viernes, 6 de noviembre de 2020

La mujer que perdí por no saber mentir.

Supongo que te fuiste
Que te fuiste a tiempo
Justo a tiempo
Para no enamorarme de ti
Qué suerte tuve
Porque fuerza yo no habría tenido
Para resistir este sentir que crecía en mí
Que estaba destinado
Sin remedio, sin poder evitarlo
A quemar todos mis planes
Mis sueños y ambiciones

Por estos nuevos
Que nacían por ti.

Qué suerte tuve,
Porque tu miedo fue tan grande
Que te hizo huir de mí
Justo cuando te dabas cuenta que yo no era como tus hombres del pasado
Que te gustaba lo que yo te hacía sentir
Que necesitabas someterte a mí.

No sé si esto es prueba
De que Dios existe
O de que el diablo no
Pero lo que sí es innegable
Es la suerte que tengo
De que te fueras a tiempo
Justo a tiempo
Antes de que lograras
Romper
O conquistar mi corazón
Y a la vida
Y a tus miedos
Profundamente les agradezco
Con dolor.

Las tinieblas de la luna.

Tú tienes una obsesión con todas las fases de la luna
Yo tengo una obsesión con todos los deseos que por ti siento
El vacío de la oscuridad de tus ojos me muerde
Y tú alma de poeta en las tinieblas de mi fuego me envuelve.

Quiero derramarme entre tus piernas
Quiero mojarte
Con mi poesía
Quiero hacerte un poema
Mejor que cualquiera de los que te hayan escrito
Soy competitivo
Quiero que te obsesiones conmigo
Que te falte el aire cuando me necesites y yo no sea posible;
Que tu piel arda con mi ausencia como yo ardo con las ganas de ti.

Me perturbas
Eres la cereza del pecado
Quiero pasearte por mis dientes y saborearte, sentir tu textura, imaginar tu color mientras te siento recorrer mi boca por donde sea que los caprichos de mi lengua te manden, y morderte, moderte despacio, despacito,
Y saborear esa muerte jugosa de tu cuerpo desnudo en mi boca.

Quiero tu jugo, 
Sentirlo en mis dientes y mi garganta,
Y luego pasar mis dientes y mi lengua por el resto de tus frutos.

Quiero ser la realización de tus amores no correspondidos
Romperte el corazón más fuerte de lo que hicieron los hombres que han inspirado tus poemas,
Romperte el cuerpo más fuerte 
De lo que lo han hecho aquellos que en el pasado te obsesionaron,
Quiero ser el martirio y las más deliciosas tinieblas que borren para siempre tus memorias.

Para qué decirte que no quiero dominarte.

Me encanta el ardor que invade mi cuerpo al pensar en la desnudez de tus senos
Saborearte en ese lunar del que me quiero apoderar
Cuando te vi, lo supe
Yo iba a ser tu dueño
Porque yo soy Víctor Hugo Raga
El poeta del infierno.

Para qué decirte que no quiero dominarte,
Si ser tu dueño es todo lo que quiero.

Así es, rebélate,
Dime que eres tu propia dueña
Así como le dices a todos los hombres
Y luego bajan el ritmo y te obedecen y te decepcionan.

Yo te diré que tú no decides cuando ser mía
Que eso lo decido yo
Y te hablaré en inglés
Cuando quiera ser el malo
Understood?
- Sí, daddy.

Cállate, a mí no tienes que pedirme nada.
Pobre niña
Tienes tanto que aprender
Y yo tengo tanto que enseñarte.

No me pidas nada, que yo sé lo que quieres antes de que empieces a pensarlo.

Apretar tu cuello
Controlar tu respiración
Porque tu vida me pertenece
Yo decido si tú respiras y cuándo respiras
¿Qué así no son los poetas?
Cariño
Yo soy el que le dice cómo comportarse a la poesía
Voy a cachetearte
Quiero que grites de dolor y de placer
Pero que primero te aguantes
Hasta que ya no puedas más
Escupirte en la boca
El culo entero nalgearte
Voy a hacerte correr con mi lengua más de una vez
Antes de si quiera penetrarte
¿Tú crees que estaba jugando cuando decía que eras mía?
Me perteneces
Sólo cuando yo lo diga puedes masturbarte.
Me tienes
ardiendo en el trabajo,
ardiendo mientras leo
ardiendo mientras hago ejercicio
Definitivamente tendré que castigarte
¿Qué te gusta cuando te pongo disciplina?
Cariño
Se van a morir de envidia tus antiguos amantes
Cuando vean el poder que sólo yo tengo para dominarte.

viernes, 4 de septiembre de 2020

Un pequeño jardín tan verde como sus ojos

El olor a gas de esas bombonas
Que se encontraban junto a un pequeño jardín que ella cultivaba
Qué paz tan única la que me hacían sentir las plantas de mi abuela
Y su pequeño jardín tan verde como sus ojos.

