jueves, 10 de agosto de 2017

Creíste

Creíste que te había olvidado
pero sólo te estaba odiando.

¿Te hago un poema de esos falsos?
De los que dicen que te aman libre
pero sólo es mientras crece el deseo de poseerte.

Aquí no hay víctimas ni culpables.
Tú cuentas tu historia
yo callo la mía.

No es secreto para nosotros
que hablar de ti me da vergüenza
mentiría si te digo que no te extraño
y mentiría aún peor si te digo que estuve orgulloso de ti.

En cuántos poemas habremos de contar nuestra historia.

El comienzo fue simple:
antes de darnos cuenta
ya empezamos a necesitarnos.

Pero tú siempre querías más
y si me hubieras dejado en paz
te habría dado más que más.

Me pusiste a prueba cada día.
Y fallé todas las pruebas.

No te amaba por lo que eras
sino a pesar de lo que sigues siendo.

¿Quién puede amarte por lo que eres?
Cuando lo que eres hasta a ti misma te hace daño.

Qué feliz te ves pretendiendo que eres feliz para negar que estás vacía.

-Tanto como yo desde aquel último día-

Sí, yo también creo que mereces esos poemas que ahora te hacen con mala ortografía.

Prefiero que creas que te olvido.
Te di tanto de mí
que saber que ya no estás mi vida
no deja de representar peligro.

Pero eso no es todo.
Eres también lo hermoso.
De qué voy a arrepentirme.
Si no he mentido nunca acerca de lo que eres.
Te dije lo que era hermoso
te dije lo que no lo era.
Sólo mentí cuando me aburrí de ti.
Cuando peleabas, cuando molestabas,
cuando pretendías que estabas siendo más de lo que merezco, cuando ambos sabemos que estabas tan ocupada probando mi amor, que no te quedó tiempo de amarme.

Siempre te arrepentías de cada hermosa cosa que llegaste a darme.
Eres tan dura por fuera
y por dentro tan cobarde.

Lo cierto, es que no dejo de pensarte.
Ve a poseer al sexo débil.
Controla a toda esa gente que se hace pasar buena, sólo mientras es cobarde.

Yo seguiré siendo para siempre
un hombre imperfecto
sin miedo de dejarte
un hombre fuerte y dominante.

Me cambiaste,
me rompiste,
me hiciste odiarte.

Pero al final
tú sufriste más
porque yo sí llegué a amarte.

martes, 25 de julio de 2017

Qué triste y qué azul.

Me miro al espejo y mis ojos se ven hermosos y tristes
como si esa ausencia se hubiese metido
en donde suele meterse
en el frío
en el miedo
en la sed.

Trajiste trasnocho
y un monton de deseos
más dulces que cualquier verdad.

Ahí está el caballo aquel
que cabalga lejos de mí
porque siente todo lo que pudo y no fue.

¿Y cómo una mariposa tan pequeña te puede acariciar, ahí, en donde duelen las guitarras?

Yo sé que nadie creería que este poema no es para ti,
ni siquiera tú.

Pero juguemos que se puede mentir
juguemos que nunca fuiste
que me duermo temprano
y que soy feliz.
O mejor,
juguemos que estás aquí,
juguemos que fuiste lo que nunca pudiste,
juguemos a que te hago feliz.

viernes, 23 de junio de 2017

El arte de las palabras.

Es curioso, pero me doy cuenta que hay un proceso previo al escribir bastante interesante; y es que, antes de ponerme a escribir, siento que las palabras vienen a mi cabeza, trayendo música, imágenes, bailes, movimientos, aromas. Y esas cosas vienen en orden de nacimiento, sin contradecirse la una a la otra, todas parecen venir sin otra función además de hacerme sumergirme en ese lago que es la consciencia.

Pero luego, me siento a escribir, y nada es lo que estaba en mi mente antes de empezar a expresarlo. Es como si hubiesen dos tipos de palabras, las expresadas y las del silencio, y siempre son más bellas las del silencio. Pero, esas palabras del silencio, son inexpresables, y cada palabra que se escribe, muestra una sombra de ese silencio, pero no lo contiene, porque esa es la delicia de sentir, que sentir es intraducible.

Hay personas que al escribir intentan alcanzar algo, un nivel, una perfección, o un canon de belleza. Porque sí, así como hay cánones de belleza en todas las culturas, también hay canones de belleza en la literatura. Porque recuerden que el mundo de afuera es una manifestación de lo que llevamos adentro, así que si hay desorden y caos a nuestro alrededor, puede ser un síntoma de que hay cosas que necesitamos sanar por dentro.

Ahora bien, por lo que me han contado de Mozart y otros a fines. Ellos tenían una percepción musical de las cosas, una manera de ver el mundo a través de sonidos. Yo creo que al escritor o por lo menos a mí, me pasa lo mismo, sólo que con las palabras. Y no digo esto tratando de vanagloriarme, simplemente creo que es la cualidad de todo talento, me parece que hay más vanidad en negar el talento con falsa modestia para que otro nos lleve la contraria y nos adule, que simplemente aceptar que está ahí como aceptar cualquier hecho.

Casi siempre se tiene la idea de que los genios son vanidosos y viven en un caos. Si ese es un requisito para ser un genio, me parece que es un poco tonto. No creo que el talento de alguien dependa de su incapacidad para afrontar problemas, derivado en la construcción a través de su realidad interna, de un mundo propio que lo refugie del real. Lo que trato de decir es que no creo que nadie necesite, por ejemplo, drogas para expandir su consciencia o experimentar demasiada miseria y sufrimiento para aprender algo. Creo que si eres inteligente, esa inteligencia te puede hacer ver el peligro de las cosas. Así como si vemos un precipicio, sentimos un peligro y nos quitamos, creo que lo mismo puede pasar con las cosas que pertuban nuestra consciencia, y tal vez el principal problema de nuestras vidas es que no nos vemos a nosotros mismos, no nos escuchamos ni observamos, estamos tan interesados de buscar algo prefijado o de huir, que nunca entendemos nada, ni sentimos lo que está a nuestro alrededor.

Sigo pensando en lo de las drogas para expandir la consciencia, la verdad no creo que la consciencia pueda expandirse. Lo que pienso es que si uno se droga, pues está drogado, y podemos darle nombres fabulosos a las cosas que sentimos, pero esto sería como decir que por apagar la luz el mundo deja de existir.

Pero volviendo al tema de escribir, la sensación que me produce es que hay algo en mi mente, y ese algo lo quiero expresar, lo quiero comunicar, y nunca lo consigo, pero mi tarea es hacer que la distancia entre lo que digo y lo que quiero decir, se reduzca al máximo. Y allí creo que tocamos el punto de la habilidad. Es decir, el talento es innato, en mi caso, la primera vez que me atreví a hablarle a una chica (De hecho, ella tuvo que hacer hasta lo imposible por acercarse a mí, debido a que yo era espantosamente tímido.) ya le estaba escribiendo poemas, e inventando historias de amor con ella, y mientras los otros muchachos de mi edad se hacían novios de las chicas para aprender a besar o para engañarlas y tener sexo con ellas, yo estaba convencido de que a esa chica la iba a amar para siempre a pesar de que ella no sentía lo mismo. Al contrario, a ella le parecía que yo simplemente era un niño guapo por ser muy blanco y tener rizos y un enorme culo.

Otra cosa que me hace sentir que el talento es innato, es el hecho de que al leer mi primer libro, a los 15 años, lo primero que sentí es que quería escribir libros, y usar las palabras para expresar las cosas profundas que necesitaban expresarse porque era indispensable que no muriesen en el silencio de las cosas que se van como si jamás hubiesen pasado.

Lo innato, es aquello que no puede incrementar con la práctica, que no se puede mejorar, que no depende de nuestros esfuerzos. Escribir no me hace ser más sensible ante las cosas hermosas, y esa sensibilidad, en cambio, sí es la que me hace escribir. Yo no decido ni elijo que me guste escribir, o que me encante leer, o que el olor de los libros me fascine tanto como el de una mujer amada, o que al escribir el tiempo se me pase como si para morir en palabras hubiese nacido. Y esa es la belleza, lo inmedible, lo incontrolable.

Controlar, el deseo de prolongar lo bello y hermoso, de hacerlo perdurar en el tiempo, lejos de lograr su objetivo, lo daña por completo. El momento en el que somos conscientes de que algo es hermoso, deja de serlo. Para explicar esto mejor, contaré una historia. Bien, estaba con una persona caminando por el bosque, yo le señalo a esa persona una bella flor, y esa persona dijo que era hermosa, y luego, empezó a hilar un monton de recuerdos relacionados a flores y todo lo demás. Mi punto es, que no observamos para sentir, sino para asociar, y ese proceso de asociación, de comparar todo lo que vemos con lo que está en nuestra memoria, no nos deja sentir por completo el aroma de la flor, y su color, y en sí, su belleza.

Pero todo tiene su respectivo lugar, el lenguaje es una ciencia, es matemática, es lógica, es un orden. Sin las leyes del lenguaje no podríamos entendernos, y me parece que allí es donde toma lugar la habilidad, que es, al fin y al cabo, lo que permite expresar lo que va más allá de las palabras. Muchos amigos que escriben, dan por sentado que lo que uno está leyendo, es lo que ellos tienen en su mente. Y no es así, uno lo que tiene frente a los ojos es un desastre de palabras que no refleja nada de lo que ellos tenían dentro antes de escribir. Y es allí donde la habilidad toma lugar. La práctica no te hace sentir, te hace expresar lo mejor posible lo que sientes. Porque las palabras son herramientas, y lo realmente esencial, no son las palabras, sino lo que va más halla de las palabras. Y ese creo que es el balance, las palabras como instrumento, para ir a lo que se esconde más allá de ellas.

miércoles, 7 de junio de 2017

Tu sonrisa es un cielo despejado.

El cielo era pálido, enorme, como si una gigantesca nube blanca estuviese ocultando el universo. Caían gotas suaves, largas, leves, como el hálito de algo hermoso que no se puede nombrar. "Cuando el clarín de la patria llama hasta el llano de la madre calla", le dije, recordando una frase que alguna vez mi madre me contó, una de esas frases aleatorias y sin sentido que vienen a la mente cuando llueve de forma tan delicada. La manifestación desordenada de los recuerdos, ese es un hábito común en los desterrados, una especie de nostalgia sin anhelos, una manera de olvidar todo lo que una vez fue tu hogar a través de recordarlo de una forma tan vaga y hermosa que pareciese que nunca hubiese pasado sino que lo soñaste. 

A ella le gustaba este hábito mío, me miraba como si nunca hubiese existido nada tan hermoso antes de mí, y yo me sentía amado, amado de esa forma que sólo puede ocurrir cuando eres absolutamente vulnerable, cuando sientes que podría pasarte cualquier cosa espantosa, hasta envejecer, y esa mujer seguiría a tu lado pensado que eres lo mejor que le haya podido acontecer en la vida. 

Estábamos solos, sumergidos en esa dicha que sólo tienen los amantes que se sienten completamente entregados y libres de cualquier tipo de interrupciones. Ella tenía una franela mía que le llegaba apenas a los muslos, y debajo no había más que una hermosa ropa interior negra invisible debido al delirio que me producían sus piernas. Se veía tan hermosa que no sabía si le acababa de hacer el amor o estaba apunto de hacérselo, y me encantaba perder la noción del tiempo al mirarla.

Afuera el cielo se hallaba tan pálido, pero su sonrisa sin mostrar los dientes era lo más parecido que he visto a un cielo azul de verano cuando se encuentra despejado. Sus ojos me ardían en el pecho como la voz de un pájaro. Le dije las palabras más bellas que hallé para describirla, pero uno no puede mirar a los ojos a una mujer que ama sin sentir que todo lo que le dices es una mentira, que las palabras pertenecen a otro mundo, el mundo de los que temen estar solos y a ese miedo le llaman amor, pero en cambio este silencio era tan como esa lluvia, estos ojos de voz de pájaro, esta sonrisa de cielo despejado... 

