lunes, 5 de enero de 2015

Capítulo 2 (vídeos no borrados)

He hallado una cinta donde hay vídeos nuestros teniendo sexo. En realidad son muchas cintas. Por un momento pensé en conservarlas, mirarlas cada vez que deseara evocar sus recuerdos. Luego me llené de rencor ¿No es patético añorar a quien puede estar siendo feliz ahora, con otro? Entonces apareció la venganza: una tentación de subirlos a internet, de hacer dinero con esos vídeos.

-Los vi por última vez y los borré.-

  Después de guardarlos en una memoria secreta. La cuál escondí en muy bien dentro de unas revistas de "Cómo llevar una vida saludable". Que por supuesto, nadie se interesará en leer.

Mi favorito es el de la primera vez que se la metí por el ano.

Poema: Te odio

Te odio,
Me haces tan feliz,
Y eso me entristece.
Sé muy bien,
Que lo bueno no es
A pesar de su muerte
Tan rápida y violenta (si tenemos suerte)
Sino precisamente por(1).
Pero, cuánta tristeza hay
Dentro de estos ratos de alegría,
Al saber que con cada primer beso
Empieza la despedida.
Encuentro a encuentro
Sé que se acerca el final
El feroz y definitivo.
Una ausencia como ésta,
Pero sin la esperanza de salvarme (o que me salves).
Día a día, te gozo y te sufro.
Nos acercamos al final, y como los viejos,
Sabemos que se acerca eso
Que ha estado desde el primer día con nosotros;
Pero ahora, está presente.
¿Es vejez de amor toda esta belleza que siento?
No creo, no añoro los recuerdos.
No hace falta estar viejo para temerle a la muerte.
¡Amor, sufro tanto por gozarte tanto!
¿No te das cuenta que esta tristeza es lo más hermoso?
Porque mientras más es la alegría de hoy,
Más es la nostalgia del mañana.
Estar triste es bonito,
Pero estar contigo es mejor:
A uno le da por hacer poemas,
Por evocarte, por llorarte a pinceladas.
¡Ay, cariño!
¿Crees que si no te odiara
Puediera amarte tanto?
1: Por la muerte, coño ¿En serio te lo tengo que explicar?

sábado, 3 de enero de 2015

La Frentona, reencuentro.

Estuve esperando alegremente, emocionado, feliz. No podía creer cómo esa mujer que había sido aquella a la que le juraba amor eterno con la inocencia pura del niño (aquella genuina, imposible de fingir) estaba dirigiéndose a mí, el mismo muchacho que se había dedicado dos años atrás a buscarla, a hacerla feliz (con la misma pura inocencia, ésa que tanto pretendemos fingir cuando nos hacemos mayores, pero que sólo es real en aquellos primeros amores, cuando no tenemos conciencia de que sea inocencia: Para nosotros es amor); y que ella, no había hecho más que rechazarme.

¿Estaría ahora, sintiendo rencor? ¿Era mi malicia adquirida inevitablemente con el transcurso de los años, los amores y en especial: las pieles y sus placeres, capaz de volver a este sueño frustrado, que se dirigía a mí lentamente, en aquel autobús de pasajeros: en una venganza?

No sé, creo que el simple hecho, de que estás dudas orbitaran en mis pensamientos disfrazadas con el color del agua, eran un síntoma inequívoco de que ya yo no era el mismo niño con amor eterno que fui. Ni ella era tampoco esa mujer de mis sueños que nunca fue (más allá de mi ignorancia inocente, de creer que el amor que cambia al que lo siente, puede cambiar al que lo recibe). De todas formas, mis ganas de verla, de sentirla: como el regreso de algo que creíamos perdido para siempre (Suponiendo que la intuición de un sentimiento pueda valer como uno), embriagaban mi presente haciéndolo transcurrir con una violenta ansiedad.

Usualmente la ansiedad hace que el tiempo se haga lento y frustrante, pero ella apareció rápido ¿Era la suerte del infiel, la bendición del diablo, la que hacía que el tráfico, desde pueblos con tantas estaciones de distancia, se encontraran vacías al momento de que este dulce pecado se dirigía hacía mí? -No, ella había tomado un bus que no atravesaba los pueblos, sino que viajaba en la autopista para llegar sin hacer paradas molestas.

