miércoles, 13 de febrero de 2019

Un pedacito de ti

Hay un pedacito de ti
que encuentro en cada poema
es la sombra de tu voz
es el aliento de tu risa.

Hay un pedacito de ti
que me hace niño
y que me hace compañía.

Entonces me siento
como aprendiendo a nadar
o como el olor de plástico y sangre
de ese pelotazo en la nariz
que me llenó de ganas de llorar.

Hay un pedacito de ti
que ya no existe
que ya no existirá

pero que dulce compañía
la de aquella
mis ganas de soñar y de llorar.

Tu nombre está prohibido
porque aquí ya se te ha extrañado demasiado
y se te odia
y se te quiere.

Monótonas melodias

Y entonces me hallé
escuchándola cantar
canciones de su disco favorito

y yo no me dejaba de preguntar
qué estoy haciendo aquí
yo sólo quería un poco de sexo
y acostarme a dormir.

Ni siquiera me importa que me quieras
con que te tragues mi semen es suficiente

Ahora tengo que escucharte cantar
fingir ese acento argentino
que te queda tan mal y que detesto
ahora tengo que escuchar
esas patéticas canciones
monótonas melodías
a las que le atribuyes tantas emociones.

Por culpa de mujeres como tú
es que es difícil superar a ciertas exparejas.

Qué aburrida eres
se nota que nunca tuviste
que ser otra cosa
además de bonita

ah,
daría lo que sea
porque te quedarás en silencio
voy a pretender que duermo
para que te enojes conmigo
a ver si callas

Pero no
esta es de las que el miedo a estar sola le es más fuerte que el odio
ahora se pone a hablarme
a jugar conmigo como si fuera su juguete
o peor aún
su amigo

ya sé por qué el pene se pone flácido luego del encuentro
y por qué el sueño
nos invade las ganas que se han ido

Nacimos para encontrarnos
pero no para quedarnos
pero debo agradecerte
estás ganas que me das de irme
así me salvo del amor
de la falsa ilusión de haber encontrado un paraíso
así, cariño,
no te calles nunca
sálvame de ese silencio
que hace desatar los sueños.

Tóxica adicción

Ella crea reglas para ti; y rompe esas mismas reglas por mí.

Es por eso que tú eres su novio, y yo su amante.

Ella se acuesta conmigo y me hace en la cama todas las cosas que a ti no te hace.

Porque sabe que si no me da lo mejor de sí, me buscaré a otra que sí.

Cuando ella siente celos, tú tratas de demostrarle mediante cualquier medio, que eres fiel y que eso es sólo su imaginación.

Eliminando toda ansiedad creada por la competencia.

Pobre muchacho, no tiene idea que esa competitividad es lo que hace que una mujer se enamore.

Ella ve cómo otras me miran, trata de engordarme cada vez que nos acostamos, intenta que no vaya al gimnasio, porque tiene terror a que me encuentre allí a una más atractiva que ella.

Todo el tiempo me dice, que yo sólo la veo como una aventura, que seguro la puedo remplazar en cualquier momento.

Y puedo verte a ti cuando ella te expone las mismas inseguridades, tratando de demostrarle a toda costa, que ella es la mejor, que eres afortunado de tenerla.

Pobre amigo, eres tan tonto.
Ella adora esas inseguridades,
ese drama la enamora.
Tú le dices sí, mi amor, y evades todo confrontamiento.
Yo creo falsos dramas,
para darle esa carga emocional que toda mujer necesita.
Una mujer que no se queja no es feliz
porque las mujeres se aburren de lo que es perfecto.

Entonces tenemos sexo de reconciliación, pero yo ni siquiera estaba molesto, pero ella no necesita saber eso.
Hasta quiere hacer tríos conmigo, para darme algo que la haga competir con las otras mujeres, las que ella se imagina.

La imaginación lo es todo para una mujer, incluso más poderosa que todas tus palabras.
Pero está bien,
tú crees en cosas que para mí no existen,
eres feliz en tu ignorancia
y yo soy feliz
con ella persiguiéndome a todas horas.
Incluso finje orgasmos para mí
cuando sé que no me la cogí tan bien,
por ti no los finje,
no porque tú seas mejor amante
(aunque tal vez lo eres
y a quién le importa)
te aseguro que contigo no los finje
porque complacerte no es su prioridad
no te ama
no puede mentir por
ti.