No te amo, ¿sabes?, no, no te amo. Decir que te amo es llenar este nacimiento de ayeres muertos y pesados, pero tú eres tan gris como este cielo y hay más dicha en el frío de tu cuerpo y en el ardor de tu alieno de la que hay en cualquier símbolo o significado.

Ella me dijo que tenía frío, y muy pocas cosas me estremecen tanto como cuando ella me dice eso y lo puedo ver en su piel de pasto acariciado por la brisa. La desnudé, porque cuando mi mujer tiene frío yo la despojo de todo abrigo que no sea el de mi piel; la acosté, la puse boca arriba, abría sus brazos como dos alas y contemplé por unos instantes su cuerpo, dejando que mi cuerpo se desbordara de ganas de poseerla mientras la miraba. Cada detalle de su cuerpo, cada uno de los rincones que me pertenecen; y me detenía en la magia envolvente de sus areolas y pezones que me fascinan mucho más durante el frió.

Y para qué contarte que la llené de besos, que me encanta el sabor de sus senos, que antes de que me diera cuenta ya ella estaba sobre mí, y nos mirábamos a los ojos siendo uno, mirándonos como nunca nadie se ha mirado, ni siquiera nosotros mismos.

Y dime, para qué te cuento eso, si tú también estuviste ahí... 

sábado, 3 de junio de 2017

Capítulo uno: el encuentro.

Los amores se sustentan de la ilusión, en cambio, esos instantes de inmensidad en el bosque, son vivos, van más allá de todo lo que pueda crear la imaginación.

Desde el primer momento en el que se conocieron, él sintió que caía en un abismo, y las cosquillas de ese salto le hacían sentir agradecido por no saber volar, por no poder resistirse a esta caída.

Quizá por puro hábito, la ignoró; él tenía la costumbre de ignorar deliberadamente a las personas hermosas, en especial si estas se mostraban muy interesadas en coquetear con él, cosa bastante frecuente. Él era un hombre muy fuerte, con un rostro de facciones muy finas y masculinas, un ser que tenía más relación con la naturaleza que con la sociedad, y que no salía de su casa sin un libro, y aprovechaba cada momento para leerlo, lo que le hacía casi inaccesible para las personas que querían llevarlo a la cama, y cuya única puerta de acceso era ese libro, debido a que era donde se posaba toda su atención cada vez que se hallaba en sociedad.

Ella trabajaba en el hotel donde él se hospedaba, la bella isla de Margarita representaba para él un cambio de clima, salió de los profundos bosques y de las cuatro estaciones del año, para encontrarse en una tierra de verano, arena, y mar.

Le gustaba ir a leer al mar, y llevarse un libro consigo, enterrar sus pies en la arena y sentir que esa calidez era el amor incondicional que reciben los niños con suerte. Le costaba abrir su libro, casi toda la atención se iba en la contemplación del mar.

Luego de eso iba al hotel, y cada vez que estaba leyendo en el comedor, sentía unas cosquillas en su estomago que lo forzaban a dejar de leer, entonces miraba a su alrededor, y en cuestión de segundos, aparecía ella, y esa conexión más allá de las palabras, incluso del lenguaje, lo dejaba anonadado. Ella simplemente pasaba y él sentía que todo era perfecto, sólo porque ella estaba caminando.

Pasaron por muchos encuentro sin palabras, entre ellos se entretejía una historia de amor que se escribía en cada uno de los rincones de aquel hotel en donde se topaban. Él no conocía los hábitos o rutinas de ella en ese trabajo, simplemente sabía donde encontrarla siguiendo esas cosquillas, ese instinto que lo llamaba; un instinto tan perdido entre los humanos pero que en su bosque lo podía ver en cualquier momento y maravillarse, porque estaba presente en todo el mundo animal. "Tal vez las palabras nos alejan de ese instinto", pensaba, al sonreír por sentir las cosquillas cerca y saber que la mujer destinada para él estaba por aparecer.

Sin darse cuenta, como nacidas de esas cosquillas y no de su proceso mental, pronunció las primeras palabras que resonarían el resto de sus vidas en las consciencias de cada uno:

-Todo es perfecto cuando tú caminas.

A lo que ella respondió con un estornudo, y empezó a reírse de una forma muy tierna, y su riza se fue disipando por comentarios con un tono burlesco y un excesivo uso de palabras obscenas que parecían transformas el comienzo de su primer diálogo y darle un tono bastante humillante para él.

Cuando él sintió su risa, sus cosquillas llegaron a niveles nunca antes alcanzados, estaba al borde de perder el aliento y morir físicamente de tanta dicha. Pero ella empezó a decir esas cosas que suelen decir las personas cuando no entienden la belleza del momento y terminan arruinándolo por completo debido a que sus reacciones lejos de darle continuidad al encantamiento y dejarse someter por él, lo exterminan por completo, como si fuese necesario explicar las cosas y darles un sentido antes de empezar a vivirlas, una incapacidad total para la improvisación, cosa muy frecuente en las personas de la urbe y en cambio ese instinto de improvisación es tan indispensable y desarrollado en todos los que viven en total contacto con la naturaleza.

Él se retiró bastante avergonzado e irritado, sin pronunciar palabra alguna luego de la primera y única frase que desarrolló tanta emoción y que ella transformó involuntariamente en tanta humillación, y cuando se marchaba sin despedirse ni dar explicaciones, ella vio claramente en su rostro que había dicho o hecho algo terrible y que le era imposible saber por qué, pero que debía hacer algo de inmediato, y como en esos momentos en donde no pensamos en que lo que hacemos es rogar, o peder el orgullo o algo que no haríamos por nadie, ella simplemente pronunció las primeras palabras que nacieron de sus cosquillas y no de su intelecto; las primeras palabras no pensadas sino sentidas con todo su ser, sus huesos, su sangre y su piel; las primeras palabras que hacían encender la llama destinada a someterlos a ambos, debido a que cualquier comentario que no fuese nacido de este impulso, estaba destinado a destruirlo por completo.

Y fue entonces cuando le dijo:

-Oye, espera, ven.

Fueron pronunciadas en un tono tan dulce, tan hermoso, tan demandante pero a la vez tan entregado, el tono de su voz le decía "Ven, yo también te necesito, yo tampoco me lo explico, pero sin conocerte ya no puedo vivir sin ti."

Ese tono era tan distinto a aquel primero que pretendía saberlo todo, que traducía su atracción mutua a un lenguaje tan burdo, tan corriente, arrojando la belleza inefable que los juntaba a un terreno en donde no podía más que perecer.

Y fue entonces cuando el se detuvo, y por primera vez desde que se hospedaba en el hotel ella lo vio sonreír, y fue la única vez en toda su vida en donde ella sintió por un instante que era capaz de entender todas las cosas sin necesidad de explicárselas mientras fuera capaz de sentir esa sonrisa. Y él al ver esa mirada tan hermosa, evidentemente producida por su propia belleza, bajo sus enormes pestañas y totalmente sonrojado se dio la vuelta y se esfumó, sintiendo que iba a morir de tantas cosquillas y del fuerte palpitar de su corazón.

sábado, 6 de mayo de 2017

Hay adioses que es mejor callarlos.

Él despertó junto a la mañana y salió a escuchar el trino de los pájaros. Estaba perdido en la maravilla que es sentir los tonos de todos los colores sin ponerles nombres, su mirada se hallaba fijada involuntariamente en una gota de rocío encima de un trebol. Entonces la vio a ella, venía regresando borracha de la noche, y en ese momento comprendió que nunca volvería a ser capaz de sentir nada por ella que no fuese lástima. No quiso mirarla, no quiso que sintiese que él se creía superior a ella sólo por no necesitarla -que era un hecho-, y dejó que el sentir de la fresca mañana se convirtiera en la muerte de la violencia inherente de los deseos y sus contradicciones.

Ya no eres ni un deseo frustrado, pensó, ahora eres sólo lástima, así que será mejor hacerte creer que no eres nada

domingo, 26 de marzo de 2017

Relato: Una breve historia de amor con Lupe.

Tomé un abrigo que se hallaba en un lugar que no era el adecuado, observé la belleza de la rosa que se encuentra en mi mesa de leer alrededor de varias botellas empezadas (me gusta el sonido que hacen al triturarlas antes de arrojarlas a la basura, y por eso dejo que se acumulen para hacerlo varias veces a la vez) su color era tan profundo, un rojo sombrío, pocas cosas son tan enigmáticas como el color rojo cuando es producto de la naturaleza y no algo artificial. 

Observé los libros en la ventana, y me di cuenta que cuando el cielo está nublado sus portadas no se ven tan hermosas. Por lo general al ver las portadas uno siente algo así como el deseo de leerlos todos a la vez, y junto a ese deseo, el miedo de que tal vez la vida o la muerte no consideren que ese deseo se deba satisfacer, y uno se siente como regresando de sumergir la mirada en un abismo sin fondo, luego de contemplar todas las posibilidades que podrían impedir la lectura de todos esos libros.

Al abrir la puerta resaltaban las ramas rojas del árbol del fondo a la izquierda, esas ramas ruborizadas resaltaban de inmediato en medio de tanto verde. La mirada se fue a la ventana, como despidiéndose con un suspiro de los trescientos libros. El canto de las aves era intenso pero no cercano, estaban todas bebiendo la ausencia de sol desde la copa de los árboles.

La dirección del caminar se fue hacia la salida más cercana a la calle principal, y pensé en la ardillita Lupe, y me pregunté si me estaría viendo aunque sea por lo menos en uno de sus frecuentes sueños. 

¿Les conté cómo conocí a la pequeña Lupe? un día me hallaba trabajando, y estaba descansando del espantoso y ensordecedor sonido de las máquinas, y ella pasó junto a mí, como esas cosas que te pasan por un lado y sientes que nunca habías visto una cosa tan hermosa caminar sobre la tierra. Saltaba en vez de correr, su gracia era tan evidente como imposible de pasar por alto, saltaba con las dos patitas del frente sumergidas en su pecho, y las desenredaba para caer apoyada en ellas. Y seguía y seguía y en cada salto yo la sentía. No podía verme porque las ardillas sólo ven los movimientos. Estaba actuando tan natural y despreocupada, muy pocas cosas en el mundo podemos decir que son hermosas cuando nadie las está viendo, pero sin duda Lupe es una de ellas. Yo estaba inmóvil, paralizado ante tanta belleza, y de vez en cuando tosía pero la brisa no le permitía a Lupe escucharme.

Luego retomó su elegante saltar que era su forma de llegar a todas partes, oh, sí, cada uno de sus suaves rasgos indicaban que era un pequeña, subía al árbol como nunca vi a otra de las ardillas subirlos, con el mismo movimiento de su salto, de dos en dos, como si sus patas delanteras y las traseras fuesen dos en vez de cuatro, y se le sentía tanta energía y tanta belleza.

Las ardillas suelen tener una energía que las pone ansiosas, muchas mañanas luego de un mal sueño he sentido envidia por ellas. Nunca me he drogado porque nunca he querido tener dueño, pero a veces uno se siente tan agotado desde el comienzo del día que sin darse cuenta se halla desesperado. Pero Lupe me mostró el secreto, luego de su primer caminar, el que le dio origen a nuestra historia de amor, ella se sentó encima del tronco cortado de un árbol (que debí cortar hace unos años debido a que estaba enfermo y su existencia ya no enriquecía a los demás árboles). En ese tronco ella se veía como una de las obras de arte más hermosas que ningún humano jamás podrá realizar, y yo estaba maravillado por todas esas cosas que no puede crear el pensamiento. Luego de unos instantes, Lupe quedó dormida, con los ojos abiertos, como agotada de toda la belleza que hace con el sencillo hecho de estar despierta y viviendo. Y luego cuando se dirigió al segundo árbol, aquel en donde confirmé que era una señorita, volvió a quedarse dormida. Las ardillas se duermen con los ojos abiertos, es como si se desconectaran, y su mirada es vacía, no es una mirada sino la ausencia de esta, como la de un rostro albergado de pensamientos. 

Lupe despertó y empezó a sentirme, si hubiese sido un macho habría huido, pero las hembras siempre son más curiosas. Y a pesar de que su mirada reflejaba terror, su curiosidad era más fuerte, y no podía moverse, inquietada con mi presencia y mi intensa mirada, tal vez podía sentir además mi sonrisa de placer por tenerla aterrada, sonrisa de placer por el sencillo hecho de que sería incapaz de hacerle daño, pero me encantaba gozar de la manifestación de sus sensaciones. 

Ella estaba aterrada pero su instinto le dejaba claro que era un macho, aunque no sabía de qué especie, y como era primavera no supo hacer nada mejor que dejar caer su enorme cola, hondeándola vehementemente emitiendo una especie de grito silencioso en medio de la enorme rama, y sus excrementos de roedor caían siendo golpeados por ésta, para esparcir el aroma del llamado del amor. Pero era un llamado que yo no podía responder, sino contemplar, maravillado, al borde de unas inexplicables carcajadas de emoción por ver a la naturaleza misma manifestándose frente a mis ojos.

Lupe entró en terror, si ese no era un macho entonces qué sería. Y empezó a emitir un sonido bastante horrible y alarmado, el aire de su pequeño cuerpo se acumulaba en unas fosas nasales deliberadamente obstruidas para componer ese ruido de espanto. Lupe demandaba una respuesta. Lo más inteligente hubiese sido irse, para preservarse (a pesar de no haber peligro), pero la curiosidad le impedía hacerlo.

El ruido no cesaba, y empezaba a ser agresivo, de ataque, y como es el caso usual en las hembras, en cuánto más tratan de ocultar el miedo, es cuando uno más evidentemente puede confirmar que lo tienen.

Ya empezaba a aburrirme de Lupe, porque ya me había visto, y no iba a asustarme un animal que por más asustado que esté, no tenía la capacidad de ser peligroso. La belleza de Lupe se había vuelto tan ausente como mis ganas de dejar que siguiera asustada, y me retiré a las labores de un día azul de primavera.

Volví a verla el día que Henry, a quien le decimos por cariño "el carajito e'l coño", vino a visitarnos. Me hallaba solo (al menos que ustedes como yo consideren a un libro de Poe una compañía), y ella estaba caminando de una forma nueva, con su nariz pegada en la tierra, moviendo la pata izquierda delantera junto a la derecha trasera, y luego lo mismo con las dos restantes, pasando indiferentemente sobre unos pajaritos que salieron volando, y sus agudos sentidos me maravillaron, pasando entre tantas ramas tan delgadas y amontonadas, y no tocando ni una sola. Cuando mi mirada distraída volvió a buscar a Lupe, como acordándose de una idea que no se dijo completa, Lupe había desaparecido, y seguí leyendo en medio de tanto azul y tanto verde.

Lupe terminó apareciendo, descendiendo de un árbol bastante retirado, y quedé fascinado al recordar que ellas se mueven más ágilmente en las alturas de las ramas que en el verde del piso, las ramas son las alas y los árboles su forma de volar. Bajó hasta una enorme rama, y lo que vi fue lo último que me esperaría ver, dejó caer sus cuatro patas encima de la gorda rama, y empezó simular los rituales del amor, elevando su cola como una bandera poseída por el viento, y luego cayendo desfallecida mientras el resto de su cuerpo se hallaba en la misma posición en la que se ejecutó el acto del amor.
Luego los pasos de unos vecinos interrumpieron su sueño de ojos abiertos, y desapareció entra las ramas.

Luego de unos siglos de Poe que tomaron espacio en un cuarto de hora, Lupe reapareció en la rama de un árbol cercano, contemplándome como si me amara. 

Pero en el paseo de hoy Lupe no estuvo, y las verdes enredaderas colgantes se balanceaban sobre los árboles, y me detuve otro momento antes de tomar el camino de la carretera, escuchando los pequeños gorriones alimentar a sus hijos. Y pensé en que tal vez nunca vuelva a ver a Lupe, o si la veo me odie por no ser una ardilla y no servirle de nada, lo que nos hace animales distintos es que ella no puede apreciar algo hermoso en sí mismo, para ella sólo existen las cosas que le sirven y son útiles. Lupe es indiferente a la belleza que produce y que no existiría sin ella.

En la carretera una extraña sensación bañaba mi rostro, olas cálidas de viento se mezclaban con otras bastante frías, y ambas parecían hacer el amor sobre mis mejillas, ruborizándome sin poder verlas pero sí sentirlas. A lo lejos un árbol de flores blancas con tonos violeta estallaba de belleza frente a mis ojos. Más adelante encontré un árbol de ramas secas que parecían una lluvia muerta y congelada, y de él empezaban a nacer blancas flores con un tono rosado, y las lágrimas inundaron mi rostro antes de que pudiera darme cuenta. De regreso vi a un árbol de cerezos que había sido asesinado por la última nevaba, y al verlo con cuidado me di cuenta de que nuevas flores le empezaban a nacer, y esa sensación de alegría e irracional esperanza sin esperas me colmaban como pocas cosas el sentimiento. No recuerdo cuántas horas me duró la sonrisa, las eternidades caben todas en un suspiro frente a un árbol de cerezos.

Seguí caminando y el primer árbol volvió a estallar sobre mis ojos, como si no lo hubiese visto, como si no lo estuviese escribiendo sino viendo en este momento, y se manifestaba imponente, en medio de verdes arbustos y al frente de la preciosa casa de finas piedras de mis vecinos.

Seguí caminando y me sentí tan feliz de ver las flores amarillas que sobrevivieron la nieve, como protegidas por su poderosa pero frágil belleza, y verlas brillar era más hermoso que cualquier refugio. Luego caminé y vi a mis vecinos, los que tienen a Dacota, la perra de uno de mi relatos, pero estaban demasiado ocupados y yo tenía pocos ánimos de no darme cuenta de ello. Contemplé a mi izquierda los arbustos amarillos, y me sentí tan triste al ver que se había desvanecido por completo su color de recién nacidos. La belleza es tan efímera y eso es lo único que la hace verdadera. 

Luego iba caminando y mis párpados empezaban a caer, porque es agotador ver con tanta intensidad todo lo que está a tu alrededor, y al bajar la mirada vi una bella flor del monte a la que se le empezaban a asomar unos preciosos pétalos amarillos, temblaba por la brisa y por el frío que hacía debido a que el sol se desvanecía, fríamente, como si nunca pensara volver, que es su forma diaria de desaparecer en primavera. 

Me senté y me quedé mirando bailar de frío a la flor, y con una sonrisa decidí nombrarla Laura porque era tan bella que parecía tener su raíz en el infierno y porque todas las cosas son tuyas cuando les das un nombre. Me levanté, y mi última visita de hoy fue para un joven árbol de flores blancas, que contemplé con una agotada sonrisa, y luego me devolví a casa, realmente exhausto de tanto ver. 

De regreso escuché a mi vecino, (el que cree que es dueño de Dacota, pero parece al revés), y no lo pude ver; luego pensé en que me sentía cansado, y levanté la mirada justo en el momento en el que sus ojos me reconocían, y su rostro dibujaba una preciosa sonrisa de chocolate que me llenó el abdomen de cosquillas, y yo respondí con una sonrisa tímida, avergonzada tal vez de que con mi acento y mi timidez la palabra "Hi" se exclame de forma tan estúpida. Ambos levantamos nuestras manos, la mía bajó rápidamente, la de él parece aún no haber bajado.

Seguí caminando pensando en lo mucho que alguien puede amarte por rescatar a su preciosa loba siberiana, y en ese momento me asomé a los gigantes pinos percatándome de la presencia de los halcones, eran demasiado y enormes, parecía que ese pino en particular tuviera la capacidad de hacerlos nacer como si fueran sus frutos. (¿Lupe me estará soñando mientras escribo esto?). Eran como unos cincuenta o tal vez más, pero no puedo culparlos por elegir como hogar la casa de la única persona en este bosque que sabe cómo volar. 





martes, 7 de marzo de 2017

Algunas mujeres son alguien, otras son algo.

Cuando uno habla de mujeres, a veces habla de alguien, y a veces de algo. Me imagino que con los hombres puede pasar lo mismo, pero ese es un tema que le corresponde tratar a quien desee hombres, yo sólo puedo hablar de mujeres porque es lo que me interesa.

Hay mujeres que son algo y hay mujeres que son alguien, y pensar que uno es mejor que el otro, que ser objeto es un insulto y ser alguien una virtud, es realmente inexacto. Todas las mujeres son algo y son alguien, en el aspecto sexual son algo, en todos los demás aspectos, son alguien. Y me parece que esto es lo que en ciertos estudios científicos se divide entre amor y deseo, y que, según esos estudios, son incompatibles.

Es decir, siempre que deseas a una mujer deseas a un objeto, tú ves senos, pero son las imágenes que esos senos desatan las que encienden el deseo. En este caso, nos referimos al tema psicológico, porque en el tema biológico, es totalmente distinto.

En el aspecto biológico, no somos conscientes de las reacciones que ocurren en nuestra actitud ante el estimulo sexual, está en nuestra naturaleza evolutiva, cuando un hombre le sonríe a la mujer de las tetas grandes o cuando una mujer es inusualmente amable con el chico atractivo, no somos conscientes de ello, es un mero instinto reproductivo que toma lugar en nuestra mente apenas ocurre.

Hay quienes han sugerido que Raga es un enfático promotor del poliamor, y no hay nada más inexacto que eso, debido a que en primer lugar, el término "poliamor" me parece no más que un eufemismo para referirse a la poligamia. El amor no tiene nada que ver con lo sexual, e identificar al amor con el apego sexual no es más que algo creado por la cultura. El amor es la forma en la que nos relacionamos con todo a nuestro alrededor, como sentimos las cosas que pasan mientras pasan. Pero eso nunca lo descubrimos porque el sexo es el centro de nuestra existencia, y casi todo lo que se hace al hablarse del amor, se trata del sexo y su importancia para nosotros.

En los estudios arriba mencionados, muchas mujeres reprimen los estímulos biológicos, en parte por educación y en parte -esto no es preciso- por el instinto, que se debe a que la hembra es fecundada, y por lo tanto, necesita tener al mejor fecundador, tener muchos fecundadores no es tan importante como tener al adecuado. En cambio, aparentemente, el macho a desarrollado un instinto de que mientras más mujeres fértiles, más seguridad tiene de reproducirse. Esto es muy instintivo, y los seres humanos somos mucho más complejos, y para entendernos hay que ahondar más profundamente, pero simplemente lo que quiero reflejar es que somos demasiado complejos como para andar tratando de definirnos. Definir no es comprender, a pesar de que se tenga la noción común de lo contrario.

Entonces, hay mujeres que uno recuerda en forma de objeto, por unos senos preciosos e interminables, por un tono de piel que te enciende, por sonrisas y gestos y manos que se tatúan en la memoria. Y este encuentro ocurre como el que puede ocurrir con un paisaje, es algo fácil, es algo simple. Por otro parte, cuando recuerdas a una mujer como alguien, recuerdas su complejidad, las historias que les entrelaza, la felicidad y por supuesto, las desdichas.