Si bien la decepción de que el diablo no estuviese de mi lado, no fue nada en comparación con la emoción de saber que tomaba un bus más costoso para verme más rápido (O por simple comodida de no estar tanto tiempo en un sitio tan caluroso y lleno de tantos malos olores. Siempre es de una graciosa ironía la diferencia entre los hechos y nuestras interpretaciones).

-Se bajó del transporte público y se dirigió a mí, dándome un improvisto beso en la boca-

Por instantes no logré comprender el placer de sentirme tan especial, de que ella se sintiera tan orgullosa de ser la mujer de ese chico que la esparaba. De gritárselo al mundo, en ese silencioso símbolo del grito de las pieles, que es el beso.

Tan sorprendido estaba que no me dio tiempo de cerrar los ojos, y pude ver que un hombre se quedaba boquiabierto; evidenciando así, que venía molestando a mi chica (¿Lo era? ¿Qué acaso no fue mía en ese pequeño instante?) Tal vez coquetándole, como es frecuente en los autobuses que hagan los hombres. Buscando sexo debajo presupuesto, tantenado a cada mujer:"A ver si tal vez es puta, uno no sabe", sin importar como se pueda sentir esa extraña, y muchas veces bella mujer al respecto: "uno es hombre, uno siempre insiste, allá ellas si caen".

Al reaccionar, pensé enseguida en la Chama. Primero, en lo bien que se siente que te besen en público. La Chama, por su condición de amor furtivo, nunca me daba afecto en público. Y se sentía bien, que mi chica le enseñara a todos quién es su hombre. Luego una sombra bajo a mi estómago, para prácticar boxeo con él. Venían esas frases tan populares: "Cuando uno anda escondido siempre lo ven", o, "No hay nada oculto entre cielo y tierra". No andaba escondido, no era infiel, en teoría. Pero hay algo más allá, algo que te empuja a sentir que aunque termines con alguien, sigues siendo suyo. Y eso me llenaba de terror. Es decir, la idea de que la Chama se entere de mi escape y que eso signifique perderla para siempre.

Una parte de mí, muy ajena a mis deseos, a mi piel, a mis actos, me decía que si me acostaba con esta mujer, mi pacto con Dios se quebraría y, enseguida la Chama dejaría de ser el amor de mi vida. Pero por otro lado, ella y su aroma poseían mi piel de las fragancias más arrebatadoras y los deseos más descontrolados. Porque cuando uno desea bajo las normas, el compromiso y la lealtad, los deseos son siempre bajo un control y seguridad, que con el tiempo se vuelven insoportable.

Recorrimos las calles hasta mi casa, tomados de la mano. Cuando pasamos junto a la calle de sus tíos, le pregunté si deseaba soltarme, para evitar ser vistos. Su respuesta heló mi espalda, mi próstata, es decir, me extremeció: sostuvo mi mano aún más fuerte, y con la valentía de un adolescente estúpido, esa que me avergüenza admitir que carezco, me dijo: No importa, que me vean. Y eso me excitó de una forma en la que la Chama nunca había logrado ¿Sería más grande? Lo dudo, pero la novedad, la diferencia del carácter valiente de una y cobarde de otra, marcó huellas hondas, que sólo podían llenarse con sexo; y que paso a paso, se ahondaban más. Dejando mi garganta hecha un pozo seco... deseoso de su piel, su aroma, su sexo.

Cuando llegamos a casa, fuimos a mi alcoba. Era la primera vez que alguien que no fuese la Chama entraba a mi recámara. Mis familiares estaban durmiendo, no nos sintieron entrar. Cuando cerré la puerta, instantáneamente me dijo que no tenía mucho tiempo. Ésto me desconcertó, pero mis deseos no tardaron en ignorar cualquier desánimo y la invitaron a acostarse.

