lunes, 29 de enero de 2018

La lágrima sobre tu mano.

Cuando llegué a su vida mi propósito estaba bastante claro, no había espacio para dudas.

Luego sólo habían dudas y nada de claridad, fue entonces cuando entendí que mi propósito en su vida había terminado.

Seguramente ella lo supo antes, pero no tuvo el coraje de actuar. Si hubiese tenido algo de coraje en su ser dudo que tanto dolor me hubiese causado.
Debo admitir que le creí cuando dijo que en su vida mi presencia la había cambiado, y que a comparación con su pasado todo conmigo era diferente.

Pero el pasado se repite y terminé cayendo en la mismas frustraciones de todos quienes alguna vez la amaron.

Fueron momentos muy hermosos a su lado, momentos que dejaron de pasar de la noche a la mañana, y como todo guerrero mi mayor frustración nacía de no poder actuar, de que mis acciones no eran las que daban los resultados.

Se necesitan dos, y yo me quedé solo, solo y recibiendo cartas de alguien que me decía que venía cuando cada vez estaba más lejos.

No puedo describirles cuánto duele haber confiado y haber creído en alguien que decía sentir algo que no demostraba, o que prometía hacer cosas que no hacía.

Al ser paciente sólo conseguía que me dieran por sentado, y estoy consciente de que fue mi error, porque a veces uno no se enamora de la persona sino de lo que desea que ocurra cuando le das a esa persona tu tiempo, cariño y ternura.

Me di cuenta de que me estaban viendo la cara de tonto y decidí irme, y sí, me refiero a mí mismo al verme al espejo, al esperar algo que simplemente no iba a ocurrir, a creer que era amor algo que no era recíproco.

Seguramente ella morirá diciendo que me amó, es asombroso cómo podemos creer ciegamente en cosas que contradicen a nuestras acciones. Pero al final de cuentas lo importante no es lo que uno cree, muchas veces uno cree en algo no porque sea cierto, sino porque queremos negar la realidad.

Cuando nos conocimos me dijo que iba a decepcionarme, y se esforzó en hacerlo, hasta que lo consiguió. Ahora que lo pienso entiendo que uno debe tener más cuidado, desde el comienzo eso era lo que ella es, y conmigo simplemente se olvidó de sí misma por unos pocos meses, y luego regresó a ser lo que nunca dejó de ser.

Yo le hacía querer cambiar, pero querer cambiar no es cambiar, y ella regresó a ser lo mismo.

Me llenaba de felicidad la confianza que tenía para hablarme de su pasado, de los errores de los que había aprendido y de lo diferente que era ahora, ahora que estaba conmigo.

Qué me iba a imaginar que esas historias de su oscuro pasado serían la profecía en la que me encontraría, recuerdo cada una de esas historias y es, en escencia, todo lo que hizo conmigo.

Pero cómo culparla, fui yo quien no quiso ver lo que estaba frente a mis ojos, fui yo quien quiso creer en las palabras y no en las acciones, fui yo quien me sentía feliz al soñar con algo que no correspondía a la realidad. Fui yo quien aceptó esto en vez de terminarlo cuando empezaban a dar síntomas de contradicciones entre lo que decía y lo que hacía.

No puedo perdonarla ni puedo odiarla, porque ella no es a quien alguna vez amé.

Al final fue sólo un sueño, y ahora despierto. No, no eres a quien yo amaba, y nunca lo fuiste. Y lo sabías. Primero quisiste creerme, luego temiste creerme, y al final temiste que yo dejara de creer.

Si alguna vez me ves por la calle, por favor, no me mires. Prefiero seguir viviendo, como si jamás hubieses pasado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario