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jueves, 10 de marzo de 2016

Poema para quien me pertenece.

Porque tú no tienes nombre, porque tu nombre es pertenecerme.

Vienes como siempre a partirme los deseos
qué placer, qué glorioso placer
es darte ordenes con esa dulzura que sólo por ti siento
a cualquiera puedo amar
eso no depende de ellos
pero sólo tú me haces poseer
me haces tomar un centro que no es mío
y desde él penetrarte,
hacerte pertenecer
hacerte permanecer.

Todos mis deseos te buscan
antes de tener tu nombre
sin pensamiento de por miedo
cada uno de mis deseos busca tu forma
mis deseos eres tú, y no tu sombra.

Tomas el control y me pides que te ordene
que te someta
cuando me ruegas comprendo
que dueño no es el que te posee
dueño es a quien perteneces
y tú me perteneces
no has decidido hacerlo
no me he propuesto hacerlo
esas cosas inevitablemente ocurren
cuando ves el atardecer,
un pájaro
la fiesta de las hormigas
el amanecer despeinada
y con tu boca oliendo a mi semen
porque te cojo cuando me dé le gana
porque eres mía
y al ver todas esas cosas simples
todas esas cosas sencillas
me sientes...

no aparece mi imagen
no surgen en ti las forma que tengo de morder tus pezones
ni esa manera tan apasionada de besar
que impide que puedas llevarme el ritmo
tampoco mi sonrisa
-a tu parecer-
tan insoportablemente codiciada
no se trata de imágenes
tú no me perteneces por la memoria del pensamiento
me perteneces por la memoria de tus sentidos
porque de cualquier forma que me sientas
son las formas en las que existo.

miércoles, 15 de abril de 2015

Poema de amor.

Hacer el amor no es sexo romántico,
No es comer como todos comen,
Vestirse como todos se visten, o,
Decirse lo que todos se dicen.
Dictados por las ordenes de una pantalla.

Hacer el amor no es un poemario ridículo,
Que le gusta a medio mundo.
Hacer el amor no son suaves caricias,
Que a muchos aburren pero que
"Es la forma correcta, eso significa ternura".

Hacer el amor es hacer tu propio lenguaje,
Ponerte de espaldas a mí, con la cabeza
Enterrada en la cama como avestruz
Y el culo alzado que llegue casi hasta la luna,
Enterrarte mi sexo, mi verga, mi polla, mi mondá
Mi güevo; lentamente y sientas áspero y que
Eso no te de ni la mitad de placer de lo que te da complacerme.

Hacer el amor es hacerlo contigo, mi amor,
Y con otra perra, al menos que te provoque a
Ti ser la perra, y no mi amor.

Hacer el amor es libertad,
Es decir: ser mi esclava sexual.
Y yo, ser tu dios
Y tú, la encarnación feliz de tus demonios.

Hacer el amor es un ángel caído que se enamora.
Eso de quererse bonito es para ángeles
Que están más interesados en sus propias alas
Que en el ángel a quien aman.

Yo soy más dios que todos los dioses cuando tú me haces.
Cuando me das tu libertad.
Cuando deleitas mi semen.
Cuando me haces una lista de razones
De porqué en la cama te sientes tan libre,
Haciendo el arte de volver placer tus miedos,
De volver juego tus temores,
De reinventar el concepto de amor y libertad.

Y luego de violarte con permiso,
Y luego de maldecirte por amarme,
Mirarte a los ojos, abrazarte,
Hablar de literatura, sin decirnos
Un solo te amo, sin pedirte que seas mi novia;
Porque tú no eres mi novia, eres mi amiga.
Pero las personas que se aman, y son novios
Jamás se han querido tanto como nosotros.

¡Ay cariño! Yo no te haré mil versos de amor
Esos es para pendejos que dicen y no sienten.
¡Ay amor! Yo no te bajaré la luna, qué mamera,
Qué fastidio, que los amantes dejen de andar
Con cursilerias y promesas, de andar jugando a ser poetas,
Y que de una vez por todas se amen, y nos dejen en paz
A los que de verdad amamos demasiado la poesía
Como para andarla respetando.
¡Ay cariño, qué pereza!
No sé hacer poemas bonitos,
Lo que se entiende por bonito.
Ni hacer el amor,
Lo que se entiende por amor,
Yo sólo se quererte, pendeja mía,
Y qué bueno.

Porque mi cariño no se llama amor
Y mi poema no se llama bonito.
Porque mi cariño lleva tu nombre
Y mi poema es Victor Hugo Raga.

Y vez, ya se acabó el poema,
Y ya casi ni te amo.
Y vez, mi amor es tan efímero, tan corto.
Y vez, pero te quise muchísimo, mi amor.
Te disfruté tanto, sin miedo, te quise tanto,
Dándote todo, sin miedos ¿Ya vez?

No te quiero para siempre
Pero
Te quiero hasta cuando mi amor no se ve.




sábado, 14 de marzo de 2015

Poema: La mujer extraña

Llegó a mi vida de sorpresa,
Como los ojos alegres,
Que leen palabras de tu escrito.
No decía mucho,
Sólo lo preciso.
Un alma de belleza,
Que rencarna y renace.

Sus ojos:
Herencia de dioses,
Tal vez de un buda.

Cuando estaba en cuatro,
Gemía como la trompeta de Armstrong.
De frente, como una tos
Molesta y mocosa.

Me enterraba en su sexo,
Como los pies ansiosos de agua,
Se entierran en la arena.
Primero arde, quema,
Luego era frío, indiferente,
Como un recuerdo maldito
En medio de un beso prohibido.

Al final,
Me quedé en la blanda arena mojada,
Las estelas de ternura se parecían mucho a mi humillación
Y a su indiferencia.
Me soportó en lo peor de mí, 
Tal vez me amó sin conocerme.
No supe su nombre,
Sólo cómo se llamaba.
Tampoco quise conocer más:
Era feliz, no lo necesitaba.

Ahora se ha ido, tal vez vuelva mañana
¿Las olas mueren o regresan en otras olas?
Qué importa, tal vez no fue amor,
Sólo una mujer extraña.

viernes, 2 de enero de 2015

Los amantes.

¡Oh, amantes!
El frío, la noche,
El miedo, el terror.
Qué interminables son:
Como la muerte,
Los dioses falsos
(¿Hay otros?),
El dolor.
Estar vivo es tan insignificante
Que es el milagro más asombroso,
Que: en medio de un universo de mierda;
Mierda blanca, resplandeciente,
Que encandila los ojos
Y sus músculos,
Que deliberadamente ignoro.
Eso es la existencia: dolorosa ceguera.
Pero en ese infinito perturbador;
En esa noche blanca,
Los amamtes son negros soles.


Poema recitado en sueños por mi querido maestro, José Saramago.