La noche anterior le había dicho en un texto que deseaba mostrarle mi mejor beso, lo que había aprendido el tiempo que estuvimos separados. No sé si eso le pareció repugnante, ahora que lo medito, a mí me hubiese dado asco en su posición. Lo cierto es que ignoró mi mensaje preguntándome otra cosa, que no recuerdo.

Me acosté a su lado, cerrando los ojos y besándola despacio, sintiendo ese fuego que revivía desde aquellas viejas promesas del pasado, y ahora se hacían presente y carne.

-me detuve antes empezar el beso-

Iba a decirle que quería darle mi mejor beso, por alguna extraña razón me parecía que era una línea buenísima para seducir.

Pero su teléfono sonó.

Que contestara me enfureció, así como nos enfurecemos los tímidos: mordiéndonos la rabia por miedo a decirla. Mi rabia casi se escapa del silencio cuando descubrí que era un chico, y que además, no hablaban de nada urgente que mereciera interrumpir la ceremonia. Me sentí tonto.

¿El gesto del beso?

¿Me besó con tanta seguridad sólo porque su amante estaba a kilómetros de distancia y aquí nadie la podía pillar?

La Chama jamás me haría nada así, pensé.

Entonces me invadió  un deseo de venganza, que luego se hizo solamente deseo. Y empecé  a besar su cuello, ella reía como no había reído antes en todo nuestro rato juntos. Me miró con sus ojos saltones y tiernos, con una complicidad inexplicable. Seguí bajando hasta sus senos y destapé por primera vez sus pechos. Nunca los había si quiera imaginado. Hasta ese momento no había caído en cuenta de que jamás la había imaginado desnuda, así de puros eran mis infantiles sentimientos. Pero ahí estaban sorprendiéndome sus pequeños pesones color café. Y un sabor de plástico que tiene la piel, que beso a beso con el pasar de la lengua va siendo salado por el sudor; y luego, dulce por los deseos. Los de la Chama eran diferentes, enormes senos, bellos con ropa o acostada, pero caídos por su propio peso, y de enormes aureolas, que me gustaba recorrer en un movimiento de larga y lenta espiral, que iba haciéndose pequeña y terminaba en su hinchado peson. Mientras mi lengua lo iba erizando con cada lamida. Y ahora, hacia lo mismo con la Frentona de medianos senos. Que en nuestros viejos tiempos tenía rizos que me fascinaban y ahora estaban alizados, sobre mi cama.

Colgó la llamada violentamente, sentí placer de ser superior a ese otro hombre. Me preguntó qué pretendía. Respondí que darle mi mejor beso. Lo dudó, me vio como si jamás haría eso, como si mis intenciones la ofendieran, seguno a segundo su rostro era más sombrío. Y por instinto o ganas de follar, subí a su cuello y lo besé.  Seguí besando hasta su cuello, y susurré: No sabes desde cuándo deseo ésto, tenerte en mi cama (dije darte mi mejor beso, pero significaba lo mismo) aquí, conmigo, en este cuarto, donde tantas veces te soñé.

Si bien mentí, yo lo sentía más real que cualquier verdad nunca antes dicha. Entonces dijo que estaba bien.

-Qué puta, me encantas, pensé.

Ella sola se quito la ropa, a la Chama siempre yo la desvestía, era raro. Su cuerpo asombroso:  vientre plano, caderas anchas, muslos blancos y grandes. Era de lejos, más sensual a nivel visual que la Chama. Quería ver su culo, que se veía irresistible a pesar de estar acostada boca arriba, gracias a sus caderas. Estaba afeitada. La besé más en los senos, luego su abdomen, su monte de Venus sin monte, me encantaba sentir las raíces de sus vellos en mi lengua. Y luego, su bulba. Me asusté, era enorme. la Chama la tenía pequeña como un pedacito casi imperceptible de piel o músculo. Éste era intimidante. Al lamerlo y empaparlo, perdí el miedo y gané ganas. Ella parecía no muy contenta, pensé que no le gustaba, le pregunté:

¿Cómo te gusta que te lo haga?

Dijo con desdén: No sé.

¿Cuando te tocas cómo lo haces? Pregunté

-No hago éso, es de lesbianas, y lo que haces también. Yo no necesito meterme el dedo, no soy así. Esas son las mujeres enfermas las que siempre tienen ganas y no se controlan.