Las mujeres que son algo no es que no te importen, simplemente te importan de una forma diferente. Hay muchas cosas que influyen:

1) Incompatibilidad intelectual: Si a ti te gusta quedarte en casa y ella prefiere hacer cosas que a ti te aburren, y viceversa, es natural que no sientas tanto interés en su personalidad como en los encantos de su belleza, que son un hecho innegable, tanto como el hecho de su incompatibilidad. Es decir, lo que veo en ti es la belleza femenina, la contemplación y admiración, pero tu personalidad no es un libro que me mantenga sumergido línea por línea, y eso no está mal, muchas de las cosas hermosas se hallan en cosas sencillas. Lo que si estaría mal sería mentir e ilusionar para aprovecharte de esta persona, usarla, y lastimarla deliberadamente. Por lo tanto, esa persona es algo, como lo es una flor, un árbol, un atardecer, y pueden pasar momentos hermosos juntos. Ella sintiéndose hermosa y deseada a través de tus poemas, tú cediendo a los llamados de la inspiración.

2) Imposibilidad para enhebrar historias: Si una persona se halla casada, con hijos, y responsabilidades, definitivamente tu inteligencia instintivamente va a decirte que todo lo hermoso que ocurra con esta persona va a pasar a mediano plazo, ¿por qué? porque los deseos se vuelven destructivos cuando entran en contradicción. Lo que sientes (de tener un intelecto sano) es que la deseas, es hermosa, y te inspira; que el matrimonio no tiene sentido, y que la belleza se llama a sí misma a manifestarse a través de ustedes, pero que esa persona se haya en esa etapa en la que las personas no tienen energía para revolucionar sus vidas, y lo máximo que pueden hacer es huir de ellas, y llegará un momento en el que te des cuenta de que eres un escape para esa persona, y luego esa persona va a darse cuenta de que por más que quiera depender de ti, eso no va a salvarle de su vida, porque su vida es una máquina que genera conflicto y frustración, y tú eres sólo una breve pausa entre un ruido y otro. Temporalmente esta persona va a comprender que mientras más está contigo menos le gusta su vida, y van a tener que alejarse antes de que se arruinen la vida tratando de casarse o algo así.

En este caso, esta persona se vuelve objeto, porque es la única forma sana de disfrutarse mutuamente.

3) La edad: muchas veces nos atrae alguien mayor que nosotros, por su personalidad, sus anécdotas, y lo que puede enseñarnos, y además de que a veces la gente se vuelve sabia y madura con los años (muy pocas veces, por lo general sólo pasa cuando ya eran maduros de pequeños; el que es idiota, con los años se vuelve recontraidiota.); entonces, puedes sentirte muy atraído por esta persona, y es un capítulo que quieres vivir, sin embargo, sabes muy bien que esta persona tiene la belleza del ocaso, y eso te hace disfrutar intensamente lo que tienes mientras lo tienes, y es entonces cuando se va haciendo más y más objeto.

Así que, las personas que son algo, se vuelven capítulos en tu vida, y las personas que son alguien, con un libro entero.

Entonces, tenemos tres tipos de objeto: la flor sin intelecto, la brisa sin historia, y el ocaso que es efímero. Todas estás cosas fundamentan un conflicto entre ser alguien y ser algo, pero ¿de qué forma se puede vivir en armonía sin entrar en conflicto? sencillo, sin el deseo psicológico. El deseo de hallar seguridad en el futuro, de prolongar el placer indefinidamente, genera consigo el conflicto, sacrificas lo que vives por lo que podrías vivir. Hallas seguridad en ilusiones y al hacer esto conviertes el presente en un campo de batalla que se disputa entre lo que es y lo que debería ser.

Todas las personas son algo y son alguien, y es cuando las descubres, sin esperar nada de ellas, que misterios más allá de tu imaginación toman lugar. ¿por qué? porque aprendes de ellas, de lo que son, no de lo que esperas o te conviene que sean. Y es entonces cuando el amor toma lugar, porque amar es la forma de sentir, no lo que acumulas y controlas y mides. Y en ese punto, el sexo se vuelve una parte de tu vida, no el centro de ella, y el amor cobra un significado absolutamente nuevo.

Recordando a Laura Daniela

Hay personas que se quedan en tu corazón para siempre, y además en tu vida, y puedes disfrutar de ellos, de cada instante de ellos (suponiendo que usted sea de los que siente y no de los que se acostumbra); pero hay otras personas que se quedan en tu corazón, mas no en tu vida, y Laura es una de estas personas.

Escuchaba una canción inspirada en Maria Elena Walsh, y pensé en Laura. Laura estuvo conmigo en mis comienzos, cuando nadie me conocía, cuando nadie andaba ansioso por pretender que me conoce. Siempre pensamos a las personas que amamos en algún lugar, con ciertos colores, en un espacio que nuestra mente crea para ellos. La ciudad que hay en mi mente para Laura es una ciudad llena de bibliotecas y de tantas, pero tantas ganas de leer libros.

Laura y yo siempre nos amamos y nunca lo decíamos, porque éramos un par de niños con ganas de comerse al mundo a mordiscos de aventuras. Nunca soñé tan plácidamente como en esas noches en las que dormía con la bella sonrisa de Laura, llena, en parte de sueños, y en parte de ganas de soñar.

A mí lo que me gustaba de Laura era que en ella encontraba lo que no encontraba en nadie más, ¿y qué era eso? pues eso era Laura. Si comparabas a Laura con cualquier mujer, siempre iba a desencajar Laura, pero cuando simplemente te sumergías en Laura profundamente, te dabas cuenta de que ella era más que una mujer, y se encargaba en demostrarlo intensamente en cada instante.

Para Laura yo nunca fui Raga, ella no me llamaba así, ella no me respetaba, y tal vez sólo por eso pude confiar tan plenamente en ella, como no pude confiar en muchas de las mujeres que vinieron después, ¿cómo se supone que puedas confiar en alguien que desde el primer momento parece idealizarte y verte como la respuesta a todos sus problemas? ¿Cómo confiar en una mujer que te necesita sin siquiera conocerte?

Laura siempre tenía miedo de que la fama me corrompiese, se alarmaba un poco cuando empezaba a ver que salían admiradores y personas que me trataban como a un joven superdotado, yo no sé si llegué a corromperme, probablemente sí, porque de lo contrario no existe otra razón para que hoy Laura no esté conmigo. No me refiero a estar conmigo como pareja, de hecho nosotros jamás nos sentimos de esa forma más allá de esos momentos tan vulnerables que ocurren antes de dormir cuando uno se siente plenamente amado. A lo que me refiero es a que ella no está, y no puedo ni siquiera escuchar su voz, o mirar sus ojos llenos de emociones y deseos, y adivinar sus silencios y sus miradas, y sus gestos, porque ella no sabía ponerse en palabras, y yo era un traductor del lenguaje de sus gestos, ella podía mirarme y ya yo sabía qué quería, qué sentía, qué le aquejaba, y eso era lo hermoso de ser tal vez el único amigo verdadero de Laura.

Tal vez siempre he sentido una debilidad por esas personas que son tan maravillosas y a la vez no encuentran forma de manifestar su voz en este mundo, tal vez yo escucho su voz en sus silencios, sus secretos, su interior, y eso es lo que le da sentido a estar vivo y mi literatura. Yo no escribo por las cosas que hay que decir, sino por aquellas que no hay que callar.

A Laura siempre la siento como una niña, una niña siempre inconforme consigo misma, que cuando estaba sola se conmovía como nadie al ver el atardecer, pero cuando estaba conmigo buscaba siempre maneras de arruinar el momento con alguno de sus conocimientos científicos de astronomía que -aunque le irritaba- servían de inspiración para mis poemas. A Laura le encantaba arruinar todo momento tierno entre nosotros, tal vez porque era una forma de manifestarse, de hacerse presente, ella sabía que mientras me llevara la contraria sería alguien por sí misma y no simplemente la mujer de Raga, ella odiaba a Raga, a pesar de que me amaba a mí.

Laura siempre buscó maneras de no ser asociada conmigo, y de que siempre que se viese conmigo, encargarse de que se dieran cuenta de que ella no estaba babeando por mí como todas esas otras chicas, que según ella, venderían su dignidad a cambio de un poema.

Por eso es que Laura me ha inspirado tanto, porque a veces su necedad la hacía ver incorruptible.

Yo sé que tal vez Laura pueda despreciar todo lo que escribo, sencillamente porque es hermoso y ella odia esa sensación de belleza, porque no le gusta sentirse vulnerable frente a un poema, al menos que esté sola, al menos que esté dormida sujetándose a la vida mientras aprieta uno de mis fuertes brazos.

Es asombroso cuánto tiempo a pasado, es como si esa Laura ya no existiese, y formase parte de otra vida, y sin embargo, cuánto puede evocar un verso y un poema, cuántos mundos pueden nacer de un trocito de belleza.

Al irme de Laura me fui a la vez de toda la literatura latinoamericama, no por desprecio, no por idealizar lo extranjero, simplemente conseguí una tienda de libros usados y bueno, no hay demasiados libros latinoamericanos en esa tienda, así que me sumergí a la literatura universal, pero siempre que pienso en Benedetti, Sabato, Borges, Cortázar o Gabo (y Galeano, en especial Galeano), es como pensar en Laura.

Porque una persona no es sólo lo que es, sino que además es la etapa de tu vida por la que te acompañó.

He cambiado mucho, y me imagino que Laura también. Por lo menos me queda el consuelo de saber que a lo último Laura se aburría de mí, me decía que esa historia ya se la había contado, o que ya le había dicho sobre la historia de ese país, y bueno, el recuerdo de esa parte de la historia me hace pensar que tal vez le dí todo lo que pude darle mientras estuvimos juntos, y es un hermoso consuelo.

Yo no sé si Laura me recuerde, y no me molestaría si no lo hace, porque no deseo nada de ella, es imposible pedir más belleza de la que pasé a su lado.

Tal vez Laura ahora no tiene los mismos intereses, porque muchas de las cosas que Laura hacía, leía o observaba, era en gran parte porque todas las noches podía llegar y me lo iba a contar y yo la escucharía con toda la atención que le entrego a una flor o a un atardecer.

Yo he cambiado mucho, pero no cambiaría nada de lo que pasé con Laura.

Si volviese a verle, lo que haría sería escucharla, hablaría sólo lo necesario, gozaría de cada instante, de la forma en la que el aire sale de su interior, y sus dientes y lengua y labios hacen la magia de su voz.

Esto no es una despedida, yo a Laura jamás podría decirle adiós, porque Laura es una de las más bellas partes de mí. Y es necesario decir esto, porque sin su belleza y su apoyo yo probablemente no estaría aquí.

En la época de Laura, yo no tenía ganas de vivir, mi vida era una entera frustración, un conflicto entre lo que vivía y lo que quería vivir, y en esa época, los únicos momentos hermosos, eran aquellos con Laura.

Yo no sé nada de Laura, hace mucho no lo sé, pero sólo sé que deseo que le pasen todas las cosas hermosas y maravillosas que sólo un ser como ella merece que le pasen. Hablo de un atardecer, del verde del césped, de la brisa, y ojalá algún día puedas conocer ese mar al que siempre quise llevarte. Pequeña Laura, castorcito, china pendeja...

martes, 28 de febrero de 2017

50 cosas sobre Victor Hugo Raga

1) Puedo pasar horas y horas en la naturaleza sin aburrirme, siento que al estar en ella toda su belleza me limpia, y hasta los pensamientos pareciesen haberse pensado todos por primera vez.

2) No tengo muchos amigos artistas o intelectuales, a mis amigos los escojo porque son buenas personas, si escriben o pintan eso es lo menos importante.

3) No soy alguien conflictivo, todas mis relaciones son bastante hermosas, y por lo general cuando descubro que alguien es una máquina de general conflictos, me alejo sin mirar atrás, así como nadie vuelve a asomarse en la basura luego de haber tirado una comida podrida.

4) Me gusta la música clásica y las canciones con un profundo mensaje poético, como Silvio o Yupanqui; pero prefiero el canto de los pájaros por encima de todas las cosas.

5) Sufría de depresión diagnósticada hasta que conocí a Krishnamurti y mi vida se transformó por completo.

