domingo, 11 de enero de 2015

Capítulo diez la Flaca

He comenzado mis estudios en Psicología en la universidad Arturo Michelena. Hay dos chicas que me gustan. Una ve clases en la tarde conmigo, es la Flaca. Y la otra, ve clases en la mañana, es la Princesa. A mi me gusta mucho la Flaca, no lo puedo explicar. Atracción física no es, es muy delgada y no come nunca, lo único que come son caramelos de menta. A mí me gusta con una pasión desbordante. La veo y quiero estar con ella, salgo de clases y voy a su salón, y hasta he empezado a hacerme amigo de sus amigos.

Sus amigos son igual o a un más locos que ella. La carrera de psicología está llena de locos que creen que estudiar psicología es ir al psiquiatra. Tenemos entre los amigos de la Flaca a Ricky Martin, un chico homosexual que tiene ocho dedos, en una mano le faltan dos. También esta la Diosa, es una gordita bien pero bien gorda, que se ve al espejo y cree que es una conejita Play Boy. Luego está Coco, es una negrita que tiene el cabello como si fuese una cáscara de coco y es delgada pero no igual que la Flaca. La Flaca es una flaca ambrienta, ésta es una flaca de las que come y come, y no engorda. También está un chico medio amanerado pero no lo es y que me robó el corazón de la Flaca.

Una tarde nos destinabamos a ir a un evento, un concierto navideño. Ese día yo no tenía clases pero quería ir desesperado por ver a la Flaca. Días anteriores Ricky Martin me preguntó si me gustaba la Flaca y dije que sí. Asumí que era como decirle a ella que me gusta. Entonces me fui emocionado sabiendo que ella estaba conciente de mis sentimientos.

Esperé a que ellos terminaran sus clases, robé un poco del perfume de la Flaca y lo esparcí por mi cuaderno. No hacía más que olerlo y pensar en ella. Cuando salió e ibamos al concierto empezó el infierno. La idea era ir a casa de la Flaca, y la Flaca no sabía cómo llegar. Luego de perdernos duarente cuatro horas llegamos a su casa y conocí a su madre. Pensé en ganar puntos con la señora, pero ya me quería sin conocerme por un postre que le había enviado con la Flaca. Las mujeres todas se fueron a arreglar, y cuando salieron las vi más feas que antes. Incluso a la Flaca, que de maquilló como si fuese un mapache.

Nos dirigíamos a la feria y empezó el dolor, la Flaca y el amanerado iban caminado tomados de la mano. Hay gente que dice que es de amigos, pero me parece que es infantil y además ridículos. La Flaca a veces volteaba a verme, en su mirada noté que sabía que me molestaba ¿Sería ella acaso una enferma mental, una sádica que le gusta infligir dolor en quien la quiere? Tiene mucho sentido, pensaba en sus problemas alimenticios, en que es buena para dar consejos y tiene su vida hecha una mierda (síntoma inequívoco de demencia absoluta), y por último, en muchos detalles que solía pasar por alto, detalles de comportamiento que sólo ahora meditaba con detenimiento, y cuando medité aún más, a medida que la veía caminar con ese Amanerado, me aterró darme cuenta de que yo era aún más demente, pues esos síntomas que eran las huellas de su perdición total, eran precisamente los rasgos de la Flaca que me seducían, y fue como verme en un espejo donde el principal responsable de mi sufrimiento era yo, y además lo gozaba. Y entendí por un instante como tantas veces la víctima no tiene nada de víctima, fue un segundo de lucidez que me permitió entender lo horrible de la naturaleza humana que intentando comprenderse se destruye. Este segundo de lucidez me hubo atrapado hasta que nos encontrabamos ya en otro autobús con destino a la feria, y yo con ganas de irme.

En el autobús habían dos chicos, uno era más llamativo: rubio y alto. No podía creer cómo la Flaca era tan evidente y comentaba con sus amigas lo guapo que era el chico Rubio. Me sentí humillado, intentaba razonar: ella es así, no tiene por qué dolerme, si ella es puta es su problema no significa que yo no sea suficiente para ella, etc. Pero nada servía, continué amargado y ella se levantó de su asiento y fue hasta el de él a pedirle el número de teléfono. El amanerado andaba conversando con un chico y evidentemente le daba igual ella.