Comprendí en aquel instante que había estado con chicos sin haber disfrutado, eran como si las palabras del cerdo más vil las que salieran de su boca. Entonces la sensación de pecado se hizo entonces de milagro, lo comprendí: Dios la había traído a mí para mostrarle el camino de cómo debe hacerse el amor para gozar con la pareja. Luego me abofeté mentalmente y me dije que no sea ridículo, que me la estaba cogiendo y listo, y que sí seguía perdería para siempre a la mujer que me amaba y mi pacto con Dios, y estaba a tiempo de salvarme, salvar mi gran amor.

-acerqué mi pene para metérselo-

-Yo no me cuido, dijo.

En ese instante recordé; al cerdo de su ex, a la llamada. Supe por intuición que le acababan siempre afuera y tal vez no siempre; pero cuando no, tomaba pastillas del día después. Sentí asco, Pero no pude tenerme. Acariciaba su clítoris con mi pene como si me pasara un cuchillo suavemente por la yugular. Pregunté con un cinismo inexplicable: ¿Quieres que use condón? Deseando que dijera que no, deseándolo, sin saber por qué, con toda mi alma.

-No, así no se siente igual, nada más acaba afuera, dijo.

Recordé a sus cerdos amantes, y sentí de nuevo el asco. Fui con ahínco a buscar uno, me lo puse y sentí que todo estaba bien, que no engañaba a la Chama. La penetré, a medida de que mi pene se hundía en ella sentía que perdía para siempre a la Chama, y a Dios, y me encantaba, sentir la liberación. La besé en los labios, sentí en su boca que así debía ser mi primera vez y no bajo ese absurdo pacto con Dios. Le susurré al oído que siempre había querido tenerla así, desde que la conocí. Era mentira, pero lo sentía real. Tal vez lo era, detrás de la inocencia de aquellos niños que fuimos. Creo que ella nos imagino de niños y se cohibió por un instante, luego lo sintió hermoso y me besó. No se movía, parecía muerta, me desesperaba. Pensé en sus prejuicios, la odié, y con ese odio la penetré furiosamente; y ella entreabría sus labios, sus ojos quedaban en blanco a medio cerrar, luego los cerraba y mordía sus labios para luego volver a estar en la posición anterior, pensé no sé por qué en la garganta de un sapo.

Le iba a pedir que sujetara mis nalgas para que me guíara, pero luego pensé que le diría a todos que soy gay, como suelen hacer esas mujeres prejuiciosas.

Seguía penetrándola y me dieron ganas de llorar; porque parecía muerta, ajena a mi piel. Sujete sus manos y las puse en mi culo, enojado. Le dije guíame. Ella calló, a los instantes me soltó y volvió a morir.

Yo buscaba con desesperación signos de vida, le dije ¿Quién es tu papi? Me miro con una mirada tan lúcida que me dio vértigo sentir que no perdía el control con mis empujones violentos.

-Di mi nombre, exigí.

Lo dijo, pero sentí desilusión  a escuchar ese tono que denotaba humillación y no placer.

Le dije que la quería en cuatro, abrió sus ojos saltones para decir que eso era de putas. Y para aclararme, como suelen hacer las putas: sin que le preguntase, que yo era apenas el segundo. Con un tono que se parecía mucho a esas mentiras que la gente repite como credo; a fuerza de que con la repetición, pierdan todo tono de nervios; pero a su vez, de vida.

Con voz de no tengo todo el día cabrón, dijo que tenía que irse. La penetré con todo lo que tenía: deseo y odio, y viceversa. Empezó a gemir como si un fantasma la poseyera, y me vine por primera vez en mi vida, dentro de una mujer. A pesar de que nunca lo había hecho sin condón. A la Chama siempre le acababa en la boca o en partes de su cuerpo. La Frentona jamás aceptaría eso, pero no fue por eso que acabé dentro, fue porque no tenía ya ni ganas de sacarlo. Nunca antes había acabado así, de mala gana. Como comiéndome la ensalada cuando era niño, con ganas de vomitar. Y llorar al sentirme tan defraudado. Eso fue un polvo con sabor a berenjenas.