Yo voy y hago lo mío
si ella acabó bien
y si no también
no es mi verga si no mi poder lo que la seduce
vieras todas las cosas que hace
para que le coma el coño
me ruega
se humilla
y yo la hago luchar por ello
es la lucha y no mi lengua la que la enloquece
ni siquiera me esfuerzo
y apenas dejo caer mi lengua
la pobre ya se está corriendo
eso no pasa contigo
seguro no te deja meterlo hasta que no le comas el coño y se te acalambre la lengua
y yo que le digo que si quiere que le coma el coño va a tener que darme el culo
y lo tiene tan estrecho
adoro hacer llorar a esa perra infiel
pero bueno
esos son placeres
de los que nunca podrás disfrutar
es por eso que ella pone reglas para ti
y las rompe por mí
por eso eres su novio
y yo su tóxica adicción.

Me pregunto

Me pregunto si alguna vez nos estaremos extrañando al mismo tiempo, yo mientras espero que la luz del semaforo cambie; tú mientras estás en los brazos de otro hombre, que no llena el espacio en que no estoy.

Me pregunto...

martes, 12 de febrero de 2019

En la espera de ese algún día

¿Y si un día nos volvemos a encontrar?
Me lo he imaginado tantas veces.
Primero llega mi lógica
que se fundamenta en mis experiencias del pasado,
y me dice:
que seguro te veré
y pensaré
oh, vaya, ¿era realmente esto lo que extrañaba?
recordaba las cosas mucho mejor.

Y es que, ya sabes, la verdad nunca se parece al sentimiento.

Pero no te creas
a veces
-en especial si hace frío-
te imagino llegar
y te miro con odio
o pretendiendo que no te recuerdo
que no te reconozco
y en esa venganza
soy feliz un poco.

Otra veces llevo mi dolor más lejos,
y disfruto de imaginar que me ves y yo no te veo,
y estoy con una mujer más bella que tú
que está loca por mí
como alguna vez estuviste
como me gustaría que estuvieras  ahora
y cuánta dicha me causa
escuchar cómo se te rompe el corazón.

Pero ya cuando me canso de ser malo,
sólo y desnudo,
ante la implacable verdad me hallo.
Y es que te extraño
y pienso en cómo sería
darte un beso
sin que tanto rencor hubiese sucedido.

Ah, pero lo malo de ese día
son los días que pasan mientras llega.

Qué puede desgastar más los sueños que el tiempo,
ese implacable asesino
que me hace verte
que me hace vernos
en cada anciano
en cada viejo y cada vieja
porque la personalidad es una cosa de jóvenes
luego de cierta edad todos no somos más que viejos.

Y qué difícil aceptar que hemos estado gozando y sufriendo por algo que no existe,
por algo que nunca será
por algo que nunca fue
y es que a veces ese es el precio de la libertad
descubrir que la felicidad como la conocías no es cierto
y que no es a ti a quien busco
cuando lloro.

Pero qué más,
de ti sólo me queda tu nombre
y un dibujo en el agua de tu rostro,
y todo lo demás es ausencia,
ausencia que lleno con dolor y con nostalgia.
Con temor de querer de nuevo,
con temor de no dejar de amarte nunca.

domingo, 3 de febrero de 2019

Franyelis Mendible

Ha pasado tanto tiempo
hace una semana te vi por instagram,
se ven enormes tus tetas.

Me pregunto si seguiras siendo
la misma cabeza hueca y buena para nada
que alguna vez amé
y me rompió el corazón.

"Boleta, por qué te gusta de ella, si es una negra fea"
casi todos preguntaban.
Pero no sabían
que es difícil no tener amigos
estar rodeados de muchachas bonitas
y que nadie te hiciera caso
y no saber tampoco cómo hablarles
aunque si les hablases
no se interesarían en ti
por ser muy joven
o muy gordo.

Llegaba cada noche a mi casa
me masturbaba pensando a veces en Krismaldi y sus faldas cortas con sus piernas llenas de celulitis,
o en Diorelis la enana de patas chuecas y sus enormes tetas,
o en cualquier otra
o mejor con todas a la vez.

Ah, pero tú empezaste a hablarme,
y de tus labios nació la palabra que me dejó de hacer inexistente.