Llegamos a un lugar desconocido para todos menos la Flaca y Ricky Martin, ellos se adelantaron en el pasó a un ritmo que era como corriendo pues aparentemente tenían secretos que contarse. El resto de nosotros nos perdimos por una hora y cuando los encontramos queríamos matarlos. Terminamos en la casa de una amiga del liceo de la Flaca, se parece a Gloria el hipopótamo de la película de Madagascar. Junto a Gloria habían varias mamasitas que no me presentaron porque cuando la Flaca se hubo con su viejo grupo de amigos nos ignoró y todos teníamos ganas de irnos a la mierda pero estabamos tan perdidos que no teníamos idea de donde quedaba, pero sabíamos que ésto era peor. Y además tampoco teníamos plata.

Mientras como es común en la gente estúpida, todos se colocaron frente a un espejo sucio a tomarse fotos y subirlas a las redes sociales. La única que no lo hacía era Nobrega, una hija de portugueses que había estudiado con la Flaca y con la cual conversé, yo no decía más que preguntas y ella me hablabade su vida, tenía una voz gruesa y hermosa que se parecía mucho al silencio que queda después de escuchar a Mozart o sino a la risa de Louis Armstrong. Ella debió partir porque le dolía la cabeza, y no se dio cuenta que en ese ratito me salvó la vida, y nunca supe más de ella, como pasa con la vida misma que se nos va sin darnos chance de decirle que es preciosa y que por favor no se vaya.

Cuando nos encontramos en la fiesta, vi a otros compañeros de psicología: puro loco. Un rapero llamado Armando me estaba enseñando a fumar y me decía que es mentira que el tabaco da cáncer, que a la gente le da cáncer por no saber como retener el humo. Cuando me dijo pensé para mi fuero interno: ¿Cómo puede haber tanta estupidez detrás de unos ojos tan verdes? Entonces se me quitaron las ganas de aprender a fumar.

Cuando llegó el grupo de salsa estaba tan tristey tan borracho que me dio por ser feliz, y me puse a bailar con una enorme mujer que parecía un mastodonte y además le olían mal las axilas, era negra y  yo estaba bailando sin gafas así que no distinguía sus rasgos pero según los muchachos intentó besarme varías veces.

Al final de la feria me termine haciendo amigo del Rubio del autobús, que para quien crea que el diablo no es a veces un Dios, se lo probaré con lo que paso:

Después de contarme una historia estúpida acerca de un tatuaje horrible que tenía y de decirme que es modelo y lo conoce "todo el mundo", me preguntó que por qué andaba con esas feas, en especial la Flaca, que según el eso no tenía carne ni para una empanada. Ésto me lleno de felicidad porque sentí que era justicia pura así que elevamos las copas y brindamos, el Rubio su primo el Mudo que se limitaba a sonreir con una sonrisa sin diented y yo. Luego me presentaron a un montón de chicas guapas pero no me hicieron caso.

Cuando llegamos a Casa de Gloria, jugaron juegos de verdad o reto y esas cosas. Y la Flaca casi viola al Amanerado, en ese momento supe que debía olvidar esa noche para siempre. Amanecimos sin dormir, y fuimos a la estación de autobuses, resulta que en esa estación no había ningún bus hasta donde yo vivo. Pregunté en un puesto de teléfono y me atendió un transformista que quería golpearme y salí corriendo. Al final me fui con un tipo que iba para un pueblo vecino al mío, me contó toda su vida en cincuenta minutos y no me cobró. Cuando llegué a mi casa tomé la decisión de que no podía seguir estudiando psicología. Y dejé la carrera la semana siguiente.

Poema: Un dato sobre las estrellas.

¿Sabías que las estrellas son,
Un montón de energía
Que quiere salir, retenidas por
un montón de energía que no las deja?

¿Te he dicho que a veces estoy triste?
¿Te ha pasado que ves a las personas
Que te hicieron feliz en el pasado y,
Te das cuenta de que no las extrañas a ellas?
Sino a otra cosa, que no tiene nombre.

¿Soy el único que se siente triste y
Cuando intenta recordar los buenos tiempos
Se da cuenta de que también fueron tristes?

¿Por qué me siento triste por
No ser feliz si jamás lo he sido?
Veo la estrella y pienso que añoro,
Algo que nunca fue,
Una esperanza, no una verdad.

He aprendido a ser feliz y triste
Al mismo tiempo.
A pensar y sentir, a la vez.
He aprendido que todo lo bueno
Y lo malo, pueden ir de la mano,
En un poema.

¿Qué es el canto sin el llanto?
La novela sin la nostalgia
El cuento sin el dolor
La risa sin el desamparo.