La abracé, le dije que la quería, y mucho, que había sido hermoso. Y lo fue, lo sentía así, porque eso sentía mi corazón, es decir la parte de mí no egoista. La que me ve desde lejos, sin pensar en mis deseos.

-Me vestí para ir al baño.

Mi pene olía a semen y caucho. Me levante tan rápido que me mareé, pero seguí caminando, debía salir de ese maldito y miserable momento. Algo en mi subió como humo por mis piernas, rajó como navaja mi estómago, luego lo tenía en mi cabeza y mis ojos estaban en negro y blanco al mismo tiempo. Caí como en cámara lenta hacía atrás perdiendo el control de mí, y sonriendo, muerto de risa por dentro. Pensaba: Perdí a Dios y a la Chama para siempre.

Me desmayé.

Venezuela, país de Cronopios.

En Venezuela, el país de los cronopios, la gente sufre mucho, muchísimo, por los perritos callejeros. Ésto crea un gran debate entre famas y esperanzas. Los famas proponen copiar lo solución americana (que tienen para casos como este, y muchos otros, casi todos, de cualquier índole):

"Debemos colocarle collar al perro con dueño, e ir por las calles aniquilando a los perritos desamparados, y así: crear un gran sistema donde todos los perritos deban ser tratados como personitas y quererlos más que los bebés. Con una estricta política donde se  debe seguir al pie de la letra todas las reglas del 'reglamento-manual-sistemático-americano para este tipo de problema y todos los demás', el cual consiste básicamente en: comprar los utensilios y alimentos para perritos que propone el mercado para utensilios y alimentos de perritos; para de esta forma, promover la economía del país. El que no se adapte a estás leyes no tendrá derecho a tener perrito, ya que, si tanto lo quiere, ¿No puede sacrificarse entrando al sistema para conseguir lo que desea? Demuestren cuánto los aman y cuánto los quieren".

Luego de la muerte de Julio, el gran Cronopio, nacieron una nueva especie de Famas, famas híbridos: hablan como si fueran cronopios, piensan como famas y dicen a los cuatro vientos cuánto quieren a las esperanzas (a pesar de que no saben diferenciar a una esperanza de un perrito callejero). Su condición distorsionada los vuelve despreciables, por el hecho de hacer de las grandes ideas a las cuales los cronopios admiran: una imagen ridícula y podrida. Esta especie ha ido creando un sistema político donde les dice a las esperanzas que pueden ser cronopios si hacen lo que ellos dicen. Esta nueva religión a la que cruelmente llaman: Cronopismo, pone furioso a los cronopios. conocidos por ser ateos, no por falta de fe, sino por el placer que da la libertad de la indecisión; y además, porque no consideran que creer en un Dios sea mejor que creer en caminar bajo la lluvia como fundamento espiritual. Los discursos del Cronopismo, hacen que los dedos de los pies de los cronopios se vuelvan piedritas, estropeando las canciones de Jazz que iban cantando todos los cronopios en sus cabezas, y, tentándolos a largarse del país cronopiano.

Las famas-cronopistas se colocan felizmente su camiseta que dice: "Amo ser un cronopio", y van a comer a los restaurantes más caros de la región. Las esperanzas están muy felices, y cantan tregua y cantan catala, al saber que sus líderes cronopianos son un símbolo de prosperidad.

Cuando una esperanza ve a un cronopio, triste y decepcionado porque piensa que ya no vale la pena ser un cronopio si eso significa ser una fama o una esperanza, éstas le escupen, lo golpean y le dicen que es una fama estúpida. Actuando como deben hacerlo según la biblia cronopista. Los cronopios lloran; y luego se enojan, porque se dan cuenta de que las famas y las esperanzas les arruinan hasta las lágrimas. Un cronopio suspira: "Antes llorabamos tan felices y no lo sabíamos".