6) No soy tan mujeriego como se piensa, y aunque muchas veces me dicen que podría volver loca a la mujer que quiera con mis poemas, no pierdo mi tiempo escribiendo para personas que no me inspiren una profunda belleza.

7) Me gusta el ajedrez y soy invencible.

8) Hago ejercicio a diario.

9) Me encanta mirar las ramas de los pinos cuando hace brisa.

10) Me fascina el amanecer.

11) Me fascina el atardecer.

12) A pesar de que parezco serio y desde que soy niño todos dicen que tengo cara de jodido, siempre estoy haciendo reír a las personas que conviven conmigo diariamente.

13) Repudio a los manipuladores.

14) Repudio la hipocresía y la doble moral.

15) Soy una de esa rara raza de personas que todo lo que escribe, dice o piensa, es porque lo vive, y no porque le gustaría vivirlo algún día.

16) Puedo quedarme horas viendo las flores, mis favoritas son las amarillas.

17) Tengo muy buena memoria, y siempre tengo cosas interesantes que decir sobre casi cualquier tema.

18) Soy bastante conversador, mis amigos nunca se aburren cuando hablan conmigo.

19) Me encanta ver la lluvia caer y me encantan aún más cuando escampa y todos los colores se intensifican.

20) En todos los lugares donde he trabajado me reconocen como alguien bastante honesto.

21) Nunca he lastimado a nadie deliberadamente.

22) Canto muy feo pero a diario.

23) Me enseñé inglés yo mismo con libros en inglés y un diccionario.

24) No tengo ambiciones, ni sueños, ni me siento orgulloso de nada. Porque todas las cosas que hago las hago por amor, y encuentran un fin en sí mismas, no en su consecuencia.

25) No me comparo con absolutamente nadie. Compararse es destruirse, y no hay ser más miserable que aquel que siente dicha al compararse con otros.

26) No creo en eso de ser mejor persona, serás mañana lo que eres ahora, por lo tanto ser libre, ser bueno, y amar, son cosas que sólo ocurren en el presente.

27) No tengo creencias, ni politicas, ni religiosas, y eso lejos de hacerme cinico, me hace profundamente sensible a todo lo que me rodea.

28) No creo en Dios, y eso me hace ser profundamente responsable de todas mis acciones, de la forma en la que trato a los otros, en la que me expreso, en la que los escucho.

No creo en Dios, por lo tanto mi vida es lo que haga de ella ahora, y por lo tanto no soy de los que vive una vida llena de sinvergüenzuras esperando que un ser superior les perdone las crueldades.

29) La verdadera belleza no necesita expresarse, las palabras son limitadas, son la sombra de la verdad.

30) Mi primer libro lo leí a los 19 años.

31) Conocí la literatura gracias a las redes sociales, es por eso que siempre estoy compartiendo cosas en internet, no porque me crea mejor que nadie.

32) Casi todos piensan que soy arrogante antes de conocerme y al conocerme suelen sorprenderse muchísimo con lo forma tan tierna y cariñosa de ser.

33) Paso mucho tiempo solo, y eso suele perturbar a las personas que le tienen miedo a la soledad.

34) Casi todas las cosas que escribo son las mismas que vengo diciendo desde que tengo 15 años, sólo que ahora domino un poquito más el lenguaje.

35) Tengo una profunda fascinación por la historia, puedo contarles la historia de la cultura que quieran.

36) Lo que le da sentido a mi vida es la compasión (pasión por los otros), y la pasión significa, permanecer con el dolor, es decir, alguien apasionado es alguien que no huye del dolor, que lo afronta, y es por eso que aprendo de todo lo que vivo cada día, porque no huyo, no escapo.

37) Las personas que viven conmigo a diario me describen como alguien muy tranquilo, gracioso y cariñoso. No soy de los que son luz para la calle y oscuridad para la casa, de las personas que se quejan de mí, rara vez son las que comparten conmigo de verdad.

38) Soy bastante protector, cuando alguien se mete conmigo no hago caso, cuando alguien se mete con mis seres queridos soy bastante feroz.

39) De niño siempre fui un rebelde silencioso, odié la escuela siempre y reprobé casi todos los años porque no me interesaban las tareas. Me pasaban sólo por buen comportamiento, es decir, que era tan callado que los profesores llegaban al final del año y no sabían quién era.

40) De niño todos pensaban que tenía autismos o retraso mental porque siempre estaba callado, y solo, hasta me llevaron a un psicólogo, y les dijo a mis padres que tal vez simplemente no era común pero que no por eso había venido defectuoso.

41) De niño jugaba creando historias con los juguetes, siempre solo; y luego que no podía seguir jugando con juguetes, traté de satisfacer mis necesidades lúdicas con los deportes, pero no fue hasta que encontré la literatura que volví a sentir esa mágia que sólo había hallado de niño.

42) Me aburren muchísimo las personas con conflictos emocionales que no hacen más que escapar de sus problemas, la cobardía es lo más común que hay, nadie cobarde puede ser interesante. Cuando alguien quiere enfrentar sus problemas, entonces me levanto y digo: cuentas conmigo, vamos a echarle mano a esto.

43) Tengo mucha imaginación, lo cuál es bastante divertido.

44) Mis sentidos son bastante agudos, por lo general percibo cosas que casi todos pasan por alto.

45) Mi habitación es una biblioteca con una cama en el medio.

46) Suelo reírme como un niño pícaro y travieso.

47) Me encanta ronronear cuando tengo sueño.

48) Soy bastante selectivo en escoger libros que leer, y musas en las que inspirarme. Siento que cada página de un libro aburrido, es una menos de un libro interesante.

49) Soy bastante respetuoso a pesar de que no lo aparente en redes sociales.

50) No soy vanidoso en lo más mínimo, suelo ignorar todos los halagos, y además, soy bastante abierto, siempre que alguien tiene algo que decirme le escucho con atención e interés. Así que si alguna vez has querido conversar conmigo, no dudes en hacerlo, seguramente la pasaremos bien si tenemos intereses en común.

Detesto a los líderes y a los seguidores, sólo me interesan los amigos.

sábado, 25 de febrero de 2017

Defensa a Amarilla Pálida

Eterna exagerada
cada cosa bella que le pasa
no es la mejor del día
es la mejor del mundo
Amarilla Pálida

Llora con las flores,
los amaneceres y los atardeceres
se rompe como una luna
cuando le hablan de Violeta Parra
Amarilla Pálida

No es como cualquier mujer
por eso es inútil compararla con
cualquier concepto
para tratar de entenderla
Amarilla Pálida

Si hay dos canciones de Silvio
una con sus músicos y con la preciosa Niurka,
y otra con un joven Silvio tocando desafinadamente
con más ganas que arte;
ella siempre preferirá la del joven Silvio
Amarilla Pálida

Ella no es un invento de Raga y sus poemas.
cuando Raga muera,
caminar sobre la nieve seguirá siendo hermoso,
y ella seguirá siendo una manifestación de la primavera y el abril florido.
Amarilla Pálida

Tiene un canto hermoso y profundo,
una mezcla del canto de una ballena
con el ronronear de un gato,
y pocos lo han conocido
porque lo reserva como un tesoro
y yo conozco mejor que nadie
su bello canto
porque su voz siempre fue una puesta de sol,
borrando las estatuas de lo imposible.
Amarilla Pálida

Raga no la odia, primero porque no es capaz de odiar a nadie; segundo porque no es capaz de no quererla.
Amarilla Pálida

Cuando maneja bicicleta ella parece una de las hojas de las que Raga habla en sus poemas,
luego se sienta a comer patillas
con lo más hermoso que tiene, que son sus hijas.
Amarilla Pálida

Trabaja tanto por esas pequeñas que parece un poema de Victor Jara
《Te recuerdo Natalia, la calle mojada, ibas a encontrarte con él, con él, con él...
cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos....》
Amarilla Pálida

Tiene un bello tatuaje que representa a Raga y a su manera de ver la vida,
porque ella
como muy pocas personas
sabe que Raga no es una persona
es una manera de sentir las cosas
Amarilla Pálida

Ella es siempre un amor a primera vista
y para no olvidarse de recordarlo
lo tiene tatuado en su antebrazo.
Es una pena, realmente una apena,
tener que gastar energía
defendiendo a Amarilla Pálida
cuando simplemente
todos podríamos amarla.
Amarilla Pálida.

jueves, 23 de febrero de 2017

El poema no correspondido.

La verdad es que usted me gusta, y que yo no le gusto es algo evidente ¿y qué espera que haga al respecto? Yo no puedo hacer nada, prefiero seguir de largo y ahorrarnos el incomodo pesar de exponerme a las humillaciones del cortejo no correspondido.

No, por favor, no me dé esperanzas, yo no creo en el futuro. Yo la deseo ahora, y mañana usted no será usted y yo no seré yo. Esto que ocurre lo siento ahora por lo tanto sólo ahora es posible y tiene sentido, y no, no es mañana ni más tarde, es ahora.

Hay quienes confunden la expresión del deseo con una promesa, y eso sólo sirve para general malos entendidos.

Usted qué espera, si se encuentra ante un hombre que puede llevar a su cuerpo y a su vida todo lo que siempre soñó en los poemas, pero no, usted está asustada, usted no sabe qué hacer, usted tiene miedo y ha sido lastimada y ha lastimado y todas esas cosas que son esas excusas que se repite a diario para convencerse de que no es cobarde, pero lo es, porque tiene que actuar ahora, pero no tiene la menor idea de afrontar algo que no sea prodecible, porque usted como tanto se ha propuesto a buscar lo seguro en esa falsa ilusión de seguridad que se llama comodidad, y sólo sirve para volvernos incapaces de responder ante el desafío de lo nunca antes visto.

Usted aspira a confiar en alguien con el tiempo, acumulando experiencias juntos. Eso es lo que usted ha hecho hasta ahora, y mire a dónde la ha llevado, a estar frente a alguien totalmente distinto a todo lo que ha vivido y aún así temer sin saber muy bien por qué.

Mejor siga de largo, haga lo que siempre ha hecho, y viva lo que siempre ha vivido, haga de su futuro una interminable prolongación de su presente, como todo el mundo, y no deje que lo nuevo y lo desconocido la toque nunca.

Yo por mi parte me quedo con esta ausencia de usted que vive presente conmigo, desde la primera vez que la vi, y me supe lleno de deseos por usted.

sábado, 18 de febrero de 2017

Poema: Medias y flores.

Me gusta cuando caminas entre libros, y piensas en mí, tal vez sintiendo con mi mano tu cintura, o tal vez sintiendo tu sonrisa al ver arder el verde sacudido con la brisa hasta llegar a mis ojos.

Aunque no me creas, a veces me siento solo, y empiezo a reírme imaginando que me dices que cómo puedo sentirme mal por los que pasan por mi vida y se van, si soy una de las cosas más bellas que le puede pasar a quienes van más allá, a quienes llegan al fondo de las hermosas cosas. No porque traten de analizarlas, sino porque su gran sensibilidad les hace comprenderlas.

He crecido mucho y aprendido mucho, pero aún me sigue erizando la piel el olor del pan y del café recién molido. Nunca he querido ser otra cosa, ¿para qué si al leerme quién puede decir que mi vida puede ser mejor? No porque tenga mucho, sabes perfectamente bien que soy obstinadamenre sobrio, porque siento que el silencio -y no desperdiciar palabras- es lo que le da sentido a lo que escribo. Pero, sabes que mi manera de sentir las cosas es tan honda que es imposible que exista algo mejor, porque cuando algo se siente con todos los sentidos, no puede ser mejorable.

El otro día vi a esta señorita, era pequeña y curiosa y seguramente es la primera persona que está leyendo esto, porque me adora y porque adora todo lo que hago, y se lo goza como nadie. Ella iba en un bus con una gigantezca flor que la hacía ver aún más pequeña y tierna, los enormes pétalos color atardecer, lejos de desvanecerla como si ese fuese el sol y ella un árbol, parecía integrarse a ella y hasta hubiese creído que nacieron juntas.