¿De qué le sirve a la literatura
Un escritor sin coraje
De amar, de creer, de soñar?

¿Para que leer?
Sin la posibilidad
De que algo dentro de ti,
se pueda romper
De que la realidad,
pueda cambiar.

¿Quién soy yo
Cuando no escribo?

Parte tres el final, Piernas Bellas

Piernas Bellas, San Joaquin de Carabobo.

En un cumpleaños él estaba en mi casa, fue antes de irse. Casi nunca veía a la Chama, pero cuando lo hacía, para él, ella era su mundo y su universo. Pienso que la Chama no lo quería, ella era muy cobarde y por eso él se aburrió. A ella le asustaba su pasión y a él le aburria su mediocridad.

Ese cumpleaños yo estaba deprimida y él fue mi salvación, para muchos parecera enfermo, pero él no era de este planeta. Podía tener sexo contigo y ser tu mejor amigo. Para él, el sexo era un juego dado para que los humanos disfrutaran de la vida. Muchos ven el sexo como algo comercial, incluso  yo lo uso para conseguir lo que deseo, pero él no, creía que podía llevarnos a pensar y cambiar las formas de ver la vida.

Lo que me parecían perturbadores eran sus juegos. Recuerdo que ese cumpleaños él debía salir con la Chama, ella estaba con nosotros. Entonces un tío mío, ebrio, lo empapó por completo de cerveza. Y fue a darse unan ducha porque debía salir con la Chama. El se llevó mi teléfono, fui sola a buscarlo. Cuando me asomé por la ventana estaba haciendo lo suyo con la Chama. Sentí asco pero luego no podía dejar de verlos, una parte de mí decía que él habia planeado que yo viese éso. Y lo peor es que sentí que me hacía un favor, porque sentí que yo quería verlo.

Esa misma noche cuando regresó de su salida con la Chama, fui a sus brazos y le hice el amor, lo necesitaba como jamás a nadie. Y me dijo que se iba.

Los últimos meses que pasaron él y la Chama antes de la separación, vivieron toda la historia de amor que no habían podido, porque ella es una cobarde. Creo que todo se dio como tenía que darse ¿Él lo habría planeado? Amar inocentemente a una mujer, frustarse y buscar a otras, amar y odiar con intensidad, reconciliación fatal, luego conocer a esa Linda con la que él sabía que no se iba a acostar. Para luego llenarse de valor y poder dejar a la Chama. O tal vez con Linda la imposible el entendió que debía ser así, debe uno morir para ser amado. Si no estás lejos, cómo te aman.

Esos meses la Chama le dio todo, es típico de los cobardes dar todo lo que tienen cuando ya es tarde. No sé muy bien qué pasaría o cómo. A veces creo que Ramiro hizo de su vida una obra literaria en donde la Chama no existe, la Chama es el lector de la obra. Es quién se busca, se encuentra, se escribe a sí mismo. Esas sensaciones aterradoras y excitantes fueron Ramiro.

Y ahora no queda más que pensar ¿Y si Ramiro y la Chama fuesen dos espejos que se miran, y nosotros ya formamos parte de ese infinito, y estamos condenados a soñarnos?

¿Cómo logra alguien con el sexo y lo vulgar adentrarse hasta los lugares más recónditos de el alma? Yo creo que fue, porque el sexo es la alegría que no necesita ser razonada, el amor es la razón de la alegría, y todo el juego se volteó, para que sepamos que nunca es tarde para saber que las cosas no tienen que ser necesariamente cómo nos contaron que son.

Epilogo Esteban Pinotti

Epílogo, Esteban Pinotti.

Luego de una larga charla de cinco minutos que sostuve con Ricardo Piglia sobre 50 sombras de Borges, llegamos a la conclusión, de que lo único que tiene de borgiano es: que el libro termina y sientes que no ha comenzado.

Parte final Flor de Fuego

Flor De Fuego, Maracay.

Lo conocí cuando era niño, sus primas lo llevaron a nuestra fiesta de graduación. Yo estudiaba con su prima y la Malandra, no podía creer cómo ese niño tan sano estaba con esa perra. Esa mujer ya había tenido maridos y él, creo que ni la paja se hacía. Fue una zángana, una interesada. Nosotros somos de barrios pobres y que él estuviese allí era una incomodidad para los otros chicos: los hombres tienen una tendencia a sentirse inferiores ante los detalles más insignificantes. El permanecía callado y los otros lo veían como si el les debiera plata, pero el seguía perdido en su mirada de retrasado. Muchos detestan esa mirada, porque se les hace incomprensible saber a dónde se va, y creen que sólo piensa en tonterías. En realidad si pensaba en tonterías, pero él solía tener esa habilidad de demostrar que precisamente las tonterías más infértiles te podían llevar a paraísos soñados. Una vez me dijo: tuve un sueño en donde, debido a una epidemia, todos amanecíamos ancianos y lamentándonos todo ese tiempo productivo que pudimos haber desperdiciado.