Las esperanzas no soportan la idea de que se mate a ningún perrito, y consideran que los muertos deben ser: las famas (no cronopistas). Dejando perplejos a las famas no cronopistas porque no comprenden como pueden hablar de bondad y luego querer matarlos. Las esperanzas siempre torpes y hermosas, ahora son torpes y violentas. Acto que impulsa a muchos famas a viajar fuera del país y a criticar a los famacronopistas que gobiernan: por ser injustos y robarse todo el dinero para ellos solos. Quebrantando las justas leyes de libre comercio que citan: todos pueden robar libremente, robará más el que compita más suciamente. (Manual de libre comercio para famas, 5000 A.C)

Jayme Bayly, un famanopio (un fama que se siente cronopio, o viceversa. A los cronopios les da igual porque no creen que ser cronopio sea una etiqueta, y que cada cronopio es como le da la gana ser) invita a su programa de televisión a muchas famas no cronopistas para que digan lo malo que es ser un famacronopista. Su lema es: ser fama es malo, pero ser famacronopista es peor. A veces invita a Cronopios y cuando les dicen que no quieren a los falsos cronopios, pero que no por eso van a ir a formar parte del equipo de los famas: hambrientos de consumismo y amantes de la vida superficial y vacía. Jayme se enoja y ataca. Y el cronopio se ríe y le saca la lengua. Entonces Jayme lo acusa de ser una esperanza cronopista o un fama cronopista (lo que se le desenrede de la lengua primero). Y el cronopio entristece, y no puede ni siquiera explicarle que las esperanzas odian a los famas sin darse cuenta de que odiandolos se hacen iguales a ellos, pero con menos dinero. Es decir, dejaron de ser tontas para ser estúpidas. Y Jayme dice que lo siente, pero ya es tarde, y el cronopio sólo quiere irse, y no escuchar tregua y catala nunca más.

Las esperanzas a pesar de que aman mucho a los perritos no quieren adoptarlos ni cuidarlos, pero la sola idea de que deban pagar por su cuidado los llena de odio y las enfurece. Las famacronopistas dicen lo que las esperanzas quieren escuchar para que bailen tregua y bailen catala. Se toman fotos recogiendo a perritos de la calle, pero en su casa sólo tienen perros de raza.

Los cronopios suspiran, ven la noche llena de estrellas y susurran: ¡Oh Julio, y pensar que a nosotros sólo nos gustan los gatos!




Victor Hugo Ramírez Gamez, dedicado a Julio Cortázar.

¿Soy el único que deseó ésto para navidad y año nuevo?

Le rehuyo a ese amor amor impuesto. En navidad me escondo a leer, no tolero el abrazo obligatorio. Esposos se acarician sólo porque hay testigos, posando su mano sobre su pareja como si despellejaran un cadáver podrido. Gente que habla, crítica, y opina sobre temas por los cuales, serían capaz de hacer cualquier cosa, menos formar parte de la solución.

Me consuela pensar que anteriormente las fechas navideñas se crearon por una necesidad de tregua, unión, dejar salir los fantasmas de la paz por un ratito, pero ¿No es absurdo que la época de paz y amor; sea ahora, una manifestación de hipocresía, amor a regaña dientes, y lo peor: presunciones superficiales (si es que no son estás el único tipo que existe)?

Si no vivimos en países en guerra ¿Por qué esperar hasta el último mes del año para demostrar afecto? ¿Realmente necesitamos que una fecha, y por qué no, un sistema, nos autorice a desbordar el cariño que se esconde bajo nuestra piel exhausta: de frío desprecio por la vida?

¿En serio está bien creer que meter tu barriga junto a un árbol sin vida, para tomar una foto solamente porque todos lo hacen, es la felicidad? ¿Quién nos ha inducido a pensar que el amor es un regalo material; y que, si no nos obsequian no nos quieren? ¿No es mejor usar una fecha especial para agradecer, con sobriedad, todas los aprendizajes que nos hicieron más rico este año? En vez de pedir a criaturas misteriosas suerte y prosperidad para el futuro. Deseos, que luego del primer lunes del año desaparecerán.

