lunes, 23 de diciembre de 2019

La bomba rellena

En Venezuela tenemos un postre llamado La bomba rellena, que es una dona esférica rellena de mucha crema y cubierta de azúcar.

Recuerdo que cuando iba a visitar a mis primos en Paraparal, el pueblo de la sombrilla, había un señor que iba casa por casa vendiendo Bombas rellenas. Al señor lo llamábamos Tomas Perez, ese no era su nombre, pero lo llamábamos así por su resemblanza con el pelotero que aprendí a amar mientra jugó con los Navegantes del Magallanes. Tomasito Perez nunca fue un jugador estrella, pero era del tamaño del desafío que se le presentara, era abiertamente fanático de los Cardenales de Lara, ya que él era de Barquisimeto, pero vistió la camisa de todos los equipos de la liga, y gracias a su constancia y su hambre por jugar en Venezuela, terminó siendo uno de los jugadores con más imparables conectados en la liga, resultado más de su constancia que de su talento natural.

El señor Tomas Perez, pasaba casa por casa gritando que ahí venía llegando la bomba rellena, yo nunca llegué a verlo en persona, pero lo imaginaba como si el jugador de béisbol llegase, luego de recorrer las soleadas calles de Paraparal con su cruz de vendedor ambulante.

Paraparal era un pueblo de casas construidas luego de que se había secado el inminente lago de Valencia, y ya para cuando yo me fui de Venezuela, el lago estaba retomando lo que era suyo, dejando a un sin número de familias de bajos recursos sin hogar, destinados a ir a refugios por tiempo indefinido, ya que nunca se les ofreció solución, y al final la mayoría terminó por irse del país debido a la crisis de cualquier forma.

Paraparal era una tierra de gente pobre y de delincuentes, muchos se asustaban cuando en Maracay decías que eras de allá, pero yo recuerdo a Paraparal con los ojos del niño, siento que sólo estuve en Paraparal un día y mil noches, porque cuando estaba de día, jugaba con mi Primo Gabriel, siempre los mismos juegos, siempre la misma felicidad en diferentes formas, pero en las noches, las noches eran otra cosa, recuerdo que me costaba mucho dormir en los colchones casi sin relleno del cuarto de mis primos, y de vez en cuando me despertaban los sonidos de balazos en las calles o los interminables maratones de vallenatos a todo volumen de los vecinos.

El país se fue yendo para siempre junto a mi niñez, recuerdo que cuando Chavez estaba en sus primeros años el primer cambio de la Bomba rellana era el pan, sabía como rancio, pero luego de morderlo el festival de placer cremoso te inundaba la boca, y no le hacías caso. Luego el señor Tomas Perez pasaba cada vez menos, y nosotros, como somos una familia retorcida, empezábamos a bromear de que se había muerto, y luego nos sentíamos mal por habernos reído. Luego las bombas eran más pequeñas, y al final terminaron por llegar sin crema, eran sólo pan rancio con azúcar, hasta que la azúcar empezó a escasear y ya Tomas Perez cambió de oficio o se fue del país, quién sabe. La moraleja de esta historia es que antes del Chavismo nos quejábamos de que las Bombas rellenas eran caras, las comprábamos, disfrutábamos, y seguíamos con nuestras vidas. Luego del Chavismo ya no habían Bombas rellenas.

sábado, 21 de diciembre de 2019

No creo en Dios, tampoco en ti.

Yo no creo en Dios
tampoco creo en ti
pero no me creas cuando digo que no creo
es menos la certeza de que no
que la duda de que sí.

Ayer oré por primera vez
no lo hacía desde mi niñez
y orar se sentía mucho a ti.

No creo en Dios, es cierto
pero qué bien se siente
dudar de lo que no creo
por eso y sólo por eso
quiero que dudes
cuando te digo
que no creo en ti
en tu voz que dice amarme
en tus ojos que piden
que jamás de tu lado me vaya.

martes, 17 de diciembre de 2019

Una mirada asiática

Tienes una mirada asiática
que como diría Lorca
parece tocar el otro lado de las cosas.

Parece que vas a llover,
en tus ojos veo ese color gris
que sólo identifican en el cielo
aquellos
los que han sido desdichados.

Tus labios parecen el placer
al otro lado
de la orilla del dolor

Te observo de rodillas,
frente a mí,
llorando por ti
por tu vida antes de cruzarte conmigo
y con tu bello
y asustado rostro lleno de lágrimas
empiezas a lamer desde la punta de mis pies
hasta que el dolor se vuelve placer
hasta que el desamparo se convierte
en pertenecer.

domingo, 15 de diciembre de 2019

Su pelo era rubio

Su pelo era rubio y sus labios muy suaves, no me gustaba, o bueno, tal vez sí, es difícil no ver magia dónde solo hay piel para un poeta.

Su voz era suave, mi conversación absorbente, no hubiese sido mi primera opción, pero no había más nadie, sólo estábamos ahí.

No lo sé, al final sus suaves besos sabían amargos, porque sabían a derrota, porque no tenían ese deseo de vuelta que otros besos tienen, y es necesario escribir al respecto, porque sólo eso me quita su sabor de la boca.

Dos meses sin escribir.

Escribo esto porque sé lo que pasará si no escribo nada, y espero que por lo menos al escribir algo diferente suceda.

La noche me sabe a derrota, pero si comparo esta noche con la de hace un año, vaya, esta noche sería una maravilla de las nuevas experiencias.

Pero yo no soy el mismo de hace un año, uno crece y al crecer le crecen las ganas, y espera más, y se contenta con menos facilidad.

Hace dos meses que no escribo nada, y no me gusta el tono que lleva este texto hasta ahora, pero una voz en mi interior me dice que escriba, que siga, que insista, que luche, que tarde o temprano saldrá algo que me guste, y por eso te hablo, para que seas testigo del primer paso de algo grande que viene, y quiero que estés conmigo.