La literatura no hace sino registrar los encuentros con la belleza. ― Yasunari Kawabata
martes, 24 de mayo de 2016
El último poema cursi para Natalia
¿a los amantes del recuerdo?
¿a quienes les aterra el olvido?
¿esa muerte que jamás termina de llegar
porque ocurre en cada instante?
Siempre quise ser cursi
y sólo conseguí ser reprimido.
Me escondo, me refugio detrás de las más fascinantes máscaras intelectuales.
Pero ahora soy un niño,
porque ahora estoy contigo.
Oh, contigo, mi amor, contigo.
Con ese girasol de máscaras decrépitas.
Con esa exhausta muerte que no termina de nacer.
Te doy todo de mí, y la belleza de mi poema es indescifrable.
Alguna mujer se tatuara mis versos
y tú dirás que es hermoso sin siquiera esforzarte por comprenderlos.
Porque así eres, tonta, bruta, amando como un ser recién despierto estrellándose ante todas las cosas.
¿A dónde meteré este temor que se desvanece al mirar las copas de los árboles?
¿Cuándo dejaré de cuestionarte y cuestionarme?
Y ceder al delirio de tus brazos
a la belleza de tus sueños.
A amarte como las bestia que eres.
A acariciar la brutalidad de tus palabras.
A comprender de una vez por todas que eres mía.
Y que jamás admitiré...
la última muerte
aquella que ocurre
cuando tengo que vivir sin ti
pero no puedo
pero no quiero.
Qué patético poema
¿hablo de ti, de mí o de mi madre?
mejor es reírme:
me da diarrea ser cursi
cuando no eres la única que me está viendo.
Nadie te ama como yo te odio.
al menos que vengas para amarme todas las noches.
Hoy odio cuando me besas
¿por qué a otro ser has dejado entrar
a ese lugar
a donde sólo yo pertenezco?
Si te amó antes de mí
-pues, lo siento.
Es mi abrigo,
mi cálido refugio,
y no lo comparto:
en la más profunda dicha...
No hay amigos.
Hoy me da náuseas el olor a hogar de tus suaves senos.
Te odio mujer hogar, mujer refugio.
Si vas a ser mi abrigo,
no quiero compartirte,
te quiero para mí.
Y nada más.
El terror de tu blanca piel.
enfrentándome a una hoja en blanco.
No sé por qué su blancura me hace temblar.
Tal vez por querer y no poder
escribir en ella
una y otra vez tu nombre.
Mientras más me convenzo de que estás cerca
más te me desvaneces.
Mis enormes brazos están tan fuertes.
Desde que te fuiste no hago más que abrazar tu ausencia.
No, no diré tu nombre.
Hoy tengo miedo.
Hoy no te tengo.
Hoy creo en la mala suerte.
Y en ese pánico que me produce
una hoja en blanco.
miércoles, 4 de mayo de 2016
Cuatro poemas románticos
Hay ciertos movimientos en los que no estás.
¿Por qué ya no jugamos sin mentirnos como cuando eramos niños?
¿Por qué tenemos que mentirnos a nosotros mismos?
Te mientes, te convences de tu sueño fabuloso,
y dices que eres feliz conmigo.
Pero yo no soy tu sueño y esa es tu pesadilla.
Entonces crees que te despiertas sólo porque te convences de que soy un monstruo.
Y esa es otra mentira.
Porque necesitas certezas.
Porque anhelas mi calor infinito.
Y te sientes desprotegida
si no hay muerte o garantía.
¿Por qué tenemos que mentirnos?
¿Por qué no es suficiente vivir contigo?
Aunque sea un ratito.
O mejor si son dos
o mejor si son más.
Pero vivir contigo
conmigo
sin porvenir
sin pasado
sin asumir nada más
sin convencernos
de más.
* * * *
No somos lo que pensamos.
A ambos se nos tambalea una grasa patética cuando nos azotamos en la cama.
¿Por qué seguir apagando la luz?
Mi pecho es igual de flácido que el tuyo
cuando estamos desnudos
en esos instantes sin tiempo
que llamamos amor.
No somos lo que pensamos.
Y darse cuenta de lo falso,
es el amor, es lo verdadero.
¿Para qué mentirnos y engañarnos?
¿Para que desearnos si podemos vivirnos?
Yo no cocino tan bien,
tú eres una perezosa.
Tú no eres una gran conversadora.
