia;
Pero nunca te sentí tan lejana,
Como la última vez que dijiste
Que me amabas.
¿Qué sabe de poesía,
Quien no ha tenido
Que reescribir diez veces
La primera línea de un poema
Porque simplemente
No sabe cómo decir,
Que le duele tu olvido?
¿A dónde se han ido mis preguntas?
¿Por qué no siento tus respuestas?
Las últimas horas han sido
Las horas con más ausencia de mi vida
¿Dónde has estado?
jueves, 9 de julio de 2015
Algún día.
De tu forma miedosa de querer.
No vas a irte, voy a dejarte.
Verás el atardecer con alguien más.
Y como me gustaría que hicieras ahora,
Pero no lo haces:
Al verlo pensarás en mí, y no,
En quien está contigo.
Harás el amor con alguien más.
Como lo haces ahora, con tanta gente.
Y como sueño hoy, pero no haces,
Al ver sus ojos verás mi amor,
Y no podrás amar sin pensar en mí.
Pero será demasiado tarde,
Porque ya no te amaré,
Porque habré partido.
Hasta más de lo que sabía
Que podía dar,
Me iré roto y tú intacta quedarás.
Podrido de no tener cómo entregarse a medias,
En la cotidiana mentira de esta,
Esta forma cobarde de huir a la que llamas amar,
Te quedará como los peores llantos,
Los que jamás te atreviste a llorar.
Está frialdad con la que respondes a mi pasión.
Algún día, como hoy sueño,
Irás a detenerme en el avión,
Pero no estaré.
Si estoy bien, si te extrañaré o no,
Y me extrañarás.
Como hoy sueño que hagas y no haces.
Pero yo no estaré,
Y te dolerá, como hoy no te duele.
No podré gozarte como se goza
De quien se muere de amor por ti,
Cuando ya es demasiado tarde.
Ni yo tampoco.
Porque ese algún día no es posible,
Porque hoy te amo.
Introducción
Más poesía
En relatos
E historias
Que
En
Textos
Te follo
Escritos
Te follo
Así
Te follo
Poesía
Te follo.
El poema más largo del mundo.
Donde termina mi amor empieza el tuyo, tú no me amas.
《La mujer que amo se ha vuelto un fantasma, yo soy el lugar de sus apariciones.》
Juan José Arreola
sábado, 4 de julio de 2015
Carta de amor a una mujer ajena.
Pensaba en ella. Pero no como cuando uno está enamorado, era menos doloroso, solamente pensaba en ella. Creo que no la pensaba, sino sencillamente la imaginaba; sin la trampa del amor, con la belleza de la creación. Pensaba en ella.
Me llamo Guaicaipuro. Ha sido un día terrible, he deseado desde hace horas que se acabase para escribirlo, o mejor dicho, viceversa. He intentado reprimir mis deseos de escribir, quería, tal vez, que se fueran las emociones efímeras y quedaran las que vale la pena destruir escribiendo sobre ellas.
Mientras escribo esto, empezó a esparcerse una niebla de ronquidos, proveniente de mis compañeros de cuarto. Qué lastima que no la pienso con amor; si estuviese enamorado, el dolor no me dejaría escuchar nada.
Tengo días haciendo de seudoexistencialista, lo digo así porque a Sartre no lo he estudiado más que por programas acerca de su pensamiento, como un resumen; ese hábito moderno de hacer del pensamiento un mero souvenir, como las camisetas del Che, frases fuera de contexto, rebeldía barata. El pensamiento del siglo pasado dudo que cambie el mundo, cuando mucho va a ocupar en este siglo el papel que el Rock en el siglo pasado: una bonita mentira, una sombra lo suficientemente en contra de la luz podrida que predomina el sistema que nos consume al consumirlo nosotros; quiero decir, el pensamiento que ahora no es más que una excusa para plasmar nuestro enojo con el mundo.
Puedo hablar claro y raspa'o, porque he perdido toda esperanza. Estoy tan ajeno a mí como de todo, y hasta de ella, que la veo como un hermoso poema lejano, como un poema escrito por mí, que sea tan hermoso, que no me cabe duda: debí haber hecho algo muy mal para que me quedara tan bien.
Intentaba leer mi libro camino aquí, pero me mareaba el agresivo manejar. Veía el precioso atardecer violentamente lento del verano. Era tan ajeno a mí, y tan hermoso. Como la vida, y como ella.
