jueves, 12 de septiembre de 2019

Disfunción eréctil.

Me acababa de dar una ducha
ella estaba peinándome el cabello
y me preguntó
cuál crema quería
si la de coco o la de los negros
yo le dí media vuelta
y nalgeándola le dije
"esto es lo que quiero"
ella se sonrojó
como siempre que la hago sentir mujer
y la hago sentir sumisa
empecé a penetrarla
mientras disfrutaba de sus nalgas en el espejo
pero de pronto empecé a sentir
una flácidez
una falta de ganas y de deseo.

Oh, yo que siempre critiqué
a los hombres infieles
ahora en este patético espejo me veo
y siento que el hombre es infiel
por amor a su familia
para no terminar sucumbiendo
a las ganas de meterse un tiro en la cabeza
por tener que cogerse
a la misma mujer de nuevo y de nuevo.

Y lo peor es que ella está buenísima,
y no empezó a aburrirme hasta que empecé a quererla.
Trataba de recurrir a las viejas mañas
a pensar en su hermana, o en su madre, o en cualquiera de aquellas
que me he cogido una o dos veces
en las soledades del perverso anhelo.

Pero nada, ella era más bella que todas ellas, el problema es que después de la primera vez
ya no apetece
ya no me enciende
en especial si tengo que metérselo
al verla de frente;
qué incomodidad
esta agonía
de querer tenerlo todo
pero no quererlo si lo tengo
de sufrir por lo perdido
y de sufrir por lo que aún no pierdo.

Pero está bien,
soy hombre,
de alguna manera resolveré esto
aunque tenga que dejar de masturbarme por un tiempo
o escribir poemas
hasta que llegue un nuevo amor
que traiga el mismo aburrimiento.

Mujer de humo

Pensé en ti
al recorrer una vez más
aquellos
nuestros pasos y caminos
y quise escribir este poema
para apelar a tu recuerdo
ya que sé que eres mujer
y que no crees
en el amor ni en el destino
la mujer tiene un solo Dios
y es la duda
y esa es su supervivencia
y su martirio.

Recuerdo aquellos
los únicos dos días
en los que te vi
antes de que te desvanecieras
como nube de humo
en el fuego del olvido,
lo vivido y los recuerdos.

El día primero
fue aquel en el que te conocí
y el segundo
aquel en donde te hice mía
y para siempre te esfumaste de mí.

Podría buscarte
pero para qué molestarte
para qué insistirte
si al venir lo harías
con todas las cosas que no son bellas
y que hoy no puedo ni intento recordar.

Mejor te escribo,
mejor me salvo de ti,
mejor dejo de ceder
a este vicio inútil de los hombres
de creer en el amor
y en el destino.

miércoles, 11 de septiembre de 2019

Fantine

Noches sin dormir
mensajes sin recibir
un cuerpo cansado de luchar
un futuro
que no termina de llegar
unas cuentas sin pagar
y yo no dejo pensar
en la sonrisa sin dientes de Fantine.

Todos tenemos una Cosette
que nos dejó de esperar
luchamos por un sueño
pero como decía mi madre
uno nunca sabe
para quién ha de trabajar.

A dónde se han ido las ganas
Fantine no canta
no ríe de loca por las calles
en mi corazón no suena una salsa
hay cosas que se rompen
y no se pueden reparar.

Qué poema más extraño
qué dolor
y qué agonía
tantas veces en el día
uno quiere
dar la vida por vencida.

Pero qué va
salió el sol
levántate y anda
que otro día acaba de llegar.

Tatuajes

Tatuajes.

La cara de mi madre
en esa foto
de cuándo era niña
y parecía haber nacido
para traer al mundo,
belleza y tristeza.

Esa sensación por la mañana,
de cuando me veo al espejo desnudo
y siento que por primera vez
luego de tanta dieta y ejercicio
no siento pena sino orgullo

Esas ganas de cuidarte,
ese temor al futuro,
estos nervios de que me faltes
esta angustia
de alguna vez fallarte.

Esa mujer que alguna vez creí amar
pero ella no terminó siendo lo que yo creía.

Aquel atardecer de aquel día
del cuál nada más puedo recordar.

Aquella vez que me humillé
para no perderte
y terminaste llendote de cualquier forma.

Aquella vez que por orgullo
nunca te busqué
para que regresaras
y terminé perdiéndote de cualquier forma.

Ese aroma, ese café
aquella Venezuela
que nunca va a volver.

Tantas cosas que tengo tatuadas
y no precisamente en la piel
tantas cosas que me brillan en la noche
cuando no puedo dormir
y nadie me puede ver
tatuajes que dolieron al hacermelos
y que nunca terminarán de doler.

domingo, 1 de septiembre de 2019

Acariciarte despacio

Ven, cariño
llegué del trabajo cansado.
Siéntate en mis piernas,
voy a oler tu pelo,
olerte es sentir que a casa he llegado.