Me di cuenta que tenía la misma cara de tonto que un cantante llamado De La Ghetto, lo dije y todos coincidimos. Ahora había pasado de ser un burgués comemierda a ser el doble de un regetonero, así que todos lo aceptaron.

  Luego de ese día empecé a escribirle haciéndome pasar por una prima mía de egipto que no existe y, fue super dulce conmigo, más tarde le dije la verdad y no se enojó, pero desde entonces tuvo una fascinación por las mujeres árabes que supe lo metería en problemas.

Fuimos mejores amigos. Una vez, regresando de una de nuestras frecuentes salidas a visitar a antiguos amigos (sin avisar), amigos que podrían no vivir más allí: compartíamos esa pasión melancólica por el pasado que nos llenaba de alegría. No nos interesaba el resultado de nuestra busqueda, solamente ir hacía un imposible. Tiempo después acabamos con este hábito, a medida que buscábamos, nos hacíamos mejores en el arte de las pesquisas, y descubrimos la aterradora verdad: la infancia es una patria hermosa, pero una patria exclusiva del exilio. Encontrar a esos panas del pasado era como desenterrar el cadáver de un ser amado. Y nuestros bellos recuerdos: las sonrisas, los gestos, los momentos; que nos llenaba de alegría recordar y de pasión buscar, terminaron siendo una realidad corrompida y absurda.

Pero bueno, íbamos de regreso en uno de esos viajes...

Estabamos en un bus, él siempre cedía su puesto para que alguna mujer se sentara (incluso las feas) y eso me parecía muy lindo, ya casi ningún hombre hace éso. Creo que fue de mis conocidos, el único que lo hacía. Por lo general los tipos te dicen si hay caballeros lo que no hay es asientos. Íbamos juntos (de pie), yo no me había echado desodorante porque no tenía, y se lo dije. Él empezó a reír muy fuerte y se le calleron unas cosas del morral.

¡Había un preservativo!

Lo recogió y dijo en voz alta: ¡Ay amor, mira: qué íbamos a hacer si se me perdía!

Yo soy muy payasa y no le paro a lo que piense la gente; pero ese día, me sentí tímida, ruborizada, como una niña.

¿Por qué recordé ésto? Umm.

¡Ah ya, por el libro!

Bueno, les contaré lo que ustedes quieren saber: sexo. Tanto que lo critican y tanto que les encanta.

Un día hice el amor con mi novio y otra chica. Fue una experiencia agradable, la idea fue mía. Como le cuento todo a Ramiro (risas), se lo dije. Ese hombre estaba contento como si hubiese descubierto algo asombroso, yo no entiendo lo asombroso: gente follando, la historia de la evolución.

Me citó en su casa y me dio la noche más romántica de mi vida. Yo amo a mi novio pero con los años, ustedes sabrán, amarse es morir lentamente o de una vez; y como somos cobardes, elegimos lentamente. Así que lo hicimos, al principio tuve miedo porque somos amigos.

-La cagué, se acabó la amistad, pensé.

Pero nada que ver, Ramiro vive de una forma que es difícil comprender si jamás te deja de querer o si nunca te quiso realmente.

Disculpen si hablo en presente, es que lo siento como si aún estuviese aquí, escribiendo estás líneas, la muerte es tan irreal.

-Mejor sigo o sino me pondré a llorar-

Al siguiente día citó a la Chama, y yo estaba aterrada. Ya he sido amante uff, muchas veces, pero esa vez fue diferente porque eran personas importantes. Y él me presentó como su prima, dije el nombre de una de sus primas que conozco. Se me da bien el disimular, cuando un amigo mío dice un embuste, la agarro en el aire y sigo el juego. Luego les digo a solas: ¡Eres un maldito perro!