Qué será de ese verde tan tranquilo
Ahora que el verde de sus ojos se ha cerrado para siempre.
Mi abuela duerme en la tranquilidad de la muerte
A pesar de que ella siempre se despertaba aterrada a mitad de la noche
Ante esos sueños que tenía
Con aquella paz
Aquella paz que se la quería llevar y se la llevó para siempre.

Recuerdo el sonido de campanas
Que me aterraba de sus bombonas de gas
Cuando hombres extraños venían a su jardín de paz
Y con una fuerza que yo no tenía
Las bombonas de metal ya sin olor ellos cambiaban.

¿Qué será de aquel, el jardín de mi abuela?
El que yo recorría en silencio como un gato,
Viendo caminar personas
Escondido detrás de la manzanilla o el cilantro
Aterrado de ser visto
Mientras del calor me refugiaba.

Aún escucho su gruesa voz y su estruendosa risa
Aunque a decir verdad
Sus ojos verdes en mi memoria
No hacen justicia a aquellos ojos verdes que me miraban.

Qué será de mi abuela,
Aquel inquieto y perturbado espíritu
Ahora condenado a la paz obligatoria
Y yo a la memoria que simula sentir que la siento viva.

Qué injusto es el recuerdo
Cuando es lo único que de lo amado se tiene
Sus rizos dorados ya no crecen sobre la tierra
Y su risa de gigante ya al silencio no lo espanta, no lo aterra.

Todo es tan callado
Cuando pienso en tu casa encantada
Sin el encanto de tu risa.

Tú me decías que yo iba a ser un escritor respetado como iba a ser mi abuelo si no se hubiese muerto.

Luego te ibas a un rincón con un tabaco que en vez de hacerte oler a él, tú lo terminabas haciendo oler a ti.

Y hablas con tus muertos,
Los mandabas a cuidarme
Te sabías de memoria oraciones que no podías explicarme
Y en las cartas que me leías mientras me veías con felicidad beber el café que te quedó tan mal
Me hablabas de una vida llena de éxitos y de mujeres enloquecidas por mí.

Voy a dejar que tus defectos se vayan
A la paz eterna contigo.

Yo sólo te escribí este poema
Porque antes de dormirme recordé aquel sonido
De las bombonas de gas cuando chocaban entre sí
Y que terminó sacudiendo
Todas las memorias de paz
Que yo te debo,
Esa felicidad que te debía.

miércoles, 29 de julio de 2020

Con tus irrepetibles ojos.

Yo también creo que una relación se puede morir de demasiado amor, y de eso se murió el nosotros. No fue de rutina, no fueron las otras mujeres, fuese amor que me tenías y que te mataba por dentro hasta que ya no pudiste más. Y es que yo te sigo queriendo, aunque nunca lo diré.

Yo a veces fantaseo contigo, aunque no lo admitiré. Y si yo tengo estas cosas en mí, qué será de ti, oh, qué será de ti, que fuiste esa furia de sentimientos que acabo contigo y con los dos y a la vez secretamente, acabó conmigo. 

Quién sabe, yo creo que hay amores que mueren de amar demasiado. Uno puede verlos claramente aunque ya sean parte del pasado. Pensarlos es regresar a ellos como si todavía, y es por eso, porque uno amó demasiado y dime tú, ¿cuántas cosas en este mundo uno siente que ama demasiado? La carrera que amas tiene el trabajo que odias. El vicio no se siente para el que lo tiene, pero tú y yo, niña mía, nos amamos demasiado y hace tanto tiempo. Quién puede decir que pasaron años si yo todavía siento esos ojitos tuyos por dentro como si hasta mis invisibles respiros estuviesen mirando.
Yo no sé, qué se puede saber en esta vida además de saber que te quise, que te quise demasiado. Qué tu nombre es como una maldición en el que se conjuran los mejores e irrepetibles momentos de mi vida.¿ Y con cuál nombre me recuerdas tú? ¿Con el secreto con el que me llamabas y capaz puede que Llames también así a tus nuevos amores o con ese nombre público con el que todos me aplauden y me insultan? Ah, querida, ya no somos niños. La juventud se nos fue arrancada por amarnos demasiado. Pero allá estás tú, viviendo una vida misteriosa para mí.