No odio la navidad, me parece una idea estupenda. Pero seguirá siendo un desperdicio de tiempo y recursos, mientras sigamos viviendo como vivimos. En un mundo lleno de falsedad, de sentimientos vacíos y de ideas superficiales. Es decir: La navidad es hueca porque nuestras vidas son huecas y, nuestro compromiso con el amor y la paz, no es algo presente en nuestras vidas, mas que como una función delegada a dioses, gobiernos, o cualquiera, menos nosotros mismos.

¿La alternativa? Creo que es clara. No resignarnos ni corrompernos. Demostrar al mundo que no necesitamos que nos digan cómo querer, qué agradecer, o porqué ( y por qué) ser felices. La vida es muy frágil como para esperar a fin de año para valorarla (o fingir que lo hacemos). Esta crítica es un deseo de amor que me desborda, es la resistencia de aceptar las cosas como me son dadas. Es el profundo cariño que siento por mis despreciables compañeritos de vida, que en el fondo, sé que aman respirar tanto como yo. Respirar las cosas bellas de la vida, es decir: Celebrar una navidad con fuego en el alma, en vez de fuegos artificiales. Aunque no sea diciembre, aunque no sea conmigo.

viernes, 2 de enero de 2015

Lunas luminosas.

Ya son dos noches seguidas
Llenas de infladas lunas luminosas.
Son tan hermosas
¿No es cierto?
Hace rato no hablo con nadie
¿No te ha pasado
Que hablar con los demás
Es lo que más te lleva a una honda soledad,
Como si fuese un destino, un efecto?
Se han ido alejando mis comunicaciones con los demás;
No lo busqué, te lo juro.
Sin embargo, tampoco hice nada para evitarlo.
Podía luchar, resistir, pero no lo hice
¿No sientes a veces que hablar con los demás
Es sólo un esfuerzo que redunda en tu soledad de nuevo? 
Se siente inútil muchas veces llegar a los otros;
En especial, porque un abismo nos separa.
Y lo peor, es que estoy al fondo de ese abismo.
Hablar con los otros debe valer de algo;
Sin embargo, de nuevo sin embargo,
Sólo en soledad lo comprendemos.
Debe haber alguien que piensa en mí ahora,
Y está igual de deslumbrado con estas bellas
Lunas luminosas.
Pero quizás ese alguien no ha nacido.
Estamos separados por muerte, espacio y tiempo:
Como yo y Cortázar  (Los vivos primero)
Que cuando lo conocí, se hizo mi amigo.
Los humanos podemos ser una sola cosa,
Cuando miramos las lunas,
Tomados de la manos,
Aunque no nos toquemos,
Aunque nos separen abismos.
Abismos luminosos.

El gran crítico literario César Aira describe a Julio Cortázar como un mal Borges; César es un lector admirable, de un libro por día. Quizá ya esté muerto e inmortal al mismo tiempo, como estamos todos cuando leemos. Ha descrito a Cortázar como un autor de iniciación y por eso tantos jóvenes lo aman, debe ser cierto, porque sin Cortázar, yo jamás hubiese pensado que este poemario tenía algún sentido. Cortázar nos hace sentir a los jóvenes escritores que al escribir debemos apretar los deditos de los pies hacía adentro, como la Maga, porque de lo contrario lo que hacemos no tiene nada de nosotros; no tiene nuestra esencia sino creemos en algo verdadero. Este poema es dedicado a Cortázar, mi gran maestro y mi escritor favorito. Alguna vez se me consideró un plagio de Cortázar, y en respuesta hice un poema llamado "El poeta de pene pequeño", que les invito a leer más adelante, no ahora, porque qué aburridas son las cosas que ocurren inmediatamente.

Los amantes.

¡Oh, amantes!
El frío, la noche,
El miedo, el terror.
Qué interminables son:
Como la muerte,
Los dioses falsos
(¿Hay otros?),
El dolor.
Estar vivo es tan insignificante
Que es el milagro más asombroso,
Que: en medio de un universo de mierda;
Mierda blanca, resplandeciente,
Que encandila los ojos
Y sus músculos,
Que deliberadamente ignoro.
Eso es la existencia: dolorosa ceguera.
Pero en ese infinito perturbador;
En esa noche blanca,
Los amamtes son negros soles.


Poema recitado en sueños por mi querido maestro, José Saramago.