Yo de pocas palabras, tú de pocos silencios.
Supe tu vida entera, aunque casi ni podía recordar lo que decías, porque la ansiedad y los nervios, hacían que tus palabras se borraran.

Trece años, eso era todo lo que tenía.
Tus senos no eran tan enormes,
o tal vez sí, pero eso no importaba: era amor lo que sentía.

Nunca supe cómo hacer amigos, y por no ser popular, nadie me quería.
Hasta que te apiadaste de mí, y nos pusieron juntos en un grupo.
Estaba el gordo e impertinente Falcón, con su cara de búho y su sola ceja y el apestoso sudaba como si fuera una bolsa llena de grasientas empanadas. Estaba tal vez Marines Mercado, inocente y puta, y no recuerdo si Mariza, la malandra puta, a la que una vez le metieron un tiro, por accidente, por estar en el momento inadecuado a la hora incorrecta, pero que proclamaba con orgullo como si eso la hiciera una gangster sin igual.

Tal vez no estaba ninguno de ellos,
mi memoria parece una mujer: no conoce lo que es ser fiel.
Pero lo que si recuerdo es haberte escrito esa nota, en donde te respondía esa pregunta tuya que me hacía arder las mejillas:

"Quién te gusta, Victor?"

y me armé de cobardía para decirte en una nota, que eras tú.

Te reíste de mí, fue penoso. Y yo que te quería dedicar una canción de Wisin y Yandel.

"En serio, bobo, quién te gusta"

Preguntaste de nuevo, y volví a decir que tú, con una sonrisa patética y absurda, de quien a muerto, de quien lo ha perdido todo.

Luego le contaste a todo el mundo, se corrió la voz. Me sentí humillado, cambiaste conmigo, te creías más que yo, y nunca volvimos a ser amigos.

Luego nos cambiaron de salón, y me contabas que te gustaba mucho un muchacho llamado Heiker. Enano y espantoso, pero que todas las muchachas perseguían porque era odioso, grosero y arrogante. Te había roto el corazón que no tenías, no te hacía caso por fea y por tener los pelos horribles como la muñeca negra del cuentito de José Martí.

Y yo me sentí feliz, de que alguien te hubiese hecho sufrir como tú me hiciste sufrir a mí. Siempre me había caído mal Heiker, pero desde ese día lo empecé a querer.

Y es así, negrita, creo que fuiste la primera en romperme el corazón porque fuista la primera en darme esperanzas.

Ya no soy el mismo

Ya no soy el mismo, es cierto.

Recuerdo mi vida como si alguien me la hubiera contado.
Leo mis antiguos textos, y en ellos no me reconozco.

¿Quién es ese joven que piensa que una joven muchacha es eterna?
¿Qué es eso que llamaba amor y que tanto placer da como atormenta?

Las mujeres, bueno, ya no son esas criaturas mágicas, de las que espero amor y fidelidad. Ahora son sólo piel fresca o desgastada, que cubre una grasa bien o mal acumulada, y que hacen arder mi testosterona.

Ah, aquella muchacha me gustaba tanto que casi me decepciona, pero no me importa lo suficiente para eso. Ya no hay mujeres buenas o malas, simplemente mujeres, y todas se comportan de forma adecuada si piensan que es lo que les conviene.

Tanto miedo tenía de dejar de ser, pero mírame, ya ni recuerdo lo que alguna vez fui. Tanto miedo de morir para que al final la muerte fuese eso, algo lento y diario, un desgaste progresivo, algo que ya estaba ocurriendo mucho antes de que empezaras a sentir miedo.

Ya no me encuentro en los libros que leo, porque ya no hay nada que encontrar. Las personas no representan un misterio, todos son tan predecibles, como un libro que ya he leído. Sí, hay libros más interesantes que otros, y algunos que provoca releer, pero no estoy seguro si volvería a releer al hombre que fui.

A veces siento miedo, sabes, no ese enorme miedo de antes que me hacía refugiarme en una muralla de libros, sino pequeños chispazos diarios, que se disipan sin mayor esfuerzo.

Te quiero, no sé quién eres pero te quiero, y no lo digo porque te quiero, sino porque cuando leas esto ya no seré esto que lees, y eso me hace sentir miedo, o por los menos unos cuantos chispazos.