Hueles delicioso,
te bañaste para recibirme como tanto me gusta.
Ahora acuéstate en mis piernas
boca abajo.
Voy a quitarte la ropa.
Y acariciarte despacio
hasta que te erices toda
y morder tus espalda
y apretar esas nalgas
que parecen flores
recién nacidas.

Quita mis zapatos.
No, así no, de rodillas.
Sí, también los calcetines.
Ahora el pantalón.
Ahora la ropa interior.

Muy bien, papi quiere
que se lo mames.
Muy rico.
Lo haces tan bién,
excelente,
no te tengo que decir cómo me gusta.
Ya tú lo sabes,
sólo tengo que relajarme
tú sabes
que naciste para complacerme
y sigues en tu arte
hasta derramarme
y morir de placer
entre tus labios.

Eres una buena chica,
papi está orgulloso de ti.

Querer

Querer
divina tortura
ilusión de que algo
en esta vida es cierto.

Ansiedad de adivinar el futuro,
predecirte en cada esquina.

Siempre es ganas,
nunca satisfacción,
la satisfacción es otra cosa,
querer, sin embargo
es el deseo de su repetición.

Si quisiste hace años
y hoy eres distinto
basta un recuerdo
convertido en palabra
esperado en silencio
para que un incendio ocurra
y vuelvas a ser y sentir
lo que creíste borrado de ti.

Es siempre incertumbre,
siempre buscar
aunque nunca se sepa lo que se busca
no obstante
siempre se sabe de lo que se huye
de esta incertidumbre
que es el querer mismo
no importan los consejos
las ideas
o las creencias
que hasta el cansancio has repetido
cuando llega la hora de lo incierto
y el querer
y el placer y el dolor
te consumen
como si nunca antes
otra cosa hubieras querido
podrías matar
para dejar de sentir
ese terror de morir
y esas cosas tan simples
te calman
pero siempre regresas
cuando todo termina
a lo único interminable
esa angustia
de querer
sin saber lo que se quiere
pero sí cuánto se teme
Y en esos breves instantes de miedo,
uno se siente vivo,
uno es un niño aterrado
a que lo encuentren en este juego de escondidas
entre querer
y querer que te quieran
y no piensas
que todo es un juego
piensas que morirás
de querer
si no te quieren.

Marissa

Cariño mío,
no tienes que seguir despidiéndote de mí
en tus poemas
tampoco hace falta que sufras
cuando me besas en otros labios
o cuando en otros ojos
crees ver mi mirada triste
llena de poemas.

Yo no te odio, mi niña
si te odié
o si me heriste
en el pasado
hoy tiene
muy poca importancia.

Tienes razón,
somos otros
o tal vez los mismos
pero distintos
cambiados
crecidos
sufridos
alejados
y como siempre que se esté vivo:
felices
aunque queramos negarlo en los poemas.

Yo me encuentro bien,
y espero que tú también,
que te quieran
que te cuiden
que hayas dejado de fumar
y que en la universidad
no te hayan contaminado
con absurdas ideologías.

Te imagino tocando el piano,
llorando cuando deberías estar feliz
con esos ojitos asiáticos
y con un precioso diamante
entre tus preciosos senos.

Aún llevo conmigo
la pulsera roja que nunca me regalaste,
el ajedrez que nunca aprendiste a jugar
(esa partida en la que te gané
y tanto te hice reír)
y tu anhelo de que tu hermano
leyera el principito
y se enamorara como nosotros de los libros.

Recuerdo tu admiración
por todo lo que yo era
hacía o decía
por mi capacidad
de ver las palabras con colores
por recordar tantas cosas
y por siempre tener
historias que contarte
y por esa forma de protegerte
que con nadie se compara.

No temas ya,
el tiempo ha pasado
y no en vano
como nos dijeron esos sabios
autores que
juntos leímos:
sufrir es una perdida de tiempo,
y como dijo el mejor poeta de nuestro tiempo:
siempre serás la niña de mis besos.

Y es que, pequeña mía,
mi poema favorito también se equivocaba:
el tiempo no lo borra todo
con su implacable tempestad de arena.
Siempre seré
tu Sabinas venezolano
y tú la alumna predilecta de mis fantasías
ya puedes dejar de decirme adiós en los poemas
ya que estamos escritos juntos
en una historia que es inseparable
aunque no la leamos de nuevo
o quién sabe
tal vez y se repita.
De cualquier forma
puedes venir a buscarme cuando quieras
cuando quieras leer un libro juntos
o que te posea
con maldad y con delicia
cuando quieras llorar entre mis brazos
o cuando simplemente
quieras dejar de luchar
con el deseo y el recuerdo.

Deja de decirme adiós
niña de mis besos
cuando quieras eres bienvenida
siempre que quieras sentirme
más allá de tus recuerdos.

Pero eso sí,
sin importar
si vienes
o te pierdes,
quiero que si lees esto me prometas
que vas a ser tan grande
como siempre soñé
que lo serías.