La Chama no sabía nada de su familia en todos esos años, porque casi toda la familia de él vive lejos del pueblo de las Panelas y a ella le da miedo que los papás la descubran con él ¡Qué mentepolla! Pero bueno... uno tiene que entender, yo también pasé por eso y es fuerte esa situación. Yo le decía a Ramiro lo que considero debía decir: entiende, es mujer, ámala, ten paciencia, algún día estarán juntos. No porque lo pensara, todo lo contrarío, yo creía que debía mandarla pa'l coño y buscarse otra. Pero con los amigos uno debe ponerse en contra de ellos, para que reafirmen su posición y hagan lo que deben hacer.

Ese infeliz dejó su puerta entre abierta, y me asomé en la noche cuando terminé de cepillarme los dientes. La tenía amarrada en una silla: gimiendo, con los ojos vendados y las manos y pies amarradas. Me hizo señas para que entrara en silencio. Me iba a ir, pero la carne es débil. Lo único que les puedo decir es que eso fue demasiada tentación como para decirle que no, los detalles me los ahorro porque a ustedes no les interesan.

¿Si les interesan? Bueno, les cuento.

  Entré y la besé, ella no sabía que era yo. Si me escuchaba lo iba a echar a perder. Debí salirme de puntillas porque ella quería quitarse las vendas, pero quedé con unas ganas tremendas.

A la hora, salieron y jugamos un juego que Ramiro inventó, se trata de que todos lanzan un dado, quien arroje el número menor debe beber un trago fondo blanco de ron o lo que allá; y además, quitarse la ropa, o, responder una pregunta hot hot.

Como es obvio terminamos haciendo el amor porque ya yo venía con ganas: sabía que es rico hacer el trío porque lo hice con mi novio, sabía que Ramiro es un maldito Dios en la cama, y además, había probado a la Chama y quedado con ganas.

Luego de hacerlo, estuvimos los tres acostados en una cama muy pequeña, fue lindo, por esa noche me sentí dentro de una relación de amor genuina, sin conceptos, sin razones, amor y nada más. Siempre sentí que la Chama no se daba cuenta de lo hermoso que era tener un novio tan maldito como Ramiro, creo que todas sus amantes lo sabían menos la Chama y sólo por eso eran inseparables, porque ignoraba qué clase de hermoso monstruo estaba junto a ella. Pensaba que él era normal, y a pesar de que ésto le impidiera ver sus maravillas, también le impedía ver sus aterradores abismos. Y una mujer tan cobarde como ella no tendría el valor de asomarse, o tal vez, era esa misma cobardía lo que le impedía ver qué estaba justo frente a sus ojos. Como tantas cosas que ignoramos por miedo a saberlas.

La siguiente semana volví, en el fondo yo sabía que volver era una locura, mientras más lo hicieramos era más probable que terminara la amistad, pero la carne es débil (risas de puta sin vergüenza). Al igual que la vez pasada, me dio una noche de sueños y pasión; pero la sorpresa llegó al otro día: no era la Chama quien llegó sino otra. Era una estudiante de enfermería que conoció en una iglesia a la que fue con un amigo que tiene padres evangélicos. La mujer era mucho más bella que la Chama y que yo, era como quien dice una caballota. Y me presentó como: la Chama, y ésto me dejó sin palabras. Se repitió el acto pero cambiaron los personajes y, a la hora del trío, yo era la Chama. Fue como vivir el mismo sueño desde dos perspectivas diferentes. En la misma cama pequeña pero, ahora del lado que le correspondía a la Chama: el izquierdo, donde está su corazón.

La siguiente semana fui de nuevo, pero esta vez no hicimos el amor. No sé si fue porque no quería perder la amistad después de semejantes experiencias, o, por curiosidad de descubrir lo que hallaría luego:

Trajo a la Caballota y a Andreina (otra estudiante de enfermería del mismo colgio, pero no se conocían). Esta vez Andreina fue la que los vio, luego de los tragos presentó a la Caballota como la Chama, y ella sintió lo mismo que yo. Me encontré viviendo el mismo sueño, desde una tercera perspectiva. Pasó lo que pasó.

Luego de esta última vez, quedó en mi una sensación rara. Como cuando sientes un placer pero a la vez una ardiente obsesión por explicarlo.

No estoy muy segura si Ramiro es un sádico, un Marqués de Sade, o si quería renovar mi manera de ver el sexo y la vida, o si sólo es un farsante y me llevó para que cuente esta historia póstuma... que contribuirá mucho a su leyenda.

  Pero lo cierto es que la pasé muy bien.

lunes, 5 de enero de 2015

Capítulo 4 el colombiano y la Frentona.