Pero me escuchas, y me dejas temblar,
y llorar, y soñar a tu lado.
Somos lo que somos.
No lo que debemos ser.
Y soy felicidad a tu lado.
Y no me preguntes por qué.
* * * *
No escuchamos la misma música
aunque tenemos canciones en común.
Tú toleras, incluso disfrutas, cosas tan patéticas como la champeta, el reguetón, y esas canciones románticas que son puro embuste a fuerza de idealización.
Y me río porque eres muy estúpida,
y tal vez te amo por la misma razón.
Yo escucho opera y música clásica.
Porque es lo simple lo que me acelera el corazón.
Mujer...
hay más de ti en el arte que no aprecias
que en el arte que consumes.
Tú piensas que soy arrogante:
todos mis amigos con mal gusto piensan lo mismo.
Pero siempre nos reencontramos en Mercedes.
O mejor en Silvio.
O mejor en Cortázar.
O mejor en los besos.
No tenemos los mismos gustos.
No nos parecemos.
Ni siquiera eres tan buena en la cama
como para decir que es eso.
Ya he tenido compañeras fascinantes:
increíbles artistas.
Espectaculares bailarinas.
Irresistibles escritoras.
Y pintoras y fotógrafas y dibujantes, pero esas no cuentan mucho.
Viejas ricas y viejas con dinero.
Muy sumisas.
Muy dominantes.
Pero la felicidad no está en eso.
Contigo por primera vez
dejé de sentirme sólo
dejé de sentirme deshabitado.
Y por eso te amo.
Bruta.
** ** ** **
Hay ocho pájaros azules en mi ventana.
Parecen dragones, son enormes.
Escribo este poema de amor
porque siento que es aquí
y no al hablar
donde realmente puedes escucharme.
En mis sueños:
te he golpeado
te he violado
te he esclavizado
y lo peor
te he olvidado.
En mis sueños he matado por ti
he muerto por ti
he mentido por ti
me he mentido por ti.
Y en mi soledad
es mucho lo que he llorado por ti.
No sé si es de ti de quien escribo.
Probablemente no.
No tienes la culpa de que ese aleteo azúl y majestuoso
en mi ventana
me lleve a ti.
No pienso en ti
no me aparece tu imagen en mi mente
casi no te recuerdo
simplemente te siento tan profundo
te ardo
te llamo
te deliro
te vivo como esas cosas...
tan intensas...
que matan
y matando, mueren
y muriendo, dan vida.
Pequeña mía
renaces en todas las cosas
en todos los días
eres más que un hogar
porque siempre
te llevo conmigo.
martes, 3 de mayo de 2016
Cuatro poemas de amor.
* * *
Fuiste el principio y el final de todas las hermosas cosas.
Se sentaron en las blancas nubes, los ángeles de la muerte, a verme llorar, y por supuesto me vieron.
Sin ti son invisibles hasta los pájaros amarillos.
Un día te amé, otro quise volver a tenerte, y por eso te he perdido.
La dicha verdadera debe ser otra cosa.
Pero es a ti lo que quiero.
Si tan sólo pudiera olvidarme de todo.
Si tan sólo pudiera parecerme a ti.
* * * *
Es tan hermoso tu recuerdo.
En especial ahora que ya no sonríes.
No escribo.
No invento.
No sueño.
Sólo para amarte he nacido.
Y no te encuentro
y no sonríes cuando te miro
qué triste es la vocación de tenerte
cuando te has ido.
* * * *
La vida no es poesía
poesía es haberte perdido.
La vida no es poesía
poesía eres tú.
No eres tú lo que busco
no eres esta tarde
y no te mueves con esos árboles
y no vienes a mi auxilio como antes.
Me asfixia tenerte tan lejos.
Me asfixia tenerte tan cerca pero no conmigo.
Me asfixia que puedas ser de otro
luego de haber sido conmigo.
* * * *
Jugamos a amarnos
fuimos dos gatos asesinando flores en la misma primavera.
Siempre hablé y siempre fuiste silencio.
Pero cómo duele ahora verte callar
sin tu cara de enamorada.
Ya no volverá a ser por mí esa sonrisa
la he perdido
te he perdido
ya a mi alegría no la desnuda la brisa.
miércoles, 20 de abril de 2016
La visita no deseada.
miércoles, 13 de abril de 2016
Raga, las parejas y el amor.