Y aquí estoy yo, reviviendo en una noche las cosas que sólo pueden revivir porque nunca mueren... Aquellos que amaron demasiado.

Qué fácil es olvidar que ya no somos, sentirte aquí conmigo, que me acompañes como una vez lo hiciste... Con tu única voz, con tus irrepetibles ojos.

lunes, 20 de julio de 2020

Anne Frank (V)

Tú reverdeces los sueños, una niña, eso es lo que eres. Yo te pregunté si te gustaban los libros sólo por preguntar, y qué me iba a imaginar yo ni en la más descabellada de mis fantasías que serías tan bella porque de poesía está hecha tu alma. Ese es tu peligro, eres peligrosa porque eres eternamente joven y rejuveneces el corazón que tocas. El mundo entero pintó día a día mi corazón de amargura, y tú eres una hoja en blanco. No una hoja perfecta, sino una hoja inocente. Si fueses la hoja de un árbol jamás creyera que alguna vez pasaste por el invierno. Yo no sé que tienes tú que te queda tan bien la primavera. Eres tan tierna y a la vez tan buena. Yo que me he entregado a los placeres más perversos no soy capaz de resistir al poder sin límites de tu inocencia. El mundo conoce tu amabilidad, pero yo descubrí la belleza de tu corazón. Cómo es posible que alguna vez pude ver tus ojos sin darme cuenta de que estaban llenos de libros y de sueños, cómo es posible que alguna vez haya podido ver tu rostro y es sólo hasta ahora que veo tu carita llena de pecas y la quiero llenar de besos. Duele quererte así, duele quererte tanto. Pero dueles como nunca me ha dolido nada. Dueles en esa parte del corazón que había dejado de usar hace años y es donde se sienten todas las cosas hermosas. Nadie debería ser tan bello, y sin embargo tú lo eres. Cómo es posible que tú me mojas y me llenas de vida y jamás he probado tus labios. Cómo es posible que tú me abrigas la soledad y jamás nos hemos dado un abrazo. Me haces tan feliz sólo con tu existencia, el mundo, mi mundo, es un lugar mejor porque tú estás aunque no estés conmigo. Las horas saben tan dulces, todos los dioses en los que jamás he creído y en los que dejé de creer parecen haberme perdonado. Ahora sólo le temo a la vida, que tiene ese mal hábito de darnos todo lo que luego nos quita.

Tienes ese amor en tus manos que es el amor a la vida. Escucho tus sueños y esa intimidad tan pura es como un susurro en la nuca que pone de gallina la piel de mi alma. Eres diferente al placer, tú no te acabas. Llegas así, tal y como eres, sin intentar nada. No pretenderé que no eres humana, que jamás podrías acabar con mi paciencia. Pero es que todo se siente tan diferente a ti, sentirte se siente tan diferente a todo. Yo no lo sabía pero soy un niño, un niño que quiere besarte, que quiere apretarte, morderte y maltratarte con cariño. Que quiere ser tierno contigo, que quiere estar a solas contigo y lejos del mundo sintiendo de cerca, muy de cerca el aroma de tu saliva. Pero no te tengo ni te he tenido y sin embargo cuán lleno de ti me siento. No me despiertes nunca, no me temas, yo sólo soy un hombre que te siente.

martes, 14 de julio de 2020

Ella y Federico (III)

Su esposo la había dejado por otra mujer. Ella estaba visitando a su familia en navidad mientras por dentro le ardía la decepción, la rabia y la vergüenza. Un amigo de la familia estaba muy borracho, y le dió una declaración de amor que ella rechazó con el corazón roto. A veces sentirse mal por alguien más es lo único que nos hace olvidarnos de lo mal que no sentimos con nosotros mismos.

Le tomó meses juntar el coraje, y si no fuera por la crisis mundial tal vez ella nunca se hubiera armado de valor para dejar su vida en ese pueblo de nadie y aventurarse contra todo pronóstico a empezar una vida nueva con sus dos hijos y un orgullo herido que era capaz de conquistar cualquier adversidad que se le presentara.

¿Qué se puede hacer cuando el sentimiento empieza a crecer por sí mismo, sin importar las circunstancias en las que se encuentran esas dos personas cuando se conocen?