La mujer que preparaba los emparedados tenía brazos más voluminosos que mis piernas, la noche anterior había soñado con Delfina, la directora de mi escuela secundaria. La recuerdo porque sus brazos eran de igual magnitud, quizas más; colocaba su flácida masa sobre mis dos hombros, y la piel putrefacta que se tenía asco a sí misma y por eso buscada desprenderse, me apretaba como un infarto, y la gorda lloraba. Siento ese recuerdo como si fuese de una noche lejana, como lo siento todo, todo lo que toco se hace ajeno a mí. Como ella.
La directora me confesaba su dolor, era asqueroso. Recuerdo ahora su mirada altanera, sus pequeños zapatos que chillaban no de resistir tanto peso sino de tener que resistir tanta mierda disfrazada de persona. Pero esta mujer tiene hermosos ojos color día de primavera, y no me importa.
Intenté hablar, pero la boca me salía con mas desgano que palabras. Este cuerpo no es mío, ni si quiera es mío este dolor que lo consume desde su más profunda piel, esa piel sin piel, ese sitio donde soy igual a todos los hombres y mujeres. Esa parte honda entre mi ser y mis sueños. Esa parte que se ha hecho ajena a mí desde que la descubrí.
La vía estaba llena de curvas, sentía náusea, náusea sartreana por dentro y náusea profunda por todo lo demás. Algo debe haber mal en mí, quizá soy yo.
Hemos estado a punto de morir, la agresiva conducción se desvío por unos segundos en una curva para tomarse una foto mientras manejaba. Me imaginaba siendo el único sobreviviente. Sentandome a leer esperando que llegara la ambulancia, preguntándome si tal vez pueda vivir con ella: la muerte le ablanda el corazón a los que aún no se lo han visto.
Nos detuvimos en una gasolinera ¿Quieres ir al baño? No. Apenas arrancamos, me dieron ganas de cagar. Todo el tiempo tengo ganas de orinar, y voy al baño y sólo se derraman tres gotas del mismo color del agua. Las toco por curiosidad: no son calientes, no huelen, podría venderselas a Ricky Martin.
Quizá es el hábito, el único poder der ser humano; el poder de elegir de qué forma destruirse. O simplemente tomo mucha agua... pero las ganas son más mentales que fisiológicas, me pongo nervioso por cualquier roce humano, hasta con mis cohabitantes. Inclusive si me van a dar una llamada telefónica debo ir al baño antes de antenderla. Debo interrumpir esta carta, necesito orinar...
Al levantarme, como pólvora, un pequeño ruido desató una fila de domino cayéndose: todos los cuerpos que roncan se movieron cada uno como pollo en brasa; dejaron de roncar unos instantes, pronto arremeteran con más fuerza que antes.
Estar en el mismo cuarto con tantos seres vivos me resulta repugnante, insoportable, doloroso. Como todo en mi existencia, y eso, ese dolor, también me es ajeno. Solamente escribir me controla, no escribo porque me gusta, escribo porque lo necesito, lo necesito tanto como necesito que todo me siga siendo ajeno.
Resistir, eso hago y eso he hecho. Al llegar, el señor Otoniel me veía con una mirada de asesino feliz por encontrarse a su víctima sola, cuatro personas y una puerta me separaban de los ojos más macabros del planeta. Me hubiese gustado escribir que es cristiano, que el hombre que estaba a su lado saludandolo con amor, no lo soportaba; y unas semanas atrás, una mirada evangelista parecida a esa, con la misma sonrisa podrida y forzada, me había lastimado mucho. Porque los seres humanos me son hoy en día una superstición, una tradición bien molesta e innecesaria. Pero ahora todo esto me es ajeno, todo lo que no son estás letras me es ajeno. Hasta las ganas que ayer me tenían por el suelo, las únicas ganas que he sentido en mucho tiempo: las ganas de dejar de existir.
Al bajarme del coche debí darle un abrazo, y su reluciente barriga de cucaracha boca arriba me hizo sentir en toda la piel las patas cosquillosas de la hipocresía. Antes odiaba a los cristianos, por forzarme a ser como ellos. Cuando logré safarme de ellos para estar en el confinamiento solitario de mis libros y mi rebeldía; mi odio se fue, porque sólo podría odiar a seres tan profundos como mi dolor, que es lo único que soy. Del resto, el mundo me es ajeno.
Entré y fui directo a cagar, todo me aburre, intento disfrutar la comida pero una vez dentro de mi boca, sólo anhelo que desaparezca. Mi cabeza se inclina hacia abajo y mis manos expanden las nalgas a los costados. No fue necesario limpiarme. Lo peor de todo es que las ganas eran enormes y el óleo de la puntura parece vacío, o si acaso, pintado con algún método japonés: casi imperceptible.