Tenía unas medias negras que la hacían ver deliciosamente fuera de lo común, me imagino que habrá quienes se reían o quienes lo asocien con algo de incitación sexual, pero tal vez soy el único en todo el mundo que la siente como realmente es y aprecia su belleza, y eso hace que me guste un poco más.

Por supuesto tenía un libro entre sus piernas pálidas que contrastaban con la noche de sus medias, y sus largas uñas golpeaban nerviosas la portada como si fuera Óscar Mazerath y su tambor de hojalata, y entonces pensé que tenías razón al reírte de mí, si a veces estoy solo, es porque las cosas que siento no son sentibles para todo el mundo, y eso es algo que olvido constantemente (lo especial que soy) hasta que tú me lo recuerdas.

Amanece y el sol se halla en una esquina de la ventana haciendo que las sombras de mis libros se dibujen como una obra de arte en la tela de la cortina. Es un hermoso día, quizá por las cosas que ya no existen y permiten que tenga respiración este poema.

jueves, 16 de febrero de 2017

Diario de Raga, noche 2.

No suelo hablar por hablar, ni escribir por escribir. La mayor parte del tiempo soy una persona muy callada y de semblante bastante serio, lo he sido así desde niño, y eso intimidaba tanto a los profesores como a los estudiantes. No me gustaba prostituir mi sonrisa, y aún hoy siento que mi sonrisa una de las cosas más hermosas de ser yo, porque no la vendo ni la reprimo, sino que nace espontáneamente cuando tiene que nacer.

Mi voz nace desde lo más hondo de mi ser, no hablo por fragmentos, hablo con lo más profundo que hay en mí y que no tiene nombre pero nace sólo de silencio de no disipar la energía a través de innecesarias palabras. Y es por eso que mi voz honra el silencio, es por eso que mi voz es sonido y no ruido, y lamento mucho si sueno arrogante por hablar con seguridad, pero esa es mi forma de andar, pisando firme, y si me equivoco, corrijo; pero cuando me equivoco es sin andar tambaleando entre cada paso por miedo a equivocarme.

Mi voz, paradójicamente, es bastante suave, y hablo con ternura, suelo expresar mucho cariño y compasión por todas las personas con quienes comparto, pero eso no puede expresarse de forma escrita. En un relato uno puede explicar -y muchas veces se debe- el tono de un personaje, describir su naturaleza, encarna las imágenes a través de los detalles.

Muchas veces parezco alguien bastante serio, y es porque lo soy, yo vivo todo lo que escribo, yo soy todo lo que escribo. Cuando quiero escribir un poema de alguien, o de algo, yo debo convertirme en ese alguien o ese algo, hasta que no sea uno mismo con el poema, las palabras expresadas van a sentirse falsas en mi interior, y tal vez el lector no tenga la sensibilidad de sentir esa falsedad, pero el arte es una expresión en sí misma, como la vida. Un artista no es alguien aprendido, sino alguien que aprende, y es por eso que para mí el arte no es un escape de la vida, sino una forma de expresarla.

Pero lamentablemente, los cobardes traducen todo lo que ven al lenguaje de su propio miedo, y yo no escribo para el miedo, ni para manipular a los otros ni para pedir que me manipulen, si escribo es porque el miedo termina, si mi llama arde es porque es fuego, y no puede arder mi llama si la leña está húmeda de temores, pero basta de metáforas.

El punto es que soy bastante protector y cariñoso, no pierdo el tiempo con los que tratan de ser mis admiradores, ni con los que son tus amigos a medias, y mucho menos con los que trantan de hacerme daño. (Los que tratan de hacerle daño a mis amigos, esos no corren con la misma suerte).

Si uno quiere conocer a alguien debe pasar tiempo con esa persona, pero casi todos vivimos en un estado de andar teniendo prejuicios de los otros por instinto de defensa propia, lo que impide que podamos comprendernos, comunicarnos, relacionarnos realmente y no a través de imagenes. Y la vida es relación, por eso es que nuestras vidas suelen ser un campo de batalla, porque nuestra manera de ver las cosas, nos pone en conflicto con los otros, y eso es nuestra vida diaria, por más que se agarren de manos, sean exhibicionistas en las redes sociales y proclamen lo mucho que aman a alguien. Siempre termina siendo la vida una constante lucha, frustración y decepción, y casi todos se conforman con vivir así, y asumen que no hay otra forma de vivir.

Ustedes pueden seguir viviendo de esa forma, yo hace años decidí que tener ese estilo de vida, no me interesa. Aunque me llamen arrogante por eso.

Así habló Zaratrusta

Nietzsche fue un escritor cuya ausencia de padre lo marcó muchísimo, el pensamiento ha solido dividirse entre dos corrientes, y no es sorpresa para nadie que estas corrientes sean dictadas por dos pensadores alemanes. Por una parte estás Schopenhauer y por la otra Nietzsche. Uno habla desde el estoicismo, que es, en pocas palabras, reprimir el placer y el deseo para no tener dependencias y cadenas; y la otra, la de Nietzsche, es lo dionisiaco, aquello que los griegos llamaban el instinto animal del hombre, los griegos se dedicaban nueve meses del año a pensar el mundo y otros tres a celebrar el cuerpo, y era esto lo que Nietzsche exaltaba, y la esencia que impregnó todos sus escritos.

Nietzsche condenó al cristianismo, lo que produjo que la sociedad de su tiempo lo censurara, y la verdad es que él no conoció en vida esa enorme influencia que tuvo en el mundo intelectual. Murió fracaso, enloquecido por la sífilis y en la miseria. Nietzsche condenaba el cristianismo porque representaba la doble morar de su tiempo, la hipocresía, y, escribió esas palabras que lo inmortalizarían: la fé es no querer saber la verdad. Con su agudo intelecto consiguió sumergirse en esas profundidades de la conciencia humana, en ese punto en donde todos temblaban y temía, Nietzsche fue, y pensó y cuestionó, y eso lo hizo ser uno de los escritores más grandes de nuestro tiempo (porque es bien sabido de que él no es famoso por ser buen filósofo, sino por ser uno de esos raros casos en donde el filósofo es un buen escritor, lo mismo que ocurrió con Sartre.).

En Zaratrusta (Also sprach Zarathustra. Ein Buch für Alle und Keinen) Nietzsche expresa de forma poética a un antihéroe, que posee todas las cualidades que el considera que le faltan a Cristo, el héroe de la Alemania de su tiempo. Es alguien fuerte, sin autocompasión ni culpas, alguien que mata para evitar que alguien siga sufriendo, un ser valiente, masculino y fuerte. Lo puesto a Cristo o Gandhi, un personaje que Nietzsche considera superior a todos los hombres, y toda la obra consta de poemas a través los cuales enseña a sus discípulos el conocimiento que los hará convertirse en superhombres. 

Sociedad, ensayo breve para John de Bogotá.

¿Qué es la sociedad? Cuando decimos sociedad, ¿hablamos de un concepto abstracto, o realmente nos referimos a nuestra vida diaria, a lo que vivimos día a día? Si al hablar de sociedad nos referimos a una abstracción, todo lo que se diga carece de valor, es un simple juego de ideas que no tiene ningún sentido; es, por así decir, agregar más volúmenes a todo lo que se ha dicho a través de filósofos, líderes espirituales y políticos. Y que, está demás decir, no han servido para cambiar la sociedad en sus raíces, si acaso ajustarla levemente, pero en esencia, sigue siendo lo mismo.

¿Por qué el ser humano se plantea la idea de la sociedad? Pues para cambiarla, porque cuando observamos directamente lo que es la sociedad, con todos nuestros sentidos, y no a través de algún concepto o ideología, podemos notar que nuestra sociedad es el resultado de lo que somos: individuos violentos, agresivos, envidiosos, egoístas, competitivos.

Esto es bastante fácil de observar, y a lo largo de la historia se ha pensado que la forma de cambiar la sociedad es imaginarla diferente, y es entonces cuando la utopía toma lugar.

La utopía es la madre de la ideología, y la ideología nace del deseo de tratar de poner un orden al caos en el que vivimos. La ideología, sería entonces, el método por el cuál los seres humanos aspiran alcanzar sus utopías. En eso se fundamentan todas las religiones y sectas y organizaciones, todas son el mismo movimiento, lo único que determina su diferencia es el sitio en donde se originó, o el idioma, pero en su raíz, todas son lo mismo con diferentes nombres e imágenes que adorar.

Con la ideología nace la autoridad, y con la autoridad nace la irresponsabilidad. El origen de la palabra "autoridad" proviene de la palabra "autor", que significa: aquel que crea. Pero nosotros no la empleamos en la práctica de esa forma, para nosotros autoridad es repetir, imitar, obedecer, seguir; y partiendo desde el principio de que somos intelectos de segunda mano, de que siempre estamos esperando que sea otro el que nos guíe, sea un presidente, Cristo o Buda o cualquiera, da igual, siempre va a haber desorden en la sociedad, y caos y conflicto. Porque desde el comienzo nuestra sociedad se fundamenta en dejar la responsabilidad a otro. Pensamos que somos responsables porque vamos a la oficina a cumplir un horario, porque no abandono a mi esposa y mis hijos aunque no los soporte, porque estudio algo que odio pero mi terror a fracasar que se me ha sido inculcado desde niño me impide decir basta a las cosas que me encadenan.

Y en eso se basa mi vida, y la sociedad es el resultado de ello, de lo que soy. Y este hecho tan simple parece tan difícil de ver por la mayoría de los miembros que componen la sociedad. Cuando alguien plantea la posibilidad de un cambio, todos tienen excusas, algunos dicen que es el sistema, otro que es la corrupción del presidente, y, la más sutil excusa: ¿de qué sirve que yo cambie si no van a hacerlo los demás? Y es quizás esta ausencia de responsabilidad, de comprender que nosotros somos la sociedad, y que cambiar nosotros es cambiarla a ella, lo que hace que desde milenios sobre milenios, los seres humanos sigan siendo lo mismo, ligeramente modificados y con mucha más tecnología, pero en esencia, seguimos siendo egoístas, crueles, e interesados simplemente en obtener lo que queremos, y pasarle por encima a quien sea necesario, para alcanzar mis objetivos.

¿Qué es la sociedad? La sociedad somos nosotros, porque la hemos creado, y lo peor de todo, es que educamos a los niños a que se amolden a ella, a perpetuar este error que hemos convertido en un sistema que nos destruye, pero a la vez, nos da una falsa ilusión de seguridad, que nos hace temer cuestionarlo. Y es por esto que sólo cuestionamos el sistema cuando colapsa, para luego crear uno nuevo, y repetir el ciclo, porque cambiar de sistema sin cambiar al individuo, carece por completo sin sentido, es simplemente un juego tonto e infantil. Más de lo mismo.

domingo, 12 de febrero de 2017

Ven, soplemos esta vela.

Porque cierro los ojos
y sueño conmigo soñando
en una cama
como si pudiese soñar para siempre
con una rosa blanca, que eres tú.

Eres un río que nunca dejó de fluir
pero luego terminó desbordándose.

¿Cómo escribir algo para dejarle claro al mundo que lo que ellos llaman amar y lo que yo siento por ti no es ni de lejos lo mismo?

Tú con tus enormes ojos de luna mirando a todas partes cuando te miro,
tú con tus ojos de cielo, mirándome fijamente, sin despegarse un segundo, cuando no me doy cuenta de que me miras.

Eres ideal para mí: no tienes ideales, ni yo tampoco, y el que se aparezca esperando que mis palabras hagan un concepto para que puedan adorarnos o envidiarnos, pierden su tiempo.