Amar es creer que se ama. Eso es lo que la vida nos demuestra a diario, y sólo uno descubre la verdad del amor cuando lo desmiente.

Qué se iba a imaginar ella que al despertar esa mañana le esperaba el comienzo de una historia que podía sentir pero no explicar, que la hacía vibrar pero no podía expresar.

Al cruzar la puerta en su primer día de trabajo ninguno esperaba que dentro de ellos se abriera otra puerta, una puerta en el interior de ambos que se abrió desde el primer instante en el que ambos cruzaron miradas. Una puerta que las circunstancias no buscaban abrir y que nunca más serían capaz de cerrar.

No fue amor a primera vista pero desde que se miraron por primera vez ambos sintieron una comodidad extraña, ¿cómo ponerle nombre a algo que uno nunca ha sentido antes? Ella fue amable con él, sus ojos sonreían detrás de una negra máscara que le cubría la boca. Y él le respondía con una sonrisa coqueta y perfecta que disfrazaba la timidez que lo definía desde que había nacido.

Ella no parecía estar derretida por él, y si lo estaba, no lo demostraba. Ella era de esas mujeres que no demuestran lo que sienten de buenas a primeras, que todo lo que sienten es auténtico y que los golpes de la vida la han llevado a madurar y a enamorarse del pequeño mundo que le rodea sin importar que ese mundo no tengan significado para nadie más que ella misma y quiénes estén incluídos.

Sólo ella puede saber la primera impresión que él le dió. Sólo ella sabe si al llegar a conocerlo sería diferente a como se lo imaginó. Lo cierto es que era una mujer de hermosos sentimientos que se reservaba para sí. Una mujer vulnerable con una personalidad hermosa, que podía a veces ser ingenua y tal vez tonta, porque todos los seres con un bello corazón lo son. Pero ella había aprendido a dar sin entregarse. Porque su sentir no era perfecto, o de un sólo color, era auténtico, y todo lo que es autentico siempre duele. Por eso ella daba de a poco, para irse acostumbrando al dolor. Para sentirse segura, para que no jugarán con ella, para no perder su fe de nuevo.

La vida de ambos era todo lo opuesto a una historia de amor. Si algo tenían en común es que para ellos vivir era resolver un problema. Un esfuerzo por salir adelante cada uno de sus circunstancias. Pero cuando estaban juntos, sus circunstancias no existían. Él no tenía problemas cuando estaba con ella, lo disfrutaba, ella era una realidad diferente dentro de la suya, una realidad en donde el mundo de afuera no existía.

Él para ella era algo nuevo y diferente, algo que ella no terminaba de entender pero eso no se lo impedía disfrutar. Cuando ella hablaba con él, o cuando lo miraba, o cuando lo escuchaba, era como si se construyera un nuevo mundo. Un mundo en el que nunca había estado antes, y ese nuevo mundo le daba fuerzas y entusiasmo para sobrellevar sus nuevos retos. Despertarse por la mañana ya no era tan difícil cuando sabía que lo vería a él. Entenderse a sí misma no era tan difícil cuando quién la escuchaba era él. Y creer que su corazón podría de nuevo volver a sentir, no era una locura, si lo que sentía, era por él.

Es por eso que cuando ella le dijo que dejaría ese trabajo porque sus circunstancias la obligaban. Él se puso triste, y ella sintió que todo llegaba a su final y que lo mejor era simplemente aceptar el destino con alegría y sin resistirse.

Pero lo que no contaba era con que su presencia seguiría ardiendo en su ausencia. Porque de todos los elementos era la primera vez que ellos sentían que su fuego ardía en el fuego de alguien más. Y a medida que pasaban las horas ella lo recordaba, y a medida que ella lo recordaba sentía una necesidad de verlo. Pensaba en sus ojos tristes, nunca nadie se había puesto tan triste ni se veía tan hermoso como él se veía en su memoria. Se lo imaginaba con ella en otras circunstancias. Y se sentía tonta, y trataba de concentrarse en su trabajo, pero apenas su mente dejaba de estar ocupada, volvía a pensar en él. Y se sentía estúpida, hasta que se imaginaba que él también la podía estar pensando. Y dejaba de resistirse y se entregaba al culposo secreto de pensar en sus labios, en sus tristes ojos, y en esas ganas de abrazarlo en un mundo en dónde nadie pudiera verlos ni escucharlos.