Este texto pretende dar un poco de luz a la forma en la que mis relaciones se han ido formando, las relaciones que incluyan un factor erótico, quizá porque es muy desagradable que queramos ver todo lo que nos rodea a través de la pupila del prejuicio. Mi amiga Kelly me ha sugerido ser menos como estoy acostumbrado a ser y tratar de ser más simple, de poder llegarle con más facilidad a las personas, es por eso que en este texto tengo la intención de ser un poco más intimo, sin de justificarme ni analizarme, sino compartirme, abrirme a quien quiera verme.
¿El amor se mide por pasado, presente y futuro? Quizá debamos empezar por esto, ya que, un prejuicio muy común es creer que nos importa más alguien cuando tenemos mucho pasado con esa persona, o por el contrario, mucho porvenir. Recuerdo que en mi relación con C.G. , una intelectual norteamericana, todo lo que hacíamos en el presente era destruido por lo que nuestras mentes proyectaban para el futuro. Para ese entonces, vivir el presente era para mí una idea o ideal, y no realmente algo que hiciese en todo instante, algo que viviese. Habían muchos pensamientos en mi mente que me avergonzaba aceptar, y el problema de no aceptar algo es que no se puede cambiar. Un pensamiento que surgía era ver a esa mujer como una salvación, como alguien con quien me podía casar y así adquirir un estado legal que me permitiera vivir de una forma diferente. Estás sensaciones no eran todo el tiempo, pero el deseo de que eso ocurriese me hacía distorsionar la figura de esa mujer, y crearle atributos que no tenía, desear cambiarla, que se adaptara a eso que mi mente quería. Quizá el principal problema de lo que llamamos amor, es que no nos enamoramos de las personas sino de la idea que tenemos de ellos, de lo que deseamos que esa persona sea y no de lo que realmente es.
El pasado y el futuro no son muy diferentes, nos sentimos identificados con el pasado y creemos que eso somos y por eso adquiere una importancia tan tremenda en nuestras vidas. En el pasado, en las definiciones, descansa una ilusión de seguridad producto del placer de la memoria y la comodidad. El futuro es el pasado proyectado a través de los deseos, por lo tanto, vivir en el futuro y vivir en el pasado sencillamente no es vivir sino aislarse de la vida. Y he notado que las relaciones de pareja se miden por estos dos aspectos, pasado y futuro.
¿El amor se puede medir? Esta es una pregunta muy seria, por favor, no salgan corriendo a disparar la primera frase que se les venga a la memoria, ni afirmen ni nieguen ni se sientan aturdidos por no saber qué responder. Vamos juntos a ver esto: ¿qué es lo que mido cuando mido al amor? ¿Comparo una idea con la otra y veo cuál me produce más placer? Bueno, vamos más lento porque siento que no me estoy comunicando muy claramente.
Si yo digo que Natalia es más que cualquier otra persona con la que comparto mi vida, o que Nina es más madura, o Jenniffer más excitante, etc, ¿Qué estoy comparando? ¿Los recuerdos que tenga de cada persona? Es decir, todos nos van dejando recuerdos de momentos que gozamos, y esos recuerdos los medimos, pero ¿eso es lo que esas personas son? Me parece que quien observe esto profundamente no puede hacer otra cosa que desecharlo, evidentemente necesito el recuerdo como una cosa funcional: recordar sus nombres, lo que me dicen, etc, etc. Pero ¿por qué es necesario que me identifique con el recuerdo? ¿Por qué tengo que decir: eso es lo que soy o lo que ella es? ¿Si están conmigo en esto? espero que por favor puedan verlo. Es muy, muy importante, porque todas nuestras relaciones que tenemos con los otros se basan en eso, en el recuerdo, y por lo tanto, perdemos la sensibilidad ante los otros y ante nosotros mismos, y sin esa sensibilidad no hay capacidad para comprendernos, para amarnos, no con el pensamiento sino con algo que va más allá.
Estos temas siempre se quedan cortos, hay tanto pero tanto para decir al respecto, se supone que iba a describir mis relaciones pero es que si no se entiende primero que el pasado y el amor no son lo mismo, entonces no tiene sentido seguir adelante.