Es de madrugada, esta noche pasó algo que me dejo perplejo:

Ya todos se habían ido a sus casas , y yo no quería regresar aún a la mía. Fui a donde mi amigo el Colombiano y hablamos por un rato sobre su vida; bueno, el hablaba y yo lo escuchaba viendo la noche y sintiendo su frío, me siento libre cuando todos duermen y yo escucho a la noche. Me sorprendió la nobleza y pureza de el Colombiano. Su forma de decir mentiras tontas como la de un niño, chistes inocentes que me hacían partirme de risa, no por graciosos sino por tontos. En algún momento llegué a creerlo retrasado mental, pero entendí como un rompecabezas que se iba armando igual que un álbum de barajitas: sin orden, recibiendo piezas que al irlas recolectando tomaban forma. Que este amigo, si bien mayor que yo, no era retrasado mental sino inocente por haber vivido La vida del campo. Me agradó mucho, era tonto y conmovedor, me hacía sentir que lo sabía todo a pesar de no saber leer ni escribir. En un momento se retiró, y no supe qué le ocurrió.

  -Pensé que no saldría más  (nos encontrábamos frente a su casa) y cuando me decidí a irme porque era tarde, ocurrió El evento.

El Santero y las Primas (la Frentona y la que me llama la atención, novia del Santero) iban riendo, el Santero hacía un gesto hacía la Frentona, como chantajeándola, yo los veía de reojo. Al parecer ella se negó, y fue cuando él lanzó aquel comentario que aún me da vueltas en la cabeza. El gritó: Oye, Ramiro, ella dice que le gustas. Creo que hasta ese momento, no había entrado en conciencia de que nunca nadie me había dicho que yo le gustaba, debieron haber pasado catorce años para este episodio. Ella se apresuró a tapar su boca chismosa, y riendo como avergonzada, dijo: es mentira, no le creas. Y se apresuró en mirarlo con odio o rencor. Yo ni siquiera me levanté de la acera en donde me encontraba, estaba mudo, nervioso, aterrado. Siguieron caminando como por inercia. Mi mirada se quedó viendo las estrellas, la noche, su frío. Cuando los acontecimientos cesaron de bailar en mi cabeza, bajé la mirada y no estaba nadie. Me levanté, vi hasta el fondo de la calle, vi a un chico vestido todo de blanco ¿Habría sido un sueño?

El Colombiano regresó, y con ese molesto tono que tienen las personas con mucho tiempo libre, pregunto:

-¿Qué pasó Ramiro, por qué se le asustó a esa Pelada? Si le tiene miedo a las mujeres presentémela, yo sí no la fallo. Yo no le temo a nadiem, menos a una jeva.

¿Habría sido un sueño? Pensé.

-Ni el número le pidió, uis, que bobo es uste, ¿sí o no?

¿Habría sido un sueño? Continuaba cavilando.

-Usted tenía que levantarse, darle la mano, oiga, y decirle: Mucho gusto princesa, Soy Ramir ¿Le acompaño a su casa? Y luego hablaba, vea, y así es cómo se enamora a una pela'a.

¿Será que toda mi vida había sido un sueño, y esa chica me había despertado, y ahora el Colombiano trataba de dormirme de nuevo?

Capítulo 3 (frentona y su prima)

Por primera vez en la urbanización de Los Castores, veo chicas de mi edad. Todos los muchachos salen a perseguirlas y hablar con ellas. Cuando llegan suelo preguntarles cómo les fue, me responden con desdén, tal vez les fue mal. Ambas chicas son hermosas. He sabido por un chico que es cercano a ellas, que son primas, una está de vacaciones, la otra vive aquí. Están de moda unas bermudas con diseño de cuadros, casi todos tienen menos yo, no me interesan las modas, las modas son los distintos rostros de la estupidez. Ellas usan esas bermudas, a la visitante le quedan mejor: tiene más culo. Pero, a mí me gusta más la otra, a pesar de que a todos los demás les gusta la visitante por su cuerpo. Ambas son pequeñas, una es muy frentona, tiene más frente que cuello. De cabellos rizados, piel blanca de tono amarillo, es decir mestiza o blanca criolla. Es la visitante. Su prima, la residente, la que me llama más la atención, porque se ve más callada, incluso tímida. Es morena, cabello liso, con muchos rasgos indios. Pero hay otro problema, el amigo que me cuenta todo sobre ellas, el Santero, es novio de la que me llama más la atención. Ver a las chicas de otros no es correcto, y no la buscaré. De todas formas: No me hace falta lo que nunca he tenido. Ya llegará mi primera novia, algún día.