Miro a mi alrededor y nada se parece a ti ni a mí, no ando presumiendo mi felicidad, o mejor dicho exagerándola, que al final de cuenta, eso es lo que termina haciendo todo el mundo. Tenemos tanto por hacer, tanto de que hablar y tanto corazón para sentir, que perder el tiempo presumiendo y compitiendo con los otros o entre nosotros es algo que carece totalmente de sentido.

Yo veo más de ti en las nubes, en la brisa y en los árboles que lo que puedo ver en la palabra mujer. Porque no eres sólo una mujer, eres la belleza tierna que se cuela en todas las cosas que también eres tú.

Pocas cosas son tan tiernas como escucharte hablar cuando te sientes nerviosa y no se te entiende nada, y es tu voz la que puede comprenderse y sentirse, mas no tus palabras.

Qué belleza es que me cuentes tu día y saber que hay cosas existen sólo porque tú las escribes.

¿Cómo contarle al mundo la inmensidad de lo que eres si ellos mismos lo verán cuando vean la gran escritora que eres? Y saber que estoy contigo desde el comienzo me hace sentir indescriptiblemente afortunado.

¿Y si llegas a morir y la vida me arranca una de las cosas más bellas que me ha pasado? Pues en ese entonces mi tarea será contarle al mundo que tú exististe y que el hecho de que un ser tan bello habite la tierra es totalmente posible.

Eres pura, eres un ser inocente, me da tanto alivio ser yo quien te haya encontrado, poder cuidarte, acompañarte en cada florecer, lamer tus rocíos y empaparme en tus nubes. Volar sin alas se puede para el que ve dentro de tus colores.

Nunca supe lo que era ser hombre hasta que me di cuenta de que había nacido para protegerte, mis fuertes brazos son cuernos de márfil, y pobre de todo aquel que intente hacerte daño.

Te cuido y te protejo, hasta siento recelo a la hora decir tu nombre, miro a todos lados antes de pronunciarlo, porque cualquier cosa que comparta de ti es entregar un tesoro.

Incluso estoy pensando en no compartir este poema, es tan innecesario poner en palabras lo insondable, lo inmesurable, porque todas esas cosas eres tú. Y me siento afortunado de escribir este poema mientras estás a mi lado, dormida, sin saber que me dices entre balbuceos cuánto me amas. Y eso no lo recordaras mañana, y yo no podré olvidarlo.

viernes, 3 de febrero de 2017

Diario de Raga, día 6

Es asombrosa la cantidad de cosas extraordinarias que hacemos para que alguien nos ame sólo a nosotros, nos necesite sólo a nosotros, dependa de nosotros; es decir, nos pertenezca.

La seguridad es la necesidad humana fundamental, sin seguridad el cerebro no puede funcionar correctamente. Es por ello que el cerebro libera una cantidad de energía asombrosa cuando la seguridad, su necesidad primordial, corre peligro.

Se acerca el día de los enamorados, y observo cómo las personas reflejan tantas cosas respecto a ello, y bueno, vine a escribir lo que veo.

¿Se han dado cuenta de que, todas las imágenes relacionadas acerca de la belleza de aquello que llamamos "amor" o "enamoramiento", tienen que ver con la realización de los anhelos? Además, ¿han visto que todas esas imagenes constan de parejas jóvenes, que acaban de empezar, que probablemente sepan muy poco el uno del otro, pero cuyos deseos y fascinantes reacciones físicas, y sus consencuencias sentimentales, hacen que sus ilusiones les generen un estado en el cuál se sienten seguros?

Las ilusiones y creencias han sido el sitio en donde la humanidad viene buscando seguridad quizá desde que empezamos a ser lo que ahora somos. Todo estudio acerca de lo que es la civilización, cultura y costumbres, nos refleja precisamente el resultado de esas creencias y sueños que nos hicieron unirnos y, consolidarnos como un grupo, esto es decir, que créamos nuestro orden a tráves de esas ilusiones y creencias.

Pero una cosa es clara, dichas ilusiones y creencias no han creado un orden real, sino artificial, llámemosle "ilusión de orden", que inherentemente conlleva al desorden, porque, toda ilusión genera decepción, es algo inevitable. Y todo lo que hemos dicho hasta ahora puede observarse en nosotros mismos, si nos encontramos dispuestos a observar lo que somos, y no lo que desearíamos ser.

Podemos ver sin esfuerzo, cómo buscamos sentirnos seguros a tráves de ilusiones, ideas y creencias. Además podemos ver cómo todas nuestras ilusiones no nos dan lo que buscamos en ellas sino que nos dan un efecto de escape, que es temporal, y luego viene el desengaño, el sufrimiento, el dolor, y la miseria.

¿Qué impide que las personas vean esto? Me parece que es bastante simple darse cuenta de que lo que nos impide ver la naturaleza de las ilusiones, su raíz, y lo que son; es la fuerza con la que nos aferramos a ellas. Esperamos que aferrándonos a una idea, podamos convertirla en algo más que una idea. Pero no deja de ser una idea, sin importar lo mucho que nuestros miedos nos hagan distorsionar los hechos.

Todos hemos escuchado a alguien que se considere creyente y que, afirme que cree en Dios o en cualquier otro concepto con diferente nombre pero que a efectos es lo mismos, que nos asegure que la
razón por la que cree, es que, al darse cuenta de lo limitado que es su pensamiento, tiene que haber algo más allá, y es entonces donde Dios o Nirvana o lo que ustedes prefieran, entra en escena.

Estas personas consideran que esto es la humildad, reconocer sus limites y dedicarse a servir a algo superior. Pero lo cierto es que Dios es una idea más, un pensamiento más, al igual que cualquier otro, y esto, es lo que lo vuelve tan límitado y limitante. El pensamiento a creado a Dios, por lo tanto, todo creyente se adora a sí mismo a tráves de la imagen que ha creado para adorar. Se Dios, o la imagen que tiene de su enamorado, o cualquier otra imagen creada con el mismo fin.

Y por más que ese pensamiento, concepto o imagen que han creado debido a que, ya que, este mundo que hemos hecho está lleno de tanto dolor y miseria, nos aferremos a Dios o a cualquier otra ilusión, como vía de escape.

Pero cerrar los ojos y rezar no cambia los hechos, sólo los distorsiona, y eso no sirve de mucho.

El ser humano a creado a Dios, y ha encontrado en ello una ilusión en la cuál refugiarse. Pero dicha ilusión permanece en los limites del pensamiento.

Volviendo a donde empezamos, los enamorados, ¿cuál es la diferencia entre un enamorado y un creyente? El enamorado empieza a sentir reacciones que mientras duran, todos los problemas de su existencia dejan de ser.

A esta altura, muchos de ustedes pueden empezar a sentir que ahondar en estos temas requiere de mucha energía, porque para observar algo profundamente es necesario que la mente este libre, libre de todas esas cosas que disipan su energía y la encadenan.

El escritor de este texto tiene muy poco interés en rechazar a los enamorados, y mucho menos siente envidia o resentimiento. Simplemente es un tema que parece fundamental e indispensable en la vida de todos, y a la vez hace que tantos sufran, se sientan miserables, peleen, vivan en caos, sean posesivos, tenga miedos, se envidien, se odien, etc. Y a todo eso le llamamos amor ¿pueden creerlo?

Y lo que tratamos aquí, es de, juntos, descubrir la razón de nuestro sufrimiento.

¿Se han dado cuenta de cuán feliz aparentan ser las personas en redes sociales y cuán miserables son todos a nuestro alrededor? El enamoramiento se ha convertido en una imagen de realización y triunfo, y todos perseguimos el éxito debido a que algo verdadero y hermoso nos es tan ajeno a nuestra vida diaria, y por lo tanto mentir y ser vanidosos y presumir ante los otros una imagen que hemos creado, es el último consuelo para nuestra miserable existencia. Un consuelo que no cambia nada, porque aunque hayamos optado por tener una imagen de felicidad debido a que la verdadera felicidad no parece existir sino en breves periodos de autoengaño, esa imagen es falsa, y nuestra miseria sigue allí, por más que  tratemos de huir de ella.

Ya este textos se ha hecho demasiado largo, y tal vez podamos ahondar más del tema en alguna otra oportunidad.

En el siguiente texto deberíamos discutir acerca de la posesión, que era al tema a donde quería llegar, pero era primero necesario aclarar la naturaleza de las ilusiones para luego entender lo que es la posesión.

domingo, 29 de enero de 2017

Diario de Raga, noche 1

"¿Cuál es la diferencia entre una enamorada que sea escritora y una que solamente te inspire a escribir? ¿Es más fácil para ti una mujer que no represente un desafío y sólo te admire y adore y de esa forma ser tú quien controla?"

-Los escritores no se dividen entre mujeres y hombres, sino entre buenos y malos. Y no me refiero a un carácter moral, sino a un talento, al ingenio.

Hay dos tipos de personas serias, unos son hijos de sus hijos, otros son hijos de su talento. Y el buen escritor siempre es un hijo de su talento.

Un escritor tiene que en primer lugar comprender lo limitado que es el lenguaje, y a partir de ahí, todo lo que hace deja de ser la mera repetición de lo que ha leído.

Hay dos tipos de malos escritores, los que leen mala literatura y escriben mierda, y los que leen buena literatura pero no son capaces de decir nada que valga la pena leer, porque son el eructo de lo que alguien más dijo.

Ningún escritor malo merece ser leído, y probablemente los buenos tampoco. Escribir como un arte carece por completo de sentido cuando se trata un método mediante el cuál el escritor se realice.

Cuando comencé a escribir, lo hice primero porque quería sexo, pero no sirvió, y luego de eso, me di cuenta de que escribir me gustaba aunque no me trájese lo que estaba buscando.

Tal vez todos queremos ser escritores porque vemos a alguien escribir, y luego nosotros también queremos hacerlo, y cinco de cada diez personas que intenta repetirlo, pueden descubrir que no tienen talento para hacerlo, y desistir o querer mejorar. Sólo valen la pena los que desisten, porque son ellos los que  escriben debido a que no pueden no hacerlo, y no porque esperen algo de ello.

Luego de ello, mejorar es parte del crecimiento y desarrollo presente en toda disciplina. (El origen de la palabra disciplina es "aprender", en ese sentido la uso.)

Los que ni siquiera pueden darse
cuenta de su limitación al escribir nunca dejan de ser escritores mediocres, porque siempre han estado convencidos de que lo que el lector tienen en la mente es lo mismo que ellos al escribir, y esa esa una de las formas más literarias de la ignorancia.

Otra trampa común en la que cae el escritor una vez que ya es maduro, es en el éxito o el reconocimiento, no sé cuántas veces escritores me han suplicado que comparta textos pésimos por la simple razón de que ellos creen que porque algo tonto es apreciado por las personas eso hace que deje de ser tonto. Y la verdad eso no es así.

Sé que puede pensarse que actúo como un juez, pero no es así, nótese que en ningún instante he definido qué es escribir bien, lo que trato de demostrar no es qué es lo correcto o incorrecto, sino cuáles son trampas que corrompen tan fácilmente a la mayoría de las personas que me invitan a leer sus textos.

Estas personas son fáciles de identificar: no aceptan la crítica, y se toman personal todo lo que han hecho, para ellos sus textos tienen un valor emocional, piden -suplican- aprobación en cada texto, y lo peor de todo es que si la consiguiesen probablemente dejarían de escribir, y se darían cuenta de que la vanidad nunca va a llenar el vacío de lo que es nuestra absurda existencia humana, esa forma de vivir que hemos creado y de la que somos absolutamente responsables.

Ya sé que en este texto no respondí nada de lo que quería saber la persona que formuló la pregunta, pero un escritor empieza a nacer en el momento en el que descubre que no puede hablar de lo que le piden, que sólo puede hablar de lo que no puede callar, y el hecho de poder hacerlo, es suficiente.

Diario de Raga, día 5.