Sé que debería decir más de ella, pero es absurdo. Soy tan ajeno a mi vida que hice una carta de amor y terminé hablando de mierda. Es absurdo: no estoy enamorado, ella es hermosa, está en toda está carta, completamente ajena.
viernes, 3 de julio de 2015
El poeta de pene pequeño.
Este llanto, de hace tiempo, se siente con permiso de llorar.
Estas líneas las he escrito en un diario muy privado,
El cual una vez, una dulce chica, me hizo prometerle,
Prometerle con amor, que se lo iba a mostrar.
Se mudó de ciudad y consiguió entretenimiento
Compañero de sexo; y de mi diario,
No creo que se vuelva a acordar.
Sin embargo, aún no aprendo a dormir solo.
Las mujeres con las que he estado,
Coinciden, aún odiándome,
Con que soy un Dios en la cama
Por follar con la mente,
Por excitar mucho antes de tocar.
Inclusive me sorprendo,
No es deliberado,
Que a veces pregunto, ingenuo,
En el encuentro...
Y ellas ya tres, ellas ya cuatro...
Y yo ¿Cómo es posible, estás bromeando?
Pero no, al parecer ser intelectual si sirve de algo.
Tengo miedo de que no me quieran.
Ya que más que por mérito creo,
Que se debe a alguna confusión,
A algún malentendido:
A diario se me ofrece,
Alguna señorita que aún no sospeche
Del tamaño de mi pene.
Pero eso me da igual,
Todo el tiempo ando excitado.
Es cierto, con ocurrencias insólitas
Que hacen bailar mis ideas acerca del sexo
Que en mi caso, el sexo, es siempre,
Mucho más que sólo sexo.
Pero lo confieso,
Aunque sea ridículo admitirlo,
Que si no me siento querido o importante,
Las ganas no me llegan,
Ya lo saben... se calló el mito...
Del poeta frió y fascinante.
Pero cuando a una mujer inteligente,
Le resulto fascinante,
Ocurre algo alucinante,
Como pavo real sobre tortuga,
Abro mi ser y me despliego.
Conversaciones de treinta horas,
Interrumpidas solamente,
Por las inevitables y molestas,
Interrupciones del sexo y del sueño.
Que me llaman para encuentros
Furtivos, irresistibles, apasionantes,
Como sólo los puede dar,
Una mujer infeliz que no escapa sino engaña.
Entonces llego,
Una hora porque marido,
Y me encuentro con que a hablar comienzo,
Y afortunadamente,
-Le resulto fascinante-
Y se nos pasa la hora,
Y dale que poesía, y dale que arte.
Quizás apago, ahora que lo pienso,
Desde bien adentro,
Los fuegos que encienden
Los fuegos del cuerpo.
Colocando la verdad en la balanza.
Masturbándome, la he pasado,
Mejor que con la mayoría de los polvos
Que la vida, muy generosa, me ha dado,
Es que lo mío, lo que me prende
Son las ideas,
Amantes voluptuosas no han faltado,
Pero son las entregadas a mi mente
Y al ceder de sus placeres,
Las que me han, en el fuego de la memoria,
Tatuadas, quedado.
Tienen otros amores,
Lo reconozco,
La sublime mar congelada,
En donde patinaba mi felicidad,
Me hace pingüino o servil foca
Que no sabe nadar
Ni el frió soportar.
De que me dejan de querer,
Certeza que esconde,
La otra certeza,
De que nunca me han querido,
Porque no abrí completito
El corazón;
Ya que...
Si abriéndolo poco,
Me siento así de mierda
Me siento así de menos
Ante alguien, ese hombre,
Ese nadie...
Evidentemente,
A prueba este poema,
Escrito por mí y no por quien quiera
Que sea él...
Ese nadie,
Evidentemente,
De prueba sirva este poema,
Ni la mitad de fascinante que yo.
¡Imagínate, coño, imagínate!
De poeta, de Raga,
Del gran pene que no me hace falta.
Para evitar asumir que soy mejor,
Para poder sólo sentarme a mirar,
Perdido en aquel cielo azul,
Al gatito ronroneando,
En su pancita,
Sobre aquella nube,
A las piernas del infinito.
Y olvidarlo todo,
Y sentir cuánto te amo,
Cuando volteo y ahí estás,
Con un gatito en cada ojo.
Y me besas con tu boca,
Y tu aliento de un semen
Sea de hombre o de mujer,
Que no es mío,
Y me abrazas con ese cuerpo,
Agitado y sacudido,
Por brazos y besos que no son míos.
Pero todo está bien,
Porque no soy mejor ni peor,
Porque no existo,
Porque sólo soy.
Y este poema se abre,
Como mi mente,
Como un pene pequeño
¿Eso es gonorrea o es que estoy enamorado?