jueves, 2 de junio de 2016

La vida es bella (borrador)

La decepción.

A veces, no es evitable. De hecho, mientras más trato de que se vaya, más regresa. La decepción para un producto de la voluntad, porque la voluntad es un producto del deseo y el deseo contiene en su esencia una inevitable decepción.

Puedo decir que esto transcurrió mientras me duchaba y la tibia agua mis ensoñaciones desataba. Pero no es responsable el agua, sino, las circunstancias, que han desarrollado ese exceso de pensamientos a fuerza de falta de todo lo demás.

La puntualidad.

Pensaba en algo que ella me contó, que era muy impuntual. Y yo iba tarde y eso me hacía enojar y detesto trabajar bajo presión porque todo me sale mal y me distraigo cuando se supone que debo hacer algo. Trabajar bajo presión es someterse al miedo, resignarse, y no soporto eso.

Imaginaba que ella llegaba tarde a un encuentro nuestro y que me iba molesto y empecé un monologo en donde le justificaba a ella por qué me había marchado cuando era la hora y no había aparecido, y lo enormemente irresponsable que era la impuntualidad.

Luego la perdonaba y era misericordioso. Pero me he dado cuenta de que el conflicto era lo que el cerebro buscaba. El cerebro sentía necesidad de ese ser y pensaba o ha aprendido que cuando manipula a los otros seres, consigue lo que busca. Esa malcriadez se ha desarrollado en el cerebro desde la niñez, y estaba operando en este momento, en las fantasías.

El evento.

En la ducha había tomado lugar una fantasía asomando las posibilidades de lo que podía ocurrir en el evento (fantasías involuntarias, automáticas al sentir el agua). Y el evento fue muy diferente y la desilusión tomó lugar y el mal humor lentamente empezaba a empañar todas las cosas. Al terminar el evento, cuando nos dirigíamos al siguiente, gastamos bromas e hicimos vídeos divertidos, pero evidentemente eran un síntoma de inseguridad y de timidez, la mente quería despejar de alguna forma su mal humor, pero era inútil a mediano plazo.

El trayecto.

La atención del conducir le brindaban a la mente un descanso efímero de tener la mente ocupada, le incomodaban las distracciones de su hermano y respondía pocas veces aunque muy amables, era un momento de concentración, tal vez no de atención, se deleitaba de vez en cuando con el mover de los árboles y del cielo, y estaba seriamente entregado a la tarea de llegar a ese sitio hasta ahora desconocido para ambos. En el trayecto hubo una ciudad, y se imaginaba lo fácil que sería hacer amigos y tener trabajo en un sitio así, y las posibilidades le amargaban, porque eran irrealidades, eran idealizaciones, mentiras que le torturaban al ofrecerle escapes.

El taxista.

Estaban llegando a la escuela donde sería el concierto, entraron por una puerta, había un par de negros que la mente instantáneamente hizo evocar imágenes de malandros en Venezuela, de recuerdos delictivos, y al final, como para complacer al publico imaginario que siempre presencia todos los monólogos que la mente reproduce, hizo un discurso acerca de los prejuicios y el racismo, etc.

Entraron a una puerta y un montón de colegialas semidesnudas produjeron en la mente un ardor que quiso reprimir y esa represión se transformó en amargura. Le preguntaron a un profesor sobre el concierto, y les indicó como llegar. El hermano luego recordó las instrucciones del profesor, y la mente empezó a fabricar chistes acerca de cómo puede ser tan tonto y despistado, pero los chistes eran ingeniosamente disimulados, así que no hirieron a nadie. En el transcurso, un carro con un latino y un niño gringo vestido igual que el hermano, se detuvo y preguntó por la entrada del concierto, el niño gringo tenía cinco dólares en la mano, y la mente pensó que era el vuelto que le dio el taxista al gringo. El taxista al darse cuenta de que el inglés del hermano era ininteligible por su balbuceo, cambió a español, la mente trató de hablar en inglés, pero cuando trata de hacerlo no le sale tan fluido como en la mente, porque no tiene cómo practicarlo, y la materialización, sabe la mente por su oficio de escribir, sólo toma lugar con la práctica. El taxista les preguntó si quieren que los lleve hasta la entrada, hacía un calor del demonio, la mente dijo que sí y el hermano dijo que no, simultáneamente, casi sin comprender la pregunta del todo, respondiendo como por impulso.