Me estoy empezando a dar cuenta de que a veces nos interesamos en algo sólo cuando se nos es negado. Estamos tan acostumbrados a que nuestra vida se trate sólo de satisfacernos que lo único que nos arranca de semejante monótona y predecible existencia, son esos instantes de frustración. Aunque con la frustración ocurren sólo dos cosas, o la satisfacemos y todo vuelve a esa muerte que por alguna extraña razón asociamos con seguridad, o, por otro lado, empieza esa interminable sensación de sufrimiento y miseria y dolor por no tener lo que anhelamos.

¿Nos damos cuenta de lo absurda que es nuestra existencia? ¿De lo embotados que estamos? ¿De que el objeto de nuestro deseo cambia pero no el movimiento mecánico y repetitivo de desear, frustrarnos, acostumbrarnos, insensibilizarnos y sufrir?

Yo no digo que el deseo sea malo, y que lo debamos reprimir. Eso es tonto, desear reprimir el deseo es un deseo más. Y la historia humana nos demuestra infinidad de intentos por acabar con el deseo a tráves de la represión de los mismos. Lo que genera solamente atrocidades humanas, en las que no quiero ahondar pero que todos pueden ver tan fácilmente a sus alrededores o en sus memorias.

Ahora bien, ¿cómo afronto al deseo sino a tráves de la satisfacción o su represión? Una cosa es clara, cuando realizo mi deseo me aburro, porque me doy cuenta que, sin importar si el deseo es de caracter espiritual, moral o físico, nunca es lo que mi expectativa anhelaba, y, por ende, trato de desear otra cosa, a la que llamo "más elevada"; o tal vez, sólo tratemos de vivir alcanzando y alcanzando cosas, para no tener que verle la cara al hecho de que sin esos deseos mi vida carece por completo de sentido, porque son ellos el centro de mi existencia.

Pero bien, ese deseo es parte de mí, tratar de reprimirlo, de controlarlo, de suprimirlo, sólo consigue mutilarme, lastimarme. Incluso hay monjes que han optado por extirpar sus organos sexuales para liberarse del deseo. ¿Te das cuenta de los mounstruoso que es esto? ¿de hasta dónde hemos llegado en nuestro anhelo de alcanzar algo que no existe, que sólo hemos imaginado? ¿No te da ganas de llorar, no te hace sentir responsable de encontrar algo más allá de esto caminos incesantemente recorridos que no llevan a ningún lugar nuevo, y ser libre de esta máquina de destrucción en la que se ha convertido la conciencia humana?

Toda idea de un estado superior en el que no hayan deseos, es meramente un ideal, pero la realidad es el deseo, no lo que intento hacer de él, ya sea realizarlo o suprimirlo. El deseo es lo que somos, su realización o liberación es el ideal de lo que desearíamos ser. Y en ese movimiento de tratar de convertirme en algo que no soy, quedo totalmente dovorciado de toda posibilidad de afrontar lo que soy; y si no afronto lo que soy, no existe la más mínima posibilidad de comprenderlo, y comprenderlo es cambiarlo. Sin la muerte de los ideales los hechos se vuelven incomprensibles.

Los ideales están determinados por nuestro condicionamiento, en cada rincón del mundo todos los seres humanos tienen ideales, pueden variar de forma, pero la forma que adquieren está determinado por el lugar en el que nacieron, por los libros que han leído o las cosas que les han inculcado.

¿Somos conscientes de que nuestros ideales son limitados porque dependen de nuestro pasado, y de que por más que anhelemos el futuro y proyectemos ilusiones siempre ellas nacen de las cenizas del ayer? ¿Puedes verlo, puedes palparlo, sentirlo en tu sangre? No como un concepto sino como un hecho, no como una idea, sino verlo ahora, en tu interior, cuán limitada es cada proyección generada por tu mente.

Qué acaso eso no te hace detenerte, acaso tu cerebro no queda en un silencio indescriptible al observar cuidadosamente el movimiento incesante en el que queda atrapado la mayor parte del tiempo.

¿Se pueden observar las cosas en ese silencio, no a tráves del cristal del ayer sino mirar, mirar ahora, con ojos frescos y nuevos, y tener un contacto con lo que observamos que no está limitado por el recuerdo de las cosas que hemos visto y sentido en el pasado? ¿Acaso en este estado existe frutración, deseo o búsqueda de satisfacción, control o represión?

¿Vas a esperar por mí para responderlo o vas a intentar hacerlo?

sábado, 28 de enero de 2017

Diario de Raga, día 4

"Have you ever feel secure in my arms?", decía el viejo con una voz agonizante y patética, pidiendo una última mentira agradable de esas que llamamos esperanzas, antes de irse de este mundo.

Nunca fue un buen hombre, por eso fue ambicioso, y por ser ambicioso terminó siendo poderoso.

El poder, esa ilusión, esa mentira para disfrazar nuestra inherente frágilidad de seres vivos. Todas las criaturas enfrentan la muerte de maneras distintas, pero ninguna la entiende. 
Quizá quien más se acerque a entenderla sea el águila, que apareció hace un par de años en mi ventana a enseñarme que sentía su muerte, y que quería morir -aceptar lo inevitable- lejos, y sola, mirándome aún en su agonía con los ojos más valientes y libres de miedo que alguna vez me han mirado.

Pero asumo que no todas las aguilas mueren de la misma manera, así como no todos los hombres viven en las alturas de la libertad.

Pero de qué sirve el poder, ese mediocre anhelo de los cobardes, cuando se está así, con unos tubos introducidos en tu nariz, evitando lo inevitable; y tú, te encuentras ahí, dándote cuenta que hace años que eres débil y viejo, pero que las mentiras que comprabas para escapar de la realidad te daban lo que querías, aunque fuera absurdo y patético, como esa mujer que sostiene tu rostro y por alguna razón misteriosa para ella, en este último momento de tu vida, no haya fuerzas para mentirte.

Probablemente porque nunca se sintió segura entre tus brazos, pero siempre temió este instante, en el que la comodidad la abandona. Ahora tiene el temor de perder todas esas cosas que alcanzamos para llenar el vacío por no sentirnos amados.

No, no es sólo la fuerza lo que nos hace sentir protegidos, sino sentirnos amados. Es por eso que los cobardes siempre anhelan lastimar a quienes están a su alrededor, para confirmar cuánto les aman. Acto por lo demás inutil, porque el cobarde perpetua eternamente sus miedos en esa huella dáctilar común en todos los seres humanos que se llama egoísmo.

No, ella no podía decirle que lo amaba y que se sentía segura, porque desde el comienzo se vendió a ese hombre mucho mayor por miedo a la responsabilidad de asumirse libre, pensaba que no debía temer si no era ella quién se hacía cargo de sí misma. Viajes, tetas enormes y ropa cara. Era un niña malcriada, pero una mujer que se niega a ser lo que es no es una niña, es una mujer que se niega a asumirse responsable y sin excusas.

Y ahí estaba, temblando por miedo a perder sin saber que realmente temblaba por miedo a ser.

El viejo murió sin escuchar nada, porque estaba sordo, y casi ciego, y tan anhelante de mentiras que imaginaba a esta completa extraña que había comprado con dinero -con lo que sólo se pueden comprar las cosas sin demasiado valor-. Y pensando que era su primera esposa, la que empezó a amar sólo luego de haberlo dejado, o tal vez en aquella amante que le fastidiaba pero cuando dejó de amarlo sintió el poder del miedo que sólo sabe manifestarse a tráves de deseos, de lo que nunca fue ni será.

Quién sabe cuál de todas esas mujeres que jamás amó, que sólo eran distintos rostros para un mismo anhelo; quién sabe cuál de todas esas mentiras le cerró los ojos, para decirle que todo estaría bien, cuando realmente ya no había nada.

viernes, 27 de enero de 2017

Diario de Raga, día tres.

Mi madre dice que lo heredé de mi padre, y probablemente sea cierto, pero el hecho es que me aburro muy fácil de las personas.

Cuando conozco a alguien me emociono, no sé si sea por ellos o por la oportunidad de volver a empezar de nuevo, es como un poema, las primeras líneas de un texto, eso que nace sin que te des cuenta, y por lo general una vez que entras en conciencia de que estás haciéndolo, lo has arruinado, y debas terminarlo por puro deber o falsa modestia.

Ahora que lo pienso creo que uno no se aburre, sino que se bloquea. Nos enfrascamos tanto en algo que queremos, que todo lo demás se vuelve un obstáculo entre nosotros y nuestros deseos. Como cuando vas a hacer algo y alguien te pide un favor que te retrasara en el proceso de obtener lo que buscas y eso te pone de un indisimulable mal humor.

El problema de los deseos es que son mecánicos, son parte de la memoria, son una incesante máquina de repeticiones que inherentemente está condenada a embotarnos la sensibilidad. Y la única respuesta que hemos hallado a esto y que venimos practicando desde los milenios, es la de cambiar un deseo por otro, pero todos nos llevan al mismo lugar, al mismo tedio, a la costumbre.

¿Cómo nace el deseo? posiblemente nace de la necesidad de sentirse seguros, la necesidad fundamental de toda criatura viva, y hemos hecho de la memoria ese lugar en donde nos sentimos seguros, aunque realmente no lo estemos, sólo creemos estarlo. Y, paradójicamente, al sentirnos seguros en la memoria, o en una idea, o en una creencia, generamos una inseguridad interminable producto del miedo, no a lo desconocido, sino que a lo que conocemos (lo que nos da la ilusión de seguridad), llegue a su fin.

Pero se me acaba el tiempo, aunque desee seguir ahondando en esto, hay ciertas cosas que interfieren en ello. Tal vez podamos seguir con este tema en otra oportunidad.

jueves, 26 de enero de 2017

Diario de Raga, día dos.

Empecé a escribir a los 14 años, lo recuerdo muy mal, pero sé que no pudo haber sido en otra época, porque hice mis cálculos.

En ese entonces, yo no leía, en la infancia apenas había leído dos preciosos cuentos, uno era El soldadito de plomo, y el otro no lo recuerdo, pero estaban ambos en una copilación de cuentos que me parecía aburridísima pero aún así guardaba celosamente como un tesoro.

Creo que puede que me gustase leer, pero me daba vergüenza, sentía que todos iban a pensar que era nerd si se enteraban de ello, así que se podría decir que era un lector que no salía del armario.

Recuerdo que en ese tiempo, un amigo de mi padre al que nos obligaba a llamar tío porque le debía mucho dinero y trataba de adularlo, nos mostraba una cinta en donde grabó las expresiones de sus hijos al recibir sus regalos de navidad.

Recuerdo que nevaba, era en Canadá, y pensaba que la nieve debía ser la cosa más hermosa del mundo, la imaginaba como una lluvia de cremoso helado.

El hijo recibió un libro de regalo, y yo sentí pena por él, pobre, lo habían estafado. Y además, lo grabaron, le hicieron ver como un terrible nerd y ñoño frente a todos, de verdad sentí mucha pena por él.

Aún la siento, el libro era de Harry Potter. Nunca me gustó esa mierda.

Sí, empecé a escribir a los 14 años y todavía no leía, no salía del armario.

Empecé a escribir porque era muy tímido, y cuando tuve mi primera novia, las palabras me sudaban por las manos, pero no encontraba forma de hablarle, ni de mirarle a los ojos.

Es extraño, fue como si algo durmiese en mi interior, y despertara con ella; a pesar de no conocerla, de ser una total extraña para mí. Pero sentía algo, algo dramático que posiblemente hayan sentido todos los hombres y mujeres de los que he nacido. Y esta chica no podía entenderlo, yo tampoco, pero escribía cartas de amor eterno dedicadas a lo que me había hecho sentir tocarle su mano, y empaparsela de sudor, o de palabras, como prefieran ustedes.

Iba a contarles más cosas, pero me siento cansado, y ya hemos hablado demasiado para el tiempo que llevamos conociéndonos. Adiós.