¿Recuerdan la gringa de la que les hablé más arriba? Nuestras creencias y sueños son producto del pensamiento, de los deseos, de la memoria. Al igual que lo es nuestro egoísmo, porque el egoísmo es una imagen que tenemos de nosotros mismos, un pasado con el que nos sentimos identificados y esa imagen, al existir, inmediatamente se pone en conflicto con los otros, con el mundo. Ningún ser humano egoísta puede sentirse parte del mundo, siempre va a ver el mundo como algo ajeno a él, algo de lo cuál tiene que sacar el mayor provecho posible. Y eso es lo que buscamos en las relaciones de pareja, sacar provecho del otro, ver al otro como una fuente de seguridad y de placer, y por eso el otro se vuelve para mí un objeto, una necesidad, y si estoy atrapado en eso, entonces no puedo amar a ese ser, simplemente me aprovecho de él, y a eso le llamo amor. Sin saber que ese aprovecharme lo que hace es destruirme, hacerme insensible, incapaz de sentir, quedar preso en un patrón mental al que llamo "mi novia", o "mi amante", o Giahanna o Jessica o Miguel. Etc.
Entonces, para terminar esta entrada, la pregunta que surge es la siguiente: ¿puedo amar a? Es decir: Amo a mi novia, a mi amante, a mi madre, a mi país, al Dios que he inventado, a una ideología, a un escritor, a un libro, etc. ¿Qué no acaso cuando digo amo a, no estoy amando simplemente una idea, un pensamiento que tengo en mi memoria acerca de esa determinada persona o cosa o actividad? Es decir, que las cosas vivas se vuelven objetos, imágenes, cosas muertas, y por lo tanto no me relaciono con algo vivo, con lo que esa persona realmente es, no observo a esa persona totalmente, sino que la observo corrompido por la memoria, por el ayer, ese ayer que me hace tener una imagen o definición, tanto de mí mismo, como de los otros.
El primer paso y el único es desechar toda imagen tanto de mí mismo como de los otros, porque el placer proviene de la memoria, es decir, del pensamiento. Pero el amor no, el amor no proviene de ninguna parte, simplemente aparece cuando la mente se encuentra en un estado de quietud total, y ese estado es la belleza. Pero la mente suele estar inquieta, asustada, creando imágenes para perseguir placer a través de ellas y sufriendo tan hondamente como todos ustedes saben muy bien cuando esas imágenes -más tarde o más temprano- se revientan al no coincidir con la realidad.
Ninguna imagen puede producir seguridad real, sólo puede producir una ilusión, algo para dormirme y estimularme y olvidarme de todo de forma temporal. Pero la verdadera seguridad sólo ocurre cuando no hay absolutamente ninguna imagen, cuando mi mente comprende que la seguridad se encuentra en el cambio y no en la definición, cuando nos comunicamos con las cosas con total sensibilidad, sin que intervenga el pensamiento, esto produce una pasión enorme que no proviene del pensamiento, y es entonces cuando amo. Y luego de amar, de estar totalmente libre de esta cárcel del pensamiento que nosotros mismos hemos construido, es que puedo ver a Natalia o a Jessica, no a través del ayer, del pasado, sino con esta total energía y pasión, que no es producto del pensamiento sino que es el amor mismo y la belleza; luego puedo cocinar, ser mesero, ser jardinero, y todo eso va a tener el arte mismo que es la vida. No al decir: escribo y el escribir me produce amor. Sino amando, y luego de amar, puedo sentarme a escribir, sin sentir que me identifico con lo que escribo en el sentido del que venimos hablando, porque entonces puedo entregarme por completo a lo que hago, y esa entrega en sí misma se justifica, no porque me vaya a producir fama, o beneficios o todo eso que es lo que suele ser el motor del mundo hoy en día. Amar es la verdadera vocación de ser humano, y si escribo o cuido un jardín, eso importa muy poco, porque lo hago con amor, entregado a eso sin que se acumule en mi mente y se vuelvan rutina, me aburra, me sienta preso.
Lo siento mucho, parece que no pude ser personal y contarles detalles de mi vida, no es porque quiera esconder algo, simplemente es porque me parece que he dicho lo más importante. Si ustedes ven esto con total seriedad, y no como un mero entretenimiento intelectual, comprenderán la importancia que todas estas cosas tienen en sí mismas, y da igual si las dice Raga, o Krishnamurti o Cabral o quien sea, porque si ustedes la ven por sí mismos, sienten la verdad, la saborean, la viven... entonces no se creara una tonta imagen alrededor de Raga, por bella que sea, porque cualquier imagen, como hemos venido observando esta mañana, es simplemente un mero obstáculo para el amor.