Se montó primero la mente y luego el hermano, y el taxista preguntó si se conocían el niño gringo y el hermano, ambos dijeron que sí, y se exaltó preguntando por qué no se saludan si se conocen, y ambos no supieron que responder, y Raga se transportó a esos años adolescentes donde todo era tan complicado entre todos y nadie sabía de verdad muy bien por qué.

Raga, -La mente aquí ya empezaba a sentirse Raga- , empezó a preguntarle al taxista sobre su nacionalidad, agregó comentarios acerca de los puertorriqueños que sabía por Kelly Diaz que le agradarían a cualquier puertorriqueño, el taxista asintió y agregó otros detalles igual de superfluos y generales y comunes en casi todas las culturas del caribe, antes de bajarse Raga le preguntó si el era taxista. Y el viejo -ya aquí hay que decirle así, sabrán pronto porqué- lo miro como ofendido, como diciendo, qué te pasa, soy latino pero no soy latino, es decir, no soy esa poca cosa. Y Raga trató sinceramente de disculparte y se excuso -que era cierto- diciendo que el quería ver si podía trabajar de taxista y tenía preguntas. El Taxista que ya no es taxista sino un viejo, se calmó, sonrió con ironía y se fue como pensando para sí: taxista, yo, ¿puedes creer?

La corbata.

Entraron a un salón donde los niños se ponen las corbatas, y el hermano, que tiene un grado de Asperger, resaltaba por su incapacidad para comunicarse con naturalidad, sus ademanes eran exagerados y se notaba la ansiedad de quien quiere tener amigos pero no halla cómo entrar en el grupo. El niño gringo del taxi lo miraba como lleno de odio, y la mente -aquí había dejado de ser Raga- observaba atento cómo los niño lo observaban, como algo extraño, al igual que en el Segado observaban con algo de lástima a los estudiantes con parálisis, o en Fe y Alegría a los estudiantes con cáncer, no sólo lástima, sino además, la sensación como de querer burlarse y saber que no es correcto, es decir, la seguridad de que se estaba con un ser diferente. Pero en el otro chico, era diferente, me refiero al chico que tenía maestría par el repugnante arte de atar corbatas. Y ese miraba a el hermano como un tonto, pero como un tonto amigo, y era adorable. Luego el hermano se percató que Raga estaba ahí, y lo miro como diciendo: qué haces aquí, me avergüenzas, ya no soy un niño, vete.

Y Raga se marchó resignado de lo perfectamente estúpido que era su sangre. Entró al baño, sus rizos estaban secos, el baño estaba solo, sintió una revelación, y empezó a mojar su cabello, sus rizos volvían a cobrar vida, estaba solo y niño y puro a la vez, y se veía hermoso en el espejo, y estaba perdido en su propio encanto.

Qué distracción.


Llegaron temprano, habían pocos padres, no había donde sentarse. Muchos no tardaron en sentarse en piso, en sumergirse en sus teléfonos. Un niño parecía enfermo de modernidad, enormes audífonos, haciendo ruidos molestos, como queriendo perturbar a todos. Una pareja de esposos negros, cada uno en su mundo, tan cerca y tan lejos. Sólo un grupo de personas hablaba entre sí, interrumpiéndose incesantemente para ver el teléfono, ese mundo era el importante, y lamentablemente, en ese mundo era donde todos pensaban amar a Raga.

Aquí debo empezar a hablar en primera persona, porque la voz literaria me exigía salir. Había un chamo y un chamito, ambos latinos, nacidos aquí, lo noté por su acento. EL niño le preguntaba al otro por qué no estudiaba, y el otro no respondió concretamente, tal vez avergonzado, y Raga se sentía identificado. Luego empezó a poner a todo volumen predicaciones evangélicas, y Raga prefirió regresarse a la sala de padres sin silla.

Llegó una niña bellísima, eran dos, pero la otra no tenía gran belleza. Ambas semidesnudas, como es costumbre en verano. Raga se amargaba un poco, reprimido tal vez, de no poder tener lo que sus cuerpos le exhibían. La más guapa empezaba a enfearse en cada instante. Su belleza era quietud, era una foto. Pero al moverse, al tener gestos, al mirar a todos lados, ya no era belleza. Porque la belleza en la cuál nos movemos es irreal, es una foto en redes sociales y no un ser vivo, en especial la belleza femenina, la belleza femenina es la mayor mentira. Porque ni siquiera las mujeres son tan femeninas como pretenden serlo, la feminidad no es natural, es sintética, pero nos molesta aceptarlo.

La chica no tan guapa saludó a un negro algo tímido y ella justificaba ante su amiga un poco avergonzada, porque la chica no tan guapa, como pasa en los tímidos que hablan demasiado, hizo un saludo muy enfático y el negrito algo reservado simplemente la saludo y siguió tal vez estresado por ir tarde.

Decidí salirme, y el día estaba hermoso, brisas, hojas, nubes, cielo azul y sol. Pero algo pasó, este cuento empezó a escribirse, y me salí de la belleza. Empecé a hacerme ideas e ideas de todo lo que pasaba, y era insoportable. Narrava en mi voz todo lo que ocurría, y dejaba de vivir para pensar y pensar incesantemente.


El concierto.

Llegué al concierto, de mal humor, pero la música me daba sueño y luego me daba vida. Todo me parecía hermoso, Raga y sus deseos y su pasado no existía, todo simplemente era, y eso era maravilloso.

Atrás de mí un niño bailaba, y era bello, era bello verlo y era bello el niño. La madre me encantaba, su sonrisa era dulce, y luego se le salió la falsa sonrisa dulce y se empezó a reír como una idiota, y eso era mucho más bello. Quería acostarme con ella, quería ser el padre de ese hijo, quería todo eso y no tener que negarlo me llenaba de dicha.

El niño se acercó a mí, lo miré, él se asustó, se volteó y se puso boca abajo, como diciendo: aquí soy invisible. ¿cómo no ser invisible? si con esa belleza y ese hermoso cabello amarillo y suave, todo lo que me digas te lo creo.

Y siguió el concierto, las promesas, las despedidas, el tambor con forma de caja, el piano, los niños cantando pésimo, los profesores dando premios ¿por qué premiamos? ¿por qué comparamos a los niños?

Los premios

Pensaba en que en la escuela, siempre, antes de dar un premio, la descripción del alumno premiado era tan general como un horóscopo. Y yo pensaba que podía ganar, porque veía en mi esa bellas virtudes que nadie tiene pero todos nos convencemos de que tenemos porque nos estimula creerlo. Y siempre el premio era para alguien más, alguien más adulador con los profesores, alguien más hipócrita, alguien más sometido a la autoridad, alguien más normal y no yo.

Me sorprendí porque donde yo estaba sentado, era una fila donde no había nadie, sin saberlo buscaba la soledad, sin saberlo observaba todo desde lejos. Y no había cerca de mí más que una familia de asiáticos, dos chicos dormidos (como no dormirse con el canto de un coro), y la mamá del niño amarillo que se vestía como un gringo en un safari.

Prejuicios


Se subió a la tarima un gordo calvo, y un negro. Los había visto cuando salí a tomar aire, pensaba en que el negro se peinaba sin cesar un afro que por más que le daba el peine, parecía inmutarse. Y el gordo enormes y calvo solamente arriba. Con flores, imaginé a la pobre mujer recibiéndolas y pensando: oh, son tan linda ¿por qué me las tiene que dar el gordo feo este? ¿por qué los guapos no son así?

Pero el gordo era otra cosa, su forma de hablar en el escenario, las flores eran regalos para los profesores, y el negro que parecía vanidoso, era tan tímido que ni pudo hablar.

Y me sentí terrible, terrible de ser la prisión en donde me encuentro, de tener tanto prejuicios y de creer que son ciertos sólo por tener la sensación de estar seguro si me refugio en ellos.

El regreso


El hermano me contaba que el niño gringo del taxi sufría mucho cada vez que cantaban una canción de un soldado que murió y le escribió una carta a su padre. Salía de las practicas y se ponía a llorar, el niño estaba lleno de odio, había perdido a su padre, y se aferraba a ese dolor como ahora yo me aferro a estos prejuicios que me destruyen.

Un carro nos pasó muy de cerca, sentí deseos de mover el volante, estrellarme con él. Acabar con todo esto que me tortura. Y tenía que decirlo, tenía que admitirlo, quise suicidarme. El suicidio es el propio ego incapaz de soportarse a sí mismo.

El ego tiene que morir, pero no luchando contra él, sino comprendiéndolo. Y por eso vine a escribir esto. Porque siento, porque tengo problemas, y negarlos, no me hará resolverlos.

miércoles, 1 de junio de 2016

Vuela con Raga

No idealices a Raga
por ser profundo
por ser poeta
por hacerte feliz.

Raga está muy solo
irreparablemente solo
y no puede confiar fácilmente en nadie
siempre que trata de ser sincero
con quien lo trata de consolar
lo lastima
y luego Raga se siente mejor
pero esa persona
continúa su vida
profundamente herida

Raga no sabe decir lo que siente
su único lenguaje son las lágrimas y los poemas
Raga no es malo
simplemente es indefenso
y está demasiado acostumbrado
a caminar sin compañía

No idealices a Raga
es fácil romper con la influencia externa
que los otros tienen sobre nosotros
pero es todo un desafío
romper con las cadenas internas
profundas
y muchas veces dormidas
que nos han acompañado
y hecho sentir seguro
un largo trayecto de nuestras vidas.

Raga apenas acaba de descubrir el amor
tal vez quieras compartirlo con él
hay cosas muy lindas
que podemos hacer los dos

No recuerdes a Raga
por favor
el aprende tantas
pero tantas cosas
cada día
que cualquier recuerdo de él
crearía una enorme barrera entre los dos

No idealices a Raga
vuela con él
y juntos
reinventence
los dos.

Raga: Poema feminista a una mujer superficial

Te crees la gran cosa
por presumir de sensual
te crees muy libre
por ser muy puta
pero lo siento, amiga
eso nada tiene que ver
con la libertad
puta es
toda mujer y todo hombre
eso, querida
es más una cuestión hormonal
y peligroso sería
si fuese
algo más.

No, mi cielo
no eres especial
no hay cosa más común y mediocre
que mediante los placeres
de nuestros problemas
escapar

Y además
nadie es sensual
de forma original
imitas lo que vez en las películas
te dicen qué es ser buena
qué es estar presa
y te dicen cómo debes escapar
tonterías
y nada más


Eres infeliz
y quienes venden sueños
y prometen
mediante sus fórmulas
salidas
soluciones para escapar
no saben nada
no te dejes engañar
si quieres llegar
al fondo de todas las cosas
primero, niña mía
debes dejar de escapar
debes dejar de imitar

No eres libre, ni eres feminista
el feminismo es algo serio
tú sólo quieres ser reconocida
como la diosa de un artista

Los hombres han oprimido
desde milenios a las mujeres
ellas pueden ser diosas o musas
esclavas o madres
tierras prometida y crueles arpías
pero jamás
lo que realmente son
porque la historia de las mujeres
es la historia de los hombres
y su imaginación

A mí, cielo, no me vas a engañar
se que te tiras pedos
que a veces la fruta te huele a queso
que en la mañana de tu boca salen muertos
que te bañas como una bestia
y no como una diosa sensual
puede ser grotesco lo que digo
porque cuando se trata de mujeres
a nadie le gusta la verdad

Tienes razón
no lo niego
las mujeres han sido sometidas
reprimidas
dejadas en cautiverio
yo pasé por todo eso
yo fui una mujer abnegada
y me avergonzaba
pero no
lo opuesto de la opresión
no es rebelarse
el rebelde se suelta
y lo primero que hace
es buscar cadenas
mi cielo
la libertad va más allá de todas las cosas
porque uno mismo
es la cárcel
de la que trata de escaparse

no, mujer,
no me prometas paraísos cuando cruses tus piernas
la verdadera dicha no es algo que se pueda dar
ni es algo que se pueda imaginar
baña todas las cosas
pero los desesperados
en llenar sus vacíos
no las pueden mirar.

Ta tá.


Poema de amor: Niña del silencio.


                                                 Dedicado a todas las flores que sembré, y no nacieron.



Niña silenciosa que apareces en mis sueños
te enredas como la dicha que se ha perdido
otro, será otro quien goce las maravillas
que alguna una vez te crecían de los ojos
estando conmigo.

Niña silenciosa que apareces en mis pesadillas
trato de controlar, porque me aterra perderte
eres maravillosa y es cruel que tu dicha
que parecía tan mía
ahora aparezca en otra boca.

Niña silenciosa que apareces en mi historia
sigo siendo el mismo, y me duele, no serlo contigo
tal vez es una obsesión de aterrizar en ti
la que me hace perderme en abismos
cada vez que doy un brinco.

Niña silenciosa que sonríe
con esa fuerza sobre natural
que compone tu belleza
esa sonrisa hermosa que no soy capaz de embellecer
tocarla con mis manos o mis palabras
la haría perecer.


Es tu sonrisa en sí misma
la tierra sin caminos.

Niña silenciosa que una vez rompiste tu profético silencio
me cantabas "al final de este viaje la vida quedará"
y en ese momento fui feliz, la verdadera dicha, no se puede fingir.

Pero niña silenciosa, ya no te nace nada de eso
no sé qué fuerzas corrompieron tus besos
seguramente fui yo
incapaz de callar mis miedos cuando me piden ser escritos
seguramente fuiste tú
incapaz de no verte en mis palabras
así como te veías en mis sonrisas enamoradas.

Me pregunto si será otro el que evoque tu cantos
me pregunto si será otro el que muera en el intento
de poseer tus labios
no te deseo felicidad, la felicidad se aleja de cualquier deseo
pues mira tu silencio y tu sonrisa y tu canto
que nacieron sin esfuerzo
y mira dónde ahora está
tu amor
tu roce
y tu ternura...


          que tanto deseo.







martes, 31 de mayo de 2016

La juventud.

Te quería contar algo, una escena bien curiosa que aconteció. Estaba a punto de empezar a jugar con Kike, y de casualidad me vi reflejado en su espejo, y lo que tomó lugar no tiene nombre, pero intentaré describirlo para ti, fue muy intenso.

Me observaba, y me veía tan hermoso, no lo digo vanidosamente, no es como decir: oh, sí, eso soy yo y qué bello soy. Eso no es hermoso, es estúpido. Quiero decir que por un instante me descubrí como si fuera la primera vez, me observaba sin ser yo quien me observara, era tan hermoso. No me veía como un niño, ni como un hombre, simplemente me veía como esa criatura que sólo podía ser eso, sólo podía ser eso en ese instante.

Mi cabello estaba mojado, mis rizos preciosos, negros, brillantes, definidos. Se me eriza la piel de recordarlo. Mi dedo se metía en mis rizos y los enroscaba una y otra vez, qué éxtasis era tocarme, qué dicha sentir ese suave cabello entre mis dedos que se sembraba, como un beso, por la sensibilidad de mi cuero cabelludo.

Mi barba estaba recién podada, sin forma, simplemente un desorden uniforme, y mi mentón era tan hermoso, y la sombra oscura de mis lentes le daban un contraste incontenible a todo mi rostro. Me daba cosquillas en el abdomen ver esa belleza, esa belleza que no es mía, esa belleza que es belleza, y por eso me encanta, y no me la tomo personal, sino que me la gozo, como se gozan todas las cosas irrepetibles e inenarrables.

Mis labios eran hermosos y gordos y rosados, y me observé observándome y me sorprendí de sorprenderme y fue hermoso ¿no es hermoso tener la capacidad de sonrojarme y sentirme timido con mi propio reflejo? Mi sonrisa se abría como un sobre blanco y limpio y de olor delicioso, mis dientes brillaban con el olor de un libro nuevo, y esa sonrisa era tan tímida que se veía tierna y a la vez muy tonta

La juventud ¿realmente la comprendemos? ¿realmente la sentimos? una vez una compañera me dijo que ella vivía intensamente, que su lema era vivir intensamente y morir joven. Qué mujer más soberanamente estúpida. Toda su vida era hacerse daño por la opresión que sentía ante sus padres. Decía que no le importaba lo que el mundo pensara pero cuánto le importaba dejarle claro a todo el mundo eso. Creía que era joven sólo porque se drogaba, porque tenía miedo, porque huía de sus problemas con libros y drogas y había desarrollado una fobia al dolor que la hacía irremediablemente infantil.

La juventud es otra cosa, la juventud es más que eso. La juventud no es la edad, es la capacidad de sentir. Qué importa si eres anciano, cuando tu mente es siempre nueva. Cuando no te acostumbras a las cosas, cuando puedes verte al espejo y sonrojarte como si jamás lo hubieses visto. Pero no, la juventud no es una filosofía inventada por Raga, un idea tonta que se le ocurre a la inquieta imaginación de ese niño soñador, la juventud está ahí, y te sorprende, te abraza, te besa, siempre y cuando no tengas tu mente ocupada en otra cosa.

Oh, esos que dicen llamarse jóvenes sólo porque tienen miedo del tiempo que vendrá. No saben gozar de un niño (no sólo de los niños nuestros, sino de todos los niños que aún sus padres no vuelven monstruos, no los vuelven idénticos a ellos), de una flor (hablo de realmente gozarla, no de tomarle una foto para que medio mundo sepa cuánto las gozas), de tantas cosas que uno no busca, que uno no inventa, de tantas cosas que están ahí y tú simplemente te sueltas y ellas empiezan a aparecer incesantemente sin que las desees; no aparecen cuando las buscas, aparecen cuando no buscas nada, cuando no te ocupas con nada, cuando eres nuevo y libre, esa es la juventud, la frescura de sentir sin anhelar.

Oh, y cuánto nos importa poseer ¿no es así? y pensar que parece que nos amaramos todo el tiempo hasta que tratáramos de hacerlo, de poseer el amor, de entregarlo, de esforzarnos para convertirnos en un dador o dadora de amor. No, eso no pasa así, cuando hay amor, no hay amantes, cuando hay amor, sólo hay una entrega sin fin, una entrega que se justifica a sí misma. Y no termina ni comienza nunca, y eso es tan maravilloso, y tan imposible de escribir, porque las palabras que tratan de dar amor, sólo dan su sombra, su ceniza, y por eso es tan bello amarse. Amar es ser joven, todo lo demás, es envejecer.

viernes, 27 de mayo de 2016

Hastío de amar, Respuesta de Jessica Raga.

Leí tú último texto y por alguna razón (no es mi culpa) terminé dibujando algo, y bueno, ya sabes cómo continúa todo, de antemano me disculpo porque no tiene ni sentido... 

Desearía poder salvarte de tus temores, redimirte del hastío, desvanecer el ayer y todas las preguntas que te carcomen los sesos. Desearía poder salvarte de ella, o de cualquiera, defenderte de las imperdonables lágrimas y apaciguarte la melancolía. Desearía ser algo más que tristeza este día y besarte los párpados pesados y vivir un poco más en tus brazos. Desearía curar tu soledad y remediar la mía. Este tejido que alguien va hilando nos está haciendo sangrar. Desearía tejer tu felicidad con los hilos del cielo y del mar y salvarte de una vez por todas del hastío de amar. 


Lo dibujé por leerte, y bueno, así simplemente.

Hastío de amar.


Parte uno.

He sentido una dependencia por alguien. He llenado mis vacíos con esa persona. Y siento que he sentido sólo cosas enfermizas. Y tratando de dejar de sentir eso, la lastimé, y me agarro rencor, y empezó a herirme; y estoy cansado, la verdad. De caer en lo mismo, de tener tanto miedo cuando pienso en esa persona. De buscar seguridad fuera de mí, siempre que busco seguridad en las personas, me invaden terrores y miedos. Estoy cansado, todo eso ya me harta, todas estas cosas absurdas que hago para obtener placer sexual y protección emocional ya me hastían. Simplemente quiero que mueran esas dependencias absurdas, porque siempre es la misma dependencia, sólo cambia de persona. Estoy cansado de creer que amo cuando a veces se convierte en puro egoísmo, estoy cansado de pelear, de tratar de convencerme a mí mismo de mis propios ideales. No quiero más ideales, no quiero seguir desgastando mi tiempo con deseos de cosas que ya murieron. Porque eso es lo que hacemos, tenemos miedo a que la dicha pase, y la volvemos ideas, ideales, y todo eso es una mierda, uno se condena a decepcionarse de uno mismo, y de los otros.

Parte dos.

Quiero que me abraces, no que me digas que me amas. A veces lo veo tan innecesario, como que uno dice: te amo. Y realmente dice: tengo miedo de perderte. ¿Realmente amamos cuando lo decimos? ¿Realmente podemos amar estando tan aterrados? Y damos asco, porque ese miedo nos impide amar con totalidad y nos hace vivir en una farsa, estoy harto de la farsa que yo mismo he creado.

Porque uno la crea, te lo digo, uno se encierra en lo conocido, en lo muerto, en lo seguro. Y le llamamos vida. Qué idiotas. Le llamamos vida a algo que ya murió, que no es más que memoria. Creemos que conocemos a alguien porque lo definimos. Y cuando alguien nos pregunta por qué sufrimos, simplemente quiere juzgarnos, nuestro sufrimiento les hace sentir amenazados. ¿Quién puede amar y protegerse? ¿Quién puede amar y controlar? ¿Qué protegemos? ¿A nosotros mismos? Amar sólo puede tomar lugar cuando nos entregamos hasta dejar de existir. Pero somos unos cobardes, y por eso hacemos poesía. Poesía cobarde, poesía maldita. Tal vez ahora te estoy